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VIERNES 22/03/2019

Se puede tener esperanza con Corea del Norte

Se puede tener esperanza con Corea del Norte

Algo dramático está sucediendo en la península de Corea. Moon Jae-in, el presidente surcoreano, realizó una visita de tres días a Corea del Norte. Allí pudo pronunciar un discurso público sin precedentes y aprovechó la oportunidad para hacer un llamamiento a la unidad de las dos Coreas. Junto con Kim Jong Un, el dictador norcoreano, Moon también visitó el Monte Baekdu, el mítico lugar de nacimiento del pueblo coreano.

Durante su cumbre de tres días, los líderes de ambas Coreas se comprometieron a hacer lo necesario para alcanzar la paz, la reunificación y el desmantelamiento de las armas nucleares. Todo esto contrastó con los temores de una guerra inminente en 2017. Los observadores externos se preguntarán si deben tomar estos nuevos acontecimientos con esperanza o con escepticismo.

Corea del Norte tiene un largo historial de mentiras sobre el desarme y las armas nucleares; y el presidente Moon, un antiguo activista por la paz, podría estar demasiado dispuesto a creerse lo que le dicen en Pyongyang. La principal prioridad del régimen norcoreano es la supervivencia y bien podría considerar que las armas nucleares son la única garantía segura de que no será atacado. Hasta ahora, los pasos que ha dado el Norte hacia la desnuclearización han sido modestos. El desmantelamiento de los sitios de prueba y las instalaciones de producción de misiles inhibirá la capacidad de Corea del Norte para desarrollar nuevas armas. Pero no aborda el tema de los arsenales actuales.

Por el contrario, hay motivos para pensar que Kim Jong Un es una clase distinta de líder norcoreano. Nadie debería dudar de la crueldad de un hombre quien mandó a asesinar a su medio hermano. Pero el presidente de Corea del Norte ha impresionado a sus interlocutores surcoreanos con su conocimiento del mundo exterior y su compromiso, al menos verbal, con la reforma, la modernización y la desnuclearización.

Esos compromisos no deben aceptarse con los ojos cerrados. Deberían probarse. A pesar del escepticismo de los halcones en Washington y Seúl, Trump ahora está listo para arriesgarse a celebrar una segunda cumbre con Kim.

El premio que buscan actualmente los norcoreanos parece ser una declaración formal que anuncie el final de la guerra de Corea. En la actualidad, la posición legal es que el armisticio en vigor es lo que ha pausado las hostilidades. Una declaración de paz podría allanar el camino hacia un tratado de paz formal. También permitiría adoptar nuevas medidas para fomentar la confianza en la península de Corea, tras las medidas anunciadas la semana pasada, como la creación de una oficina de enlace Norte-Sur.

Por supuesto, existen riesgos con este enfoque. La pesadilla de los partidarios de la línea dura en Washington y Seúl es que kim avance gradualmente hacia una posición en la que obtendrá un tratado de paz y el levantamiento de las sanciones económicas, pero sin renunciar a sus armas nucleares. Esto es mejor que una guerra, pero aceptar la dictadura norcoreana como una potencia nuclear de facto sigue siendo algo indeseable e innecesario. Así que, Trump debe seguir insistiendo en la desnuclearización completa.

No es realista esperar que el régimen de Kim avance hacia el desarme nuclear total de la noche a la mañana. Pero es razonable pedirle que empiece a desmantelar armas y misiles nucleares, de forma demostrable y verificable. Si eso sucediera, la atmósfera en Corea se transformaría de forma genuina.

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