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Occidente toma medidas que, sin saberlo, benefician a China

Los aranceles al acero que impuso Trump son sólo un ejemplo de los errores que brindan beneficios imprevistos a Beijing y perjudican a los aliados de Estados Unidos

Las medidas de Trump ayudarán a Xi Jinping a dividir lo que aún llamamos Occidente

Las medidas de Trump ayudarán a Xi Jinping a dividir lo que aún llamamos Occidente

La mayor parte no es intencional. Sin embargo, Occidente no podría ayudar más a China si intentara hacerlo.

Primero apostamos a que China querría adrede rehacerse a nuestra imagen. Todo lo que hacía falta para que eso sucediera era un empujón de nuestra parte. Claramente, esa estrategia obviamente falló. Entonces, volvimos a la creencia de que la historia encaminaría al país hacia su destino democrático y liberal, a pesar de lo que China pensara al respecto. El resultado fue igual.

Finalmente, nos dimos por vencidos. China está siguiendo su propio camino no occidental.

Es fácil echarle toda la culpa a Donald Trump. No hay duda de que los aranceles sobre el acero y aluminio propuestos por el presidente estadounidense son un caso claro de daño colateral. Los aliados de EE.UU. sufrirán las consecuencias del "fuego amigo" de Trump mucho más que Beijing. Sus acciones amplias ayudarán a Xi Jinping, el presidente y "emperador vitalicio" de China, a dividir lo que aún llamamos Occidente.

Pero Trump sólo está empeorando una situación que ya existía. Él heredó este desastre. La responsabilidad de los errores de Occidente es de todos. Lleva las huellas digitales de EE.UU., Europa, los neoliberales y los socialdemócratas.

Cada uno ha contribuido para beneficiar a China. Aún no hemos recorrido ni una quinta parte del camino hacia el Siglo XXI, y Occidente ya le ha dado a Beijing tres extraordinarias ventajas. Trump está trabajando en la cuarta.

La primera fue la guerra de Irak de 2003, que supera el daño que ha causado hasta ahora el actual presidente de EE.UU. La guerra dividió a Occidente entre la Europa "vieja" y la "nueva", como lo expresó Donald Rumsfeld, el entonces secretario de Defensa norteamericano. También le costó a EE.UU. y a sus aliados más de u$s 1 billón en gastos directos, y mucho más en costos de oportunidad.

La guerra de Irak también mostró los límites del poder duro militar de Occidente. No se puede imponer la democracia a punta de pistola. China observó mientras Occidente malgastó su poder duro y blando.

La segunda fue la crisis financiera de 2008. La crisis desmintió el mito de que las clases medias de Occidente se habían enriquecido. Como dijo el inversor estadounidense Warren Buffett, cuando bajó la marea vimos cuántos nadaban desnudos. Los consumidores occidentales se habían endeudado por encima de sus posibilidades.

Muchos todavía se refieren a lo que siguió como una recesión global. De hecho, fue una recesión en el Atlántico. China mantuvo sólidos niveles de crecimiento. Mientras Occidente reducía los préstamos para desarrollo, Beijing ampliaba la brecha.

Desde en África hasta Asia central, la democracia perdió algo de su encanto. La iniciativa "Un Cinturón Una Ruta" de China recibió su nombre el año pasado. Pero tiene al menos una década de antigüedad. El mes pasado, el organismo de vigilancia de la democracia, Freedom House, anunció el doceavo año consecutivo en que la libertad global ha disminuido.

El tercer regalo geopolítico que Occidente le ha presentado a China es una obra en proceso: la reacción populista de Occidente. Ya sea que uno marque su inicio en la votación del Brexit en el Reino Unido, o en la victoria de Trump, sus orígenes son mucho más profundos. La disminución de la confianza en las instituciones occidentales se produjo a lo largo de la mayor parte de este siglo. Ya no creemos que nuestros líderes trabajen para nosotros.

Los resultados electorales en Italia del domingo pasado fueron la reprimenda más reciente a las clases tecnocráticas de Occidente. El resto del mundo está mirando de cerca. Por primera vez en la historia, el presidente de China tiene un índice de aprobación global más alto que el presidente de EE.UU. Esto se debe en parte a la relación incómoda de Trump con la verdad. Es fácil burlarse de los que piensan que "lo dice tal cual es". Lo que quieren decir es que él habla claramente. Incluso cuando miente, el significado de Trump es fácil de entender. Por desgracia, el resto del mundo lo escucha con demasiada claridad.

¿Es el presidente norteamericano el regalo más grande que puede hacerle Occidente a China? Eso depende de qué tan lejos llegue. Por el momento, la respuesta es sí. La ventaja de EE.UU. radica en la fortaleza de sus alianzas. El único aliado de China para los tratados es Mongolia. Mientras más socave Trump a amigos como Canadá y Alemania, más fácil será para Xi ocupar el centro del escenario mundial. Él es el vocero del autoritarismo chino.

"Creo que es genial", dijo el presidente estadounidense sobre la decisión de su par de eliminar el límite del mandato presidencial de China. "Tal vez lo intentaremos algún día", agregó.

Algunos de los críticos de Trump se asustaron por la razón equivocada. Aunque hablara en serio, hay pocas posibilidades de que pueda convertirse en el presidente de EE.UU. de por vida. El problema es que el resto del mundo, incluyendo a China, está tomando en serio Trump.

Si yo fuera un disidente chino, pensaría en dedicarme a la jardinería. EE.UU. no sólo perdió su fe en los demócratas extranjeros, sino que también perdió su confianza en la democracia del país.

Por el momento, Norteamérica es el emperador desnudo.

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Comentarios1
Diego Lu
Diego Lu 09/03/2018 01:33:11

Buena nota