Un grupo de emprendedores que tomó al turismo doméstico como oportunidad

Hace 30 años, un grupo de amigos que veraneaban en Cariló encontró en la construcción de un apart hotel una alternativa de negocios. Hoy, ofrecen servicios para eventos corporativos y hospedaje para familias. Entre sus clientes, Elea, Singenta y Biogreen.

Un grupo de emprendedores que tomó al turismo doméstico como oportunidad

Corrían los años 80, cuando dos familias amigas encontraron en la calma que ofrecía este rincón de la Costa Atlántica, a 360 km de la ciudad de Buenos Aires, una oportunidad para emprender. Era 1985, el mismo año que en la Argentina entraba en vigencia el austral y que concluía la primera fase del juicio contra las tres últimas juntas militares. Por entonces, el matrimonio compuesto por Marianne Dürnhöfer y Horacio Santángelo junto con otra pareja empezaron, como parte de un sueño nacido en una noche de verano, a delinear la idea que concretarían dos años más tarde con la apertura de Cariló Village Hotel.

"Éramos profesionales pero ninguno, hotelero. Y soñábamos con hacer un apart hotel. Uno de los socios propuso hacerlo en San Martín de los Andes y otro en Brasil porque en este país no se puede invertir, decía", comenta Dürnhöfer durante una entrevista con El Cronista Pyme. Sin embargo, la oportunidad no se dio en la Patagonia ni en Maceió, sino en el partido de Pinamar: encontraron la posibilidad de adquirir una manzana en el medio del bosque que estaba destinada, inicialmente, a convertirse en la terminal de micros de Cariló y no lo dudaron. "No había nada. Ningún hotel. No existía el supermercado. Al principio, éramos muy jóvenes y no vivíamos de esto. Durante el primer tiempo de esta pyme fuimos reinvirtiendo", recuerda esta licenciada en Antropología.

Primeros pasos

La propuesta inicial -y así se estructuró el espacio durante los primeros años- contemplaba la construcción de 16 bungalows de dos ambientes distribuidos en cuatro edificios, un hidromasaje, un sauna, un club house y una pileta con solarium. "Tuvimos la suerte de que nos fuera bien, seguimos creciendo y compramos otros terrenos. Terminó con 59 bungalows, un spa, salones para eventos (ver recuadro); fuimos cambiando con la situación del país y con el pedido de los huéspedes".

A lo largo de 31 años, los socios debieron adaptarse a las diferentes y cambiantes situaciones macroeconómicas de la Argentina. "Así como con la devaluación del Gobierno de Raúl Alfonsín pudimos construir más barato, dado que teníamos ahorros; con la crisis de 2001; con la pesificación, de alguna manera, se nos licuó la deuda; también tuvimos malos momentos, como cuando el dólar estaba muy barato y la Argentina era resultaba un país caro para el turismo".

Pero los vaivenes coyunturales no los frenó. Al contrario. Con el hospedaje abierto los 365 días del año, optaron por optimizar la propuesta y posicionarse, también, como una opción de escapada de fin de semana así como un lugar para realizar eventos corporativos y sociales. Sin ir más lejos, en 2017, entre septiembre y noviembre 2017 tuvieron 11 eventos, lo que representa, en general, entre el 40% y el 50% de los ingresos. Entre los clientes corporativos se cuentan firmas como Nike, Elea, Singenta, Profarma y Biogreen. "Nos especializamos en temporada baja en eventos empresariales y que en el verano hay recreación infantil, al igual que en las vacaciones de invierno y fines de semana largo", dice.

En un momento, ofrecían pensión completa, alternativa que tomaba el 95% de los huéspedes. Con el tiempo, como se fueron abriendo restaurantes en Cariló y, asimismo, los socios comenzaron a vender a través de Booking, Despegar y Expedia, con opciones más económicas, empezaron a ofrecer, también, alojamiento solo con desayuno (que se lleva el 30% de la ocupación), media pensión (50%) y pensión completa (20%).

De cara al cierre de año, Dürnhöfer mantiene el optimismo: "Pensamos que vamos a terminar 2018 con una facturación un poco por encima de la inflación, entre 10% y 15%, y proyectamos para 2019 una temporada mejor. Va a ser un verano bueno para la Argentina en el turismo".

Dürnhöfer cuenta que, desde hace unos años, trabajan en la renovación de los pisos, mobiliario y baños. "Mantener bien el lugar en un privilegio. Es como una aldea en medio del bosque", dice. "El emprendedor solo no puede hacer nada. Es como la dupla del conquistador y el colonizador la que hace que una empresa predomine en el tiempo. Eso se dio acá", comenta Dürnhöfer. No obstante, ya está dando paso a la nueva generación, dado que se incorporó al negocio la hija de uno de los fundadores, María Minuto.

EN QUÉ CONSISTE

LA PROPUESTA

Cariló Village cortó cintas el 20 de noviembre de 1987. A cada edificio le correspondió una letra y los bungalows fueron identificados con nombres de flores, siguiendo la idea de los descendientes de Héctor Guerrero, fundador de Cariló, que pusieron a las calles nombres de plantas y pájaros ordenadas por abecedario. Hoy, ofrece dos piscinas cubiertas climatizadas, gimnasio con vista al bosque, dos saunas, gabinetes para tratamientos de belleza y antiestrés, restaurante (La Ronda), salones para eventos, sala de juegos (con mesa de pool, ping pong, metegol y otros), club infantil con sala blanda y amplios jardines.

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar