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LUNES 21/01/2019
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El precio del petróleo está en manos de tres gobernantes autoritarios

Trump, Putin y el saudí Bin Salman tienen diferentes motivaciones para dirigir el mercado

El precio del petróleo está en manos de tres gobernantes autoritarios

El próximo gran movimiento que registren los precios del petróleo está en manos de tres gobernantes autoritarios e impredecibles: el presidente de Estados Unidos Donald Trump, el presidente ruso Vladimir Putin y el príncipe heredero de Arabia Saudita con fuerte injerencia en el día a día del reino, Mohammed bin Salman.

Los tres conducen países cuyas industrias petroleras en este momento son capaces de producir al menos 11 millones de barriles diarios cada uno, lo que los coloca en una élite de naciones que juntas son responsables de más de una tercera parte de la oferta global de crudo, o más que toda la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Pero ahí es donde mayormente terminan las similitudes. Los tres tienen diferentes motivaciones para lo que ocurra de acá en más en un mercado de petróleo que ya estuvo gran parte de 2018 sometido a agitaciones derivadas de la política internacional. La manera en que jueguen sus cartas determinará qué pasará después.

Arabia Saudita quiere un petróleo más caro después de que el crudo cayó más de 25% desde principios de octubre y el viernes se deslizó por debajo de los u$s 60, su nivel más bajo en más de un año. Y el príncipe dijo que está dispuesto a reducir su producción de crudo para lograr ese objetivo.

Su presupuesto, que depende del petróleo, necesita un barril prácticamente a u$s 80 sólo para alcanzar el punto de equilibrio, ni hablar de financiar los grandes planes que tiene bin Salman para modernizar y transformar su economía.

Pero el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, que residía en Estados Unidos, debilitó severamente su imagen a nivel internacional y podría ahora tener limitadas opciones para el mercado de petróleo.

Estados Unidos, el principal aliado occidental que tiene Arabia Saudita, quiere exactamente lo opuesto para los precios del petróleo. Trump incansablemente alza la voz para que baje el crudo, ejerciendo presión sobre Riad para que mantenga reducidos los precios.

Dejó en claro que mantener bajos los valores del crudo es una prioridad económica de su administración, al punto de restarle importancia a las nuevas sanciones contra la industria energética de Irán este mes, ya que otorgó exenciones a sus principales consumidores.

Hizo eso a pesar de haber presionado a Arabia Saudita este verano boreal para que eleve la producción en primer lugar para reemplazar los barriles de Irán, una de la serie de acontecimientos que dejó a la mayoría de los analistas previendo ahora que el mercado de petróleo estará sobreabastecido en 2019. Si Arabia Saudita se siente ofendido por eso, a Trump probablemente no le importe.

Los precios más bajos en las estaciones de servicio son un incentivo para su base de votantes y una clara victoria de política económica que Trump puede atribuirse, independientemente del hecho de que la mayoría de los economistas cree que el auge del shale que en una década convirtió a Estados Unidos en un gran productor significa que el petróleo más barato ya no es claramente beneficioso para la macroeconomía norteamericana.

El presidente estadounidense quizás tenga poco control directo sobre las acciones a corto plazo de los innumerables productores privados que conforman la industria petrolera estadounidense, pero con el producto norteamericano creciendo aún más rápido de lo previsto, podría sentir que ellos pueden soportar un precio más bajo. El hecho de que el sector petrolero esté mayormente concentrado en estados tradicionalmente republicanos, como Texas y Dakota del Norte, implica que el mandatario no necesita dedicarle mucho tiempo a preocuparse por sus votantes.

Habiendo sutilmente dicho que estaba listo para supervisar la probable participación del príncipe heredero saudita en el asesinato de Khashoggi, a esta altura Trump debería tener controlado a Riad.

Muchos quizás sientan que debilita la posición de Washington en el mundo, pero el petróleo barato y las continuas compras de armas son el precio que Trump, tuit tras tuit, le puso a la alianza. Arabia Saudita hasta ahora mantiene sus planes de reducir la producción de petróleo, pero la presión que recibe de Estados Unidos podría ser demasiada.

Rusia, gobernada por Putin, se ubica en algún lugar a mitad de camino entre Arabia Saudita y Estados Unidos, pero de costumbre tendrá un ojo puesto en las ramificaciones para la posición de Moscú en el mundo.

Pocos dudan que a Rusia le gustarían precios levemente más altos porque eso le ayudaría a su economía, la cual todavía está dominada por los recursos naturales. Pero Moscú depende menos del petróleo que Riad, y Putin aseguró que le preocupan los precios demasiados elevados porque cree que podrían favorecer demasiado rápido a las reservas rivales, especialmente el shale de Estados Unidos.

Con la industria petrolera rusa compuesta por empresas privadas y grupos respaldados por el estado, también hay cierta recelo a exigir a las compañías que frenen la producción de manera agresiva dado que en junio les han dado libertad de acción después de 18 meses de restricciones a la producción.

Sin embargo, su alianza petrolera sellada hace dos años con Riad es de gran importancia para Moscú y su objetivo es asumir un mayor rol en Medio Oriente.

La oportunidad de abrir una mayor brecha entre Washington y Riad podría ayudar a Putin a superar algunas de sus dudas, y Rusia podría encontrarse apoyando un recorte de producción. También tiene un ojo puesto en las ventas de armas a Riad, incluyendo su avanzado sistema de defensa aéreo S-400, que causa consternación en Washington.

Los tres líderes asistirán a la cumbre del G20 que se llevará a cabo en Argentina esta semana, apenas días antes de que los ministros de Energía de Arabia Saudita y Rusia encabecen reuniones del grupo ampliado de la OPEP en Viena, para discutir la política de producción petrolera.

Es altamente probable que los mensajes que se transmitan entre los tres líderes en Argentina decidan la suerte del petróleo antes de que los ministros se reúnan en Viena.

Traducción: Mariana I. Oriolo

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