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DOMINGO 16/12/2018
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Gobierno británico pide recortar un 20% las calorías de los alimentos

Con la intención de reducir la obesidad infantil, la agencia estatal de salud intimó a las alimenticias a bajar el contenido calórico de sus productos para el 2024

Gobierno británico pide recortar un 20% las calorías de los alimentos

El gobierno británico profundizó su campaña contra la epidemia de obesidad infantil, pidiéndole a la industria alimenticia que reduzca 20% las calorías de sus productos en el término de seis años. La acción de la agencia gubernamental llamada Public Health England (PHE) suena ambiciosa, ya que se suma a su anterior iniciativa apuntada a disminuir el consumo de alimentos azucarados y bebidas dulces. Sin embargo, es lo mínimo que se puede hacer para abordar lo que está surgiendo como la mayor crisis de salud en el mundo industrializado ahora que baja rápido el consumo de tabaco.

Un tercio de los chicos británicos sufre obesidad o sobrepeso al finalizar la escuela primaria, lo que pone un marcha una cascada metabólica perjudicial que probablemente los convierta en adultos más propensos a padecer diabetes, enfermedades cardíacas y cáncer. La organización sin fines de lucro Cancer Research UK estima que el 70% de los millennials tendrá un nivel de sobrepeso peligroso antes de llegar a la mediana edad.

Frente a tales estadísticas y a la amenaza de que las enfermedades relacionadas con el peso colapsen los servicios de salud, los gobiernos le deben a sus ciudadanos una programa contundente para combatir la obesidad. El objetivo es mucho más difícil de definir y de enfocar que en el caso del consumo de cigarrillos y los intereses adquiridos de la industria alimenticia son más poderosos que los de las grandes tabacaleras, pero eso no justifica la inacción.

Gran Bretaña tomó la sensata decisión de ir primero por el azúcar mediante un ataque doble. Las bebidas dulces pagarán un impuesto a partir del mes próximo, después de dos años de advertencias. Los defensores del gravamen consideran, y con razón, que la medida es un éxito aún antes de que comience porque muchos fabricantes ya redujeron la cantidad de azúcar en sus gaseosas para reducir la carga impositiva.

El segundo brazo de la campaña contra el azúcar apunta a los alimentos dulces. En 2016, la PHE pidió a los fabricantes que redujeran para el año 2020 el 20% del contenido de azúcar en una serie de alimentos desde galletitas dulces y tortas hasta cereales para el desayuno y golosinas. La agencia pronto anunciará cuánto avanzaron las empresas en particular. Y no debería dudar en elogiar a las que más progresaron y avergonzar a las rezagadas.

Esta campaña contra las calorías, el contenido energético de los alimentos, es mucho más compleja que apuntar a un único ingrediente como el azúcar (o el exceso de sal, que fue eliminado de muchos productos como resultado de una anterior iniciativa de PHE). Pero es esencial porque, si bien algunas calorías son más saludables que otras, el aumento de la ingesta calórica total de la dieta constituye la principal causa del avance de la obesidad más importante que cualquier reducción en las calorías quemadas porque la gente hace menos ejercicio físico.

La PHE seguirá de cerca el avance que hagan los fabricantes, vendedores minoristas y restaurantes en lo que respecta a bajar las calorías de los alimentos procesados. Lo pueden hacer cambiando la receta del producto o disminuyendo el tamaño de las porciones. Otra vez necesitamos que se publiquen resultados compañía por compañía, contra criterios claros.

La industria alimenticia informó que cooperará con la PHE y otros organismos para lograr que funcione el enfoque voluntario de la iniciativa. Habría que darles una oportunidad siempre y cuando el gobierno esté dispuesto a recurrir a algún tipo de medida compulsiva si no se obtienen resultados.

Por ejemplo, las restricciones publicitarias, que ya prohiben los avisos de comida chatarra en todos los medios de comunicación dirigidos específicamente a los chicos, podría extenderse al horario de máxima audiencia de la televisión, que es cuando hay más televidentes jóvenes frente a las pantallas.

Otra medida fructífera podría ser obligar a los restaurantes y casas de comidas rápidas a incluir en sus menús y cartas información calórica de los platos que ofrecen, lo que ayuda a los comensales a elegir las opciones menos engordantes. Los estudios sugieren que eso reduciría la ingesta calórica. El gobierno norteamericano está por introducir a partir de este año la obligatoriedad de dicha información, una de las pocas políticas relacionadas con los derechos de los consumidores que inició el ex presidente Barack Obama y que sobrevivirá a la administración Trump.

Traducción: Mariana Inés Oriolo

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