Los secretos de la automotriz más exclusiva del mundo

A fuerza de talento y mucho trabajo, Horacio Pagani saltó de los prototipos hechos en Casilda, Santa Fe, a diseñar y construir los mejores y más deseados deportivos del mundo. Una visita a su museo y fábrica en San Cesario Sul Panaro, Italia

El año 1999 fue uno muy particular, no solo por tratarse el último del milenio pasado. Ocurrieron hechos de todo tipo como cuando en enero buena parte de Europa comenzó a utilizar el euro como moneda única; más tarde Michael Jordan dejaba la NBA; o en Holanda se emitía por primera vez un programa televisivo llamado Gran Hermano. Claro que en la Argentina también ocurrieron hechos importantes, como el despiste del Boeing 737 de Lapa en el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires o la asunción de Fernando De La Rua como presidente de la Nación tras 10 años de mandato de Carlos Menem.

Sin embargo, hubo un hecho que fue sigiloso y que podía ubicarse entre la Argentina y el mundo, dado que tuvo a un argentino como protagonista. Nació en Casilda, el 10 de noviembre de 1955, y desde joven había migrado a Europa para construir autos del más alto nivel. El hecho en cuestión se produjo en Ginebra, Suiza, el 9 de septiembre de ese último año del segundo milenio. El lugar concreto, el Salón del Automóvil, donde Pagani Automobili presentaba su primera joya: el Zonda C12. Por sus primeros 20 años de vida, nada mejor que ir hasta Italia, más precisamente a San Cesario Sul Panaro, Módena, para conocer su historia y entender por qué los Pagani son los autos más deseados del mundo.

La “terra dei motori”

Así se conoce a la región del norte italiano en donde se encuentran las fábricas de las firmas productoras de algunos de los superdeportivos más destacados del planeta. En Sant´Agata Bolognese se ubica la factoría de Lamborghini; en Maranello, Ferrari; en Modena, Maserati; en Borgo Panigale, la fabricante de motos Ducati; y en Faenza, la casa de la Scuderia Toro Rosso de Fórmula Uno.

San Cesario Sul Panaro es un pequeñísimo pueblo de la región de Módena, en la provincia de Emilia-Romagna, en Italia. No llega a los 7000 habitantes, pero tiene una fábrica que es una perla dentro del mundo automotor: Pagani Automobili. Para llegar a ella, lo más común es hacerlo desde Módena, lugar plagado de reseñas que invitan a conocer la fábrica y museo Ferrari.

Sin embargo, otro bus menos cómodo y llamativo es el que lleva a los visitantes hasta la “azienda” Pagani. De la línea 760, su recorrido va desde Módena hasta desembocar en la ”stradale statale” Nro 9. Una opción es descender en la rotonda anterior a que tome la Via Emilia Ovest y almorzar en la Trattoria da beppe, un rincón mágico que sirve de antesala. Es que, al margen de degustar una exquisita pasta casera, en las paredes de la trattoria están colgados bocetos y cuadros de los Pagani Huayra y Roadster. Evidentemente, Pagani suele degustar la exquisita comida que allí sirven.

Luego, hay que caminar por la Via dell’Industria hasta encontrarse con la impecable y moderna fachada de lo que, se supone, es una fábrica de autos. Algo que se descubrirá más tarde que no es estrictamente así.

La historia del genio santafesino

El recorrido empieza por el Museo Pagani, sector que fuera agregado tras la remodelación del complejo original, el cual debió ampliarse para alojar este recinto histórico y una “fábrica” con las dimensiones acordes para atender la demanda de la que goza la empresa italiana. Ni bien se ingresa se recorren los primeros años de Pagani en su Casilda natal, durante los cuales forjó su destino a través de autos a escala hechos en madera balsa y, más adelante, creaciones de gran envergadura para sus jóvenes 21 años, como el monoposto de Fórmula 2 al cual Renault le colocó el motor para competir en la categoría local. Ese fue el primer Pagani y está exhibido en San Cesario sul Panaro.

A la derecha del “fórmula” están las pistas que llevan a conocer un poco más en profundidad al santafesino. Son las imágenes de los tres personajes que influyeron de manera determinante en su vida: Leonardo Da Vinci, cuya frase “arte y ciencia pueden ir de la mano” fue la piedra fundamental de su sueño hecho realidad; Oreste Berta, amigo y primer nexo con el mundo del automovilismo; y Juan Manuel Fangio, ídolo durante su infancia y quien le escribiera años más tarde una carta al mismísimo Enzo Ferrari para que “le dé una mano” a Pagani, la segunda misiva que el quíntuple campeón envió para recomendar a alguien.

Lo increíble de este museo es que cada Pagani presente ya tuvo un dueño, lo que no hizo nada fácil su adquisición para poder completar la colección de 10 unidades. Es que allí se construyen autos exclusivos en serio, encargados especialmente y de los cuales es imposible que haya otro igual. Por eso fue necesario recomprar las unidades, como el Zonda S, a cuyo dueño se le pagó tres veces la suma por la que lo adquirió, un desembolso cercano a los 6 millones de euros.

Es difícil destacar un modelo por sobre el resto. Los Zonda Cinque (del cual solo se fabricaron cinco destinados al mercado asiático), R (un auto apto únicamente para circuito y prohibido para uso en calle), F (solo se hicieron 25) y el Huayra Coupé son algunas de las piezas más increíbles que se pueden admirar y observar durante toda la tarde sin cansarse.

Pero si bien cada Pagani es especial, no hay otro como “La Nonna”. Se trata de una unidad con nada menos que 700.000 kilómetros recorridos. Es que primero fue un Zonda y, con el tiempo, ha sido reconvertida hasta asemejarse a un Huayra. Esto fue posible gracias al programa “Rinascimento”, a través del cual Pagani les devuelve la vida a unidades que han sido averiadas o destruidas. Claro, si uno choca con su auto o tiene un desperfecto acude a un taller. ¿Pero qué hacer con un ejemplar que sale, como mínimo, 1,5 millones de euros? Hay tres opciones. Si el daño es severo, la unidad es traída hasta San Cesario Sul Panaro para ser reconstruida por completo. En cambio, si es una avería menor, será derivada a uno de los cuatro “talleres” que Pagani tiene en el mundo (Hong Kong, Estados Unidos, Inglaterra o Arabia Saudita). En tanto, si se trata de un desperfecto muy puntual, un mecánico de la marca viaja exclusivamente hasta la casa del propietario para investigar qué sucede con ese ejemplar.

Un beneficiado de este programa fue el Zonda C12, nada más ni nada menos que el primer ejemplar construido por la casa italiana. A esta primera unidad Pagani tenía pensado llamarla “Fangio”, en homenaje a su amigo fallecido. Sin embargo, no lo convencía del todo la idea, dado que consideraba que no había auto capaz de estar a la altura de semejante apellido. Por eso, eligió la inicial del nombre de su esposa, Cristina, y la cantidad de cilindros que tiene el motor aspirado AMG de 7,3 litros de cilindrada.

Esta unidad fue la que presentó Pagani aquel 9 de septiembre de 1999 en Ginebra y, tras el motor show, fue necesario realizar la prueba de choque para su homologación. Pudieron recuperarse casi todas las piezas luego del “crash test”, restaurando primero las que quedaron en pie con el auto y luego las más dañadas. También fue necesario reconstruir algunas, lo cual se logró gracias a que se guardan todas las mediciones y especificaciones de cada pieza que tiene un Zonda o un Huayra, algo así como una partida de nacimiento, más un historial clínico para saber qué hacer ante el reemplazo de una pieza.

El atelier Pagani

Semejante recorrido por su historia es la antesala perfecta para entender el presente recorriendo la “fábrica”. En realidad, Pagani lo llama atelier, dado que no hay robots, ruidos que demanden auriculares ni suciedad. Es una factoría de otro nivel. Como si se hubiese detenido en el tiempo. O como si hubiese salido de los sueños que Pagani tuvo desde que creaba sus primeros modelos a escala cuando era niño.

No se puede documentar con imágenes nada de lo visto dentro de la fábrica por cuestiones de resguardo del mejor secreto del éxito de Pagani y por discreción a los autos que allí se están armando, cuyos dueños pueden ser príncipes, jeques o multimillonarios de cualquier parte del mundo.

Se ingresa al atelier tras pasar una puerta ploteada con el Hombre de Vitruvio de Da Vinci, como se dijo antes, una de las principales musas inspiradoras de Pagani. Entrar al atelier es como toparse con una plaza de cualquier ciudad o pueblo de Italia, en el más estricto de los sentidos, dado que las áreas de trabajo están divididas por falsos adoquines y cada esquina es iluminada por faroles de pie. Todo el espacio es abierto y los operarios hablan entre ellos mientras se escuchan los martillazos de otro sector, volviendo al clima de trabajo muy distendido, una de las claves en la construcción de los Huayra que aquí se gestan.

En la planta baja es el único lugar donde se construyen tres o cuatro Pagani a la vez, ya que todo el nivel superior está dedicado a una sola unidad. Allí se encuentra el área de laminado de compuestos, donde trabaja la única máquina de la fábrica, encargada de delinear y cortar las láminas de fibra de carbono con hilos de titanio que luego son bañados en resina. La fibra de carbono es una marca registrada de Pagani, dado que ya que en su paso previo por Lamborghini lo utilizaba, aun cuando ningún otro constructor en la industria lo hacía.

Luego, esta lámina se pega sobre los moldes de la carrocería y son llevadas al autoclave, donde todas las partes se “cocinan” a una temperatura de 140 grados, con seis bares de presión y dos horas de “cocción”. Después, la estructura desciende al primer piso, donde se montan las piezas, cada una separada y ordenada en distintos estantes. Para tener una idea del nivel de sofisticación, un Huayra tiene 1400 tornillos, todos hechos en titanio, con un precio de 72 euros cada uno. O sea que solo en tornillos se pagan 100.800 euros. El toque final a cada unidad se le da en una sala iluminada para observar las marcas de dedos que pueda llegar a tener y limpiarlas para dejarla lista para la entrega al cliente. Es que, en Pagani, todo se toca. Ahí está otro de los secretos del éxito de la marca: el vínculo que se genera entre el ser humano que lo fabrica y el auto. De hecho, son 110 las personas abocadas a la construcción de cada Huayra.

Como guardián, en uno de los laterales de la “cuadra” se encuentra estacionado un Zonda HP Barchetta, uno de los tres que existen… aunque en realidad solo existe uno y es el que Pagani creo para sí (de ahí las siglas del nombre), mientras que los otros dos aún no están fabricados pero sí vendidos, a un precio de 20 millones de euros cada uno.

Pasaron 20 años desde aquella presentación y el euro es una de las monedas más fuertes del mundo; Michael Jordan es propietario de los Charlotte Hornets; y Gran Hermano fue muy popular en la Argentina, país que desde entonces tuvo ocho presidentes, y por cuyos cielos Lapa no transita más. En todo ese tiempo, en Pagani Auomobili se construyeron apenas 140 unidades entre Zonda y Huayra. Un número sumamente bajo para los tiempos que corren. Eso es exclusividad.

(Publicada en la edición número 304 de la Revista Apertura; abril de 2019)

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