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Si Oprah Winfrey es la respuesta a Trump, ¿cuál era la pregunta?

Si ella se presentara como candidata a la presidencia de EE.UU., la primera víctima sería el Partido Demócrata. La segunda, ella misma, porque destruiría su marca personal

Si Oprah Winfrey es la respuesta a Trump, ¿cuál era la pregunta?

Es fácil saber por qué tantos norteamericanos se sienten tentados. Tal como demostró en su discurso durante la ceremonia de los Golden Globes, Oprah Winfrey representa todo lo que no es Donald Trump.

A diferencia de Trump, Winfrey es una multimillonaria "certificada". Se hizo conocida mostrando empatía y no pronunciando la frase "usted está despedido". Hace donaciones a causas de caridad en vez de fingir que lo hace. Y ella es artífice de su éxito mientras que Trump nació en un lecho de rosas. Sin embargo, ambos comparten un rasgo que los descalifica: son celebridades sin experiencia en política. Si Winfrey es la respuesta a Trump, ¿cuál era la pregunta?

No tengo la intención de faltar el respeto a la gente famosa. Estados Unidos inventó la celebridad y nadie lo hace tan bien. Pero el país también es una democracia moderna. El problema es que la cultura de la celebridad está tomando el control de la política, lo cual no sirve para gobernar. Si la política fuera un concurso de popularidad, Winfrey se merecería ganar. Contra Trump, ella se merecería obtener el 100% de los votos al estilo Corea del Norte. Pero no hay nada en los antecedentes de Winfrey que la pueda preparar para manejar el futuro del trabajo, o el avance de China. Todo lo que podría ofrecer una administración Winfrey sería la destrucción de su marca personal.

Lo que está en juego es la capacidad de Norteamérica de gobernarse de manera sensata. La constitución estadounidense fue diseñada para evitar la ley de la calle. El pueblo debería tener voz, pero con resguardo. Fue redactada precisamente para impedir que alguien como Trump asuma el poder. El hecho de que muchos norteamericanos no sepan eso subraya el problema. La gente cree que EE.UU. fue fundada como una democracia. En realidad, nació como una república constitucional. Hay una gran diferencia. Los padres fundadores de Norteamérica temían a la demagogia. Su sistema funcionó hasta 2016 y ahora está en peligro.

El ascenso de Winfrey sellaría el destino de EE.UU. como país que ya no se toma la política con seriedad. Si la respuesta a Trump es una pelea entre dos celebridades, la idea de servicio público moriría. A pesar de todas sus cualidades, no está más preparada para gobernar que Trump. Por el contrario, Ronald Reagan, que fue dos veces electo gobernador de California y que se había postulado antes para la nominación, estaba calificado para ser presidente del país. Empezó su vida como actor, pero no llegó a la Casa Blanca por eso.

Quizás EE.UU. esté demasiado lejos de evitar que asuma el poder una celebridad. Otras democracias ofrecen señales de advertencia. En Italia, Silvio Berlusconi está de regreso. El octogenario tiene otra chance de ganar con su agrupación las próximas elecciones en unas semanas. Después de haberlo elegido en anteriores ocasiones, los estándares de Italia bajan de manera permanente. La pantomima romana pasó a ser habitual. Por el contrario, en Alemania, la política todavía es aburrida. Debido a su historia, Alemania está mejor vacunada que la mayoría de los países contra el atractivo de las celebridades. En el pasado, las democracias occidentales construían muros entre la iglesia y el Estado. El muro que necesitamos ahora debería separar el entretenimiento de la política. Pero supongamos que eso es imposible. ¿Qué sucedería en una carrera en 2020 entre Trump y Winfrey? La primera víctima sería el Partido Demócrata. Con la nominación de Winfrey, se habría cedido al argumento de que la democracia es un reality para la televisión. La segunda víctima sería Winfrey. La maquinaria de Trump buscaría en su biografía cualquier cosa para difamarla. En un concurso de marcas, Trump disfrutaría frente a la posibilidad de competir contra una mujer liberal negra y rica. Podría ganar. Aunque triunfara Winfrey, la pelea consolidaría la guerra cultural como modo dominante de la política norteamericana.

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