Lunes  31 de Julio de 2017

Trump genera en Merkel la necesidad de liderar

Durante la agitación en la eurozona, el conflicto de Ucrania y la crisis de refugiados, la canciller alemana intentó liderar desde una posición de equilibrio. Pero la llegada del republicano a la Casa Blanca le hizo cobrar protagonismo

Trump genera en Merkel la necesidad de liderar
Cuando los políticos alemanes hablaron por primera vez de "liderar desde el medio" la gente se rió, dice Jürgen Hardt, vocero de política exterior del bloque demócrata cristiano gobernante en Alemania. "Dijeron o se lidera o se está en el medio. Pero esto (esa frase) describe precisamente el tipo de papel de liderazgo que Alemania está preparada para asumir".

Aunque parezca una contradicción de términos, este es el enfoque que Angela Merkel, la canciller alemana, desarrolló durante sus 12 años en el poder: reunir a veces a países reacios a hacerlo para construir alianzas y siempre restar importancia al papel de Alemania. Es un enfoque que adoptó durante la crisis financiera mundial, la agitación en la eurozona, el conflicto de Ucrania y la crisis de refugiados de Europa, aun cuando Alemania aceptó más de 1 millón de inmigrantes, y uno que ahora está en el centro del creciente papel mundial de Berlín.

Pero con la elección de Donald Trump, "liderar desde el medio" le está resultando más difícil a Merkel, que espera asegurarse otros cuatro años en el poder en las elecciones de septiembre.

El enfoque del presidente estadounidense de "Estados Unidos primero" y sus promesas aislacionistas para reducir la participación de su país en la cooperación multilateral cambiaron las reglas de juego. "Es un desafío para Alemania", afirma Norbert Röttgen, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Bundestag. "Tenemos que vivir con el aislamiento que Estados Unidos se autoimpone".

Esto quedó de manifiesto en la cumbre del G20 que tuvo lugar en Hamburgo a principios de julio, cuando Trump quedó solo, 19 contra uno, en un tema central para el mundo el cambio climático en una jugada orquestada por Alemania.

El cambio en Washington plantea profundos interrogantes a Berlín en un momento en que la Unión Europea está intentando recuperar su suerte, Rusia está reafirmando su influencia, China surgió en el escenario mundial y la inestabilidad es rampante, en especial en Oriente Medio.

Desde que Trump ganó las elecciones, Merkel se vio bajo presión para alzar el estandarte occidental liberal que Barack Obama, el predecesor de Trump, dejó atrás. Pero con su historia del siglo XX y su ubicación en el centro de Europa, Alemania mantiene la cautela a la hora de asumir el liderazgo. Merkel ni siquiera usa la palabra, sino que habla de la "contribución" de Alemania. Si bien tiene grandes chances de ganar un cuarto mandato, la líder de 63 años no quiere provocar a un público escéptico de iniciativas de política exterior con soliloquios dramáticos a solo semanas de las elecciones.

Con un presupuesto de defensa de solo 1,2% del Producto Bruto Interno y una profunda desconfianza hacia las intervenciones militares, Alemania no es una superpotencia. Pero como la fuerza dominante de la UE y sin otro país que establezca los temas de la agenda mundial, Merkel se transformó en una figura que puede instar al resto del mundo a la acción, por más incómodo que este rol pueda a veces ser para ella y su país.

"No es el tipo de liderazgo audaz que a algunas personas en el mundo les gustaría ver, pero es su estilo", sostiene Jan Techau, especialista en política exterior de la American Academy, un grupo de investigación de Berlín. "Ella lidera, pero llega tarde a un tema y reacciona".

Peso diplomático

La hija del pastor protestante no se altera fácilmente con los machos alfa que suelen sentarse frente a ella, entre quienes se incluyen Trump y su par ruso Vladimir Putin. Un video clip en el que Merkel y Putin mantienen una conversación informal en Hamburgo se viralizó en YouTube. Si bien no se llega a escuchar, el presidente parece estar explicándole un asunto a la canciller, levantando un dedo. Merkel simplemente revolea los ojos.

Profunda admiradora de la cultura americana, cree que Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia del mundo, estrechamente relacionada con Europa en todos los aspectos, desde el comercio hasta la lucha contra el terrorismo islámico. Pero Merkel está alarmada de que las amenazas proteccionistas, las críticas de la OTAN y la decisión del presidente de Estados Unidos de salir del Acuerdo de París sobre el cambio climático han creado tensiones sin precedentes entre Washington y Europa.

"Por primera vez en muchos años, hay cooperación mundial, pero Estados Unidos no participa", afirma Henning Riecke, analista de política internacional del Consejo de Relaciones Exteriores de Alemania.

La respuesta de Merkel es intentar ampliar la influencia internacional de la UE. Fijó su posición en un discurso que dio en un bar de Múnich pocas semanas antes de la cumbre del G20. En términos que sorprendieron a alemanes que están más acostumbrados al tono generalmente moderado de su canciller, dijo: "Quedaron atrás los tiempos en que se podía confiar completamente en otros países, en cierta medida". Su llamado a la acción fue igualmente directo: los europeos tenemos que tomar nuestro destino en nuestras manos".

Sin embargo, la canciller no está dispuesta a romper los vínculos transatlánticos. En parte, se ve limitada por el legado del pasado nazi de su país. Incluso ahora funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores ocasionalmente responden preguntas sobre la estrategia global de Alemania con el amargo chiste casero: "La última vez que tuvimos una estrategia mundial, no funcionó".

Axel Schäfer, un látigo parlamentario para los socialdemócratas, los socios de la coalición de Merkel, sostiene: "Aprendimos de nuestra historia mi abuela se acordaba de 1914 y mi madre, de 1939. Para nosotros, las lecciones son nunca más una guerra en Europa y nunca más un Auschwitz. Esto nos hace ser más cautelosos que otros países".

Merkel suele referirse en los mismos términos: habla de la "responsabilidad especial" de Alemania, especialmente en asuntos de guerra y paz. Alemania avanzó mucho desde que abjuró de sus misiones militares extranjeras e iniciativas diplomáticas limitadas después de la segunda guerra mundial. Le llevó hasta la década del noventa romper tabúes de su primera misión militar extranjera de posguerra cuando envió soldados de mantenimiento de la paz a Bosnia y su primera acción armada, cuando bombardeó Serbia.

Alemania se negó a luchar en la guerra de Irak, pero participó en la misión dirigida por la OTAN en Afganistán, desplegando hasta 5300 tropas, su mayor fuerza extranjera desde la segunda guerra mundial. El año pasado, Merkel apoyó una misión de la OTAN para proteger a Europa oriental contra posibles agresiones militares rusas y desplegó tropas en Lituania.

Primero asumió el mando de una crisis internacional en 2014 con el conflicto de Ucrania, cuando Merkel orquestó la política occidental. Tenía pocas opciones, dado que Estados Unidos estaba centrado en otros asuntos (incluso durante el gobierno de Obama), Francia era débil y el gobierno británico, estaba distraído. Hardt declara: "Nuestros socios nos venían exigiendo desempeñar un papel más importante. Ese es el aspecto decisivo: no hicimos esas cosas antes porque no estábamos seguros de que [por ejemplo] Francia o Polonia quisieran que lo hiciéramos".

El enfoque de Merkel no es solo una cuestión de temperamento, sino también de opinión pública. Los alemanes están a favor de una política exterior más activa, sobretodo por la crisis de refugiados de 2015-2016. En las encuestas de la agencia Infratest Dimap, el porcentaje de personas que apoyan la participación internacional de Alemania aumentó del 52% en vísperas del conflicto de Ucrania al 62% actual.

Sin embargo, las misiones militares siguen siendo impopulares: solo una quinta parte de los encuestados afirma que Alemania debe desplegar tropas en el extranjero, incluso con socios internacionales. Sin transporte aéreo y apoyo naval adecuados, de todos modos, el ejército alemán no puede reaccionar rápido ante las crisis. Techau, de la American Academy, afirma: "Todavía no estamos dispuestos a tener una participación militar. Y sin participación militar, tenemos menos influencia diplomática".

Pero dado el pedido de Trump de que los 28 socios de la OTAN de Estados Unidos asuman mayor responsabilidad en términos de defensa, la presión externa para que Alemania gaste más es intensa. Este país es, por lejos, el más grande de los 24 países que no alcanzaron la meta de la alianza de invertir, como mínimo, 2% del PBI en defensa.

Los argumentos resuenan en la campaña electoral alemana, tras la denuncia del Partido Socialdemócrata (SPD) y otros rivales políticos de que la meta del 2% es arbitraria. "No podemos pasar de un gasto de 35.000 a 60.000 millones de euros", afirma Schäfer. "Esto no debe ser un dogma". Röttgen, de la CDU, responde que los ministros del SPD apoyaron el objetivo y ahora están "haciendo política".

Base de poder frágil

Merkel, al igual que su predecesor como jefe de la CDU, el fallecido canciller Helmut Kohl, considera a Europa ante todo como un "proyecto de paz". Espera revivir la unión, en medio de una oleada de sentimientos pro-UE impulsada por la reacción al Brexit y la retórica nacionalista de Trump, y cree que la elección de Emmanuel Macron, el más joven líder francés desde Napoleón, ofrece la posibilidad de volver a encender el motor franco-alemán.
Pero los socios de la UE son una base política frágil para el poder alemán. El chaleco de fuerza financiera impuesto a una Grecia abrumada por la deuda no solo fue criticado en Atenas, sino también en Roma. Las iniciativas de Merkel para distribuir a los refugiados fueron bloqueadas no solo por Varsovia sino también por París.
Además, Trump no es el único que ataca el enorme superávit comercial de Alemania, que probablemente alcanzará un récord este año, superando los 252.000 millones de euros de 2016. Sus críticas resuenan en algunas de las economías más débiles de la UE, entre ellas Italia y Francia, que instaron a Berlín a impulsar la inversión interna y generar importaciones. Un funcionario alemán señala que "el superávit alemán es un tema central. Surgió en el G20 y surgirá una y otra vez".
Esta no es la única crítica que sigue resonando. Los viejos miedos sobre la hegemonía alemana todavía afloran en la UE, especialmente en Polonia e incluso, ocasionalmente, en Francia. "Los alemanes nunca ceden", afirmó Jaroslaw Kaczynski, líder del partido nacionalista de Polonia, Ley y Justicia, a principios de este año. En Berlín, Riecke comenta: "No se puede ordenar a la UE qué hacer".
Por otra parte, Merkel insta a la UE a proyectar su poder mediante alianzas externas, lo cual la enfrenta con socios más complicados que los de la UE. En Turquía, por ejemplo, Berlín respaldó un controvertido acuerdo de inmigración entre la UE y Ankara, en virtud del cual Turquía prohibió que los inmigrantes crucen a la UE a cambio de ayuda y promesas de vínculos más estrechos con la UE. Aun cuando se canceló el acuerdo, se acusaba a Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, de socavar la democracia. Su dura respuesta al golpe del año pasado lo expuso a nuevas condenas y generó críticas hacia Merkel por respaldarlo. Como Berlín busca otros socios para controlar la inmigración, por ejemplo en Libia, estos dilemas podrían empeorar.
En otros países, si bien la cooperación con Trump no es fácil, encontrar otros socios importantes es aun más difícil. Por ejemplo, el presidente de China, Xi Jinping, se adjudicó el título de campeón del libre comercio, en un intento quizás de crear divisiones entre Alemania y Estados Unidos. Pero la brecha política entre la democracia más grande de Europa y el mayor estado unipartidista del mundo es profunda. Riecke sostiene: "Fuera de la UE, la formación de coaliciones, por ejemplo, con China es más difícil. No existe la misma confianza que existe, incluso ahora, con Estados Unidos".
Lo mismo se aplica a la Rusia de Putin. Como rusoparlante criada en la Alemania oriental comunista, Merkel conoce a Putin mejor que cualquier otro líder occidental. Pero esto no ha generado demasiada cordialidad. Por el contrario, Merkel insiste en que lo único que puede generar cordialidad es la aplicación del acuerdo de paz de Minsk para resolver el estancamiento de Ucrania.
Röttgen señala: "Rusia se reafirma y rechaza explícitamente las normas occidentales... China también aplica sus propias reglas. Alemania y Europa pueden hacer más, pero nada puede reemplazar a Estados Unidos". Así es que aun con Trump en la Casa Blanca, entablar relaciones con Estados Unidos sigue siendo una prioridad. Y, aunque a Merkel no le gustan las ilusiones vanas, en Berlín hay gente que espera que Trump quede afuera de las elecciones en 2020.
Lejos de la alianza occidental, a la canciller le cuesta encontrar socios cordiales. No obstante, tiene que enfrentar el mundo tal como es, no como a ella le gustaría que fuera.
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