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Los disparates comerciales de Trump presagian más proteccionismo

Todos los países, incluso Estados Unidos, se verán seriamente afectados

Los disparates comerciales de Trump presagian más proteccionismo

Donald Trump es, efectivamente, un proteccionista. Es más que una mera retórica. Es la lección que dejó el anuncio de de fijar aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio.

Estos aranceles no son tan importantes por sí solos. Pero la lógica utilizada para justificarlos, su propuesto nivel y duración, la disposición de dirigirlos a los aliados cercanos y la declaración del presidente de que "las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar" deben alarmar a todos los observadores.

Es poco probable que esta medida sea la última; es más probable que sea el comienzo del fin del orden comercial multilateral regido por reglas que el propio EE.UU. creó. Esto puede sonar alarmista, pero debería serlo. Es cierto que las acciones propuestas apuntan a sólo en un poco más del 2% de las importaciones. Si es allí donde se acaban, entonces el mundo y la economía mundial seguramente lo tomarán con calma.

Es posible que, con alguien tan impredecible como Trump a cargo, acá sea donde la situación llegue a su fin. Pero no podemos apostar a que sea así.

Una razón por la que es probable que el proteccionismo norteamericano se extienda es que la medida propuesta, explícitamente diseñada para durar un largo tiempo, afectará a todos los usuarios del acero y del aluminio. Entre ellos se encuentran industrias que emplean a muchas más personas que las 81.000 que trabajan en el sector siderúrgico.

Los usuarios sufrirán una "protección efectiva negativa". Un resultado será que los artículos importados fabricados con acero y con aluminio se volverán más económicos. La "solución" seguramente será también fijar aranceles a las importaciones de estos productos.

Otro motivo por el cual esta acción podría extenderse es que aquellos que se ven perjudicados tomen represalias contra EE.UU. en otras áreas. En la práctica, sin embargo, es más probable que sometan a EE.UU. al proceso de solución de diferencias de la OMC, a la vez que imponen la llamada medida de salvaguardia en relación con el acero y con el aluminio para impedir el desvío de importaciones a sus mercados. De esta manera, también se ampliará la protección.

También podría aumentar el proteccionismo debido a que podría usar el "tecnicismo" de la seguridad nacional. La OMC de hecho le permite a un miembro "la adopción de las medidas que estime necesarias para la protección de los intereses esenciales de su seguridad en tiempos de guerra o en caso de grave tensión internacional".

Pero, tal y como Chrystia Freeland, la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, indicó: "Es inapropiado considerar cualquier comercio con Canadá como una amenaza a la seguridad nacional de EE.UU.". Sin embargo, una vez que EE.UU. haya recurrido a este tecnicismo, ¿qué pasará después?

Un punto crucial es que esta medida no está dirigida a China, que representa menos del 1% de las importaciones de acero estadounidenses. Sus víctimas son amigos y aliados: Brasil, Canadá, la Unión Europea (UE), Japón y Corea del Sur. Tampoco es una acción tomada contra alguna forma de comercio desleal. Ésta es una política puramente proteccionista destinada a salvar viejas industrias.

Pero, incluso en estos términos, el razonamiento es débil: la producción de acero y de aluminio estadounidense se mantiene estable hace años. Si estos aranceles realmente tienen sentido para Trump, ¿qué otra medida no lo tendría?

Por todos estos motivos, entonces, debemos esperar más acciones proteccionistas por parte de EE.UU. y de otros países. Sin embargo, existe una razón aún más importante para preverlas. Trump parece querer una guerra proteccionista. Él está convencido de que un gran país con enormes déficits comerciales debe "ganar". Además, él cree que esos déficits son una prueba de que otros países se han aprovechado de Norteamérica. Ambas creencias son absurdas.

Sí, puede que EE.UU. se vea menos perjudicado que otros países en una guerra proteccionista. Pero todos, sin duda incluyendo a Norteamérica, sufrirían perjuicios causados por la balcanización de la economía global.

Además, es un error considerar los superávits comerciales como el equivalente a una ganancia en los negocios, tal y como lo considera Trump. Las importaciones representan el objetivo del comercio. Los superávits comerciales no tienen mérito intrínseco.

Sin embargo, esta acción ha sido justificada, en última instancia, por la fuerte creencia de que EE.UU. es víctima de las maquinaciones de terceros. Una pizca de evidencia utilizada para explicar esta sensación de agravio es la idea de que Norteamérica es "la economía grande menos proteccionista del mundo".

Ninguna medida sumaria de protección general es ideal. Pero la menos mala es el arancel promedio ponderado efectivamente aplicado. Según la OMC, el arancel promedio ponderado de Japón en 2015 fue de 2,1%, el estadounidense fue de 2,4% y el de la UE fue de 3%. Estos valores son muy similares. El de China fue de 4,4%, mayormente porque ha sido parte de una sola negociación global: su adhesión a la OMC en 2001, cuando todavía se lo consideraba, y con razón, como un país en desarrollo.

Algunos legisladores estadounidenses se refieren en cambio al arancel "consolidado". Sobre esa base, la protección de EE.UU. es relativamente baja. Pero un simple promedio de aranceles consolidados refleja muy poco su nivel real de protección. Además, EE.UU. tiene aranceles a niveles bajos para obtener concesiones de otros países, especialmente la protección de su propiedad intelectual.

La otra queja se relaciona con los déficits comerciales. Pero éstos son fenómenos macroeconómicos, no el resultado de una política comercial. Trump acaba de aprobar un enorme aumento del déficit fiscal estructural. Si se mantiene la situación actual, esta decisión elevará el déficit comercial del país.

Ocurrirá eso si las reducciones de impuestos provocan un enorme aumento de la inversión privada estadounidense, mientras al mismo tiempo suben los déficits gubernamentales. ¿Entiende la mano izquierda de la formulación de políticas estadounidenses lo que está haciendo la mano derecha? Parece que no.

El FMI tiene razón al criticar este plan. Impondrá costos sustanciales, afectará las alianzas y seguramente conducirá a un proteccionismo aún más costoso, por parte de EE.UU. y de otros países. El plan es producto de la mezcla característica de autocompasión y grandilocuencia. Es probable que el resultado sea una mayor fragmentación de la frágil estructura del comercio mundial. ¡Bien hecho, Trump!

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