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Jueves 4.1.2018
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El nuevo desorden mundial y la fractura de Occidente premoldean el 2018

Transcurrido un año bajo el mandato de Donald Trump, parece aún más probable una desintegración del orden liberal creado por EE.UU. tras la Segunda Guerra Mundial

Trump reniega de alianzas internacionales y Xi Jinping crece en su rol mundial al frente de una superpotencia

Trump reniega de alianzas internacionales y Xi Jinping crece en su rol mundial al frente de una superpotencia

Hemos llegado al final de un período económico, el de la globalización liderada por Occidente, y de uno geopolítico: el "momento unipolar" posterior a la Guerra Fría. Esto es lo que argumenté hace casi exactamente un año.

La pregunta era si el mundo experimentaría una desintegración del orden liberal creado por Estados Unidos posteriormente a la Segunda Guerra Mundial para caer en la desglobalización y en el conflicto, o si habría un resurgimiento de la cooperación. Transcurrido un año bajo el mandato de Donald Trump, deberíamos retornar a este punto. En resumen, una desintegración parece aún más probable.

La experiencia ha recalcado el particular carácter de la presidencia de Trump. Diariamente, él viola el comportamiento y las actitudes que el mundo espera de un presidente estadounidense. Pero la explotación de su cargo a favor de su beneficio personal, la indiferencia ante la verdad, y el asalto a las instituciones de una república gobernada por la ley son exactamente lo que deberíamos haber anticipado.

Una democracia liberal sólo sobrevive si los participantes reconocen la legitimidad de otros participantes. Un líder que apela a sus funcionarios para que enjuicien a antiguos oponentes es un aspirante a dictador, no un demócrata.

El carácter es una cosa; las acciones son algo completamente diferente. Hasta ahora, Trump gobernó principalmente como un "plutopopulista" republicano tradicional, creando políticas para el beneficio de la plutocracia y diseminando retórica dirigida a su iracunda base. Sin embargo, sus características aún están por verse, en su actitud consistentemente mercenaria hacia las alianzas estadounidenses y en las opiniones acerca del comercio restringidamente mercantilistas.

La presidencia de Trump debilitó la causa de la democracia liberal (una democracia basada en un Estado de derecho neutral). En los antiguos países comunistas de Europa del Este, el estilo de dictadura plebiscitaria (eufemísticamente llamada "democracia iliberal"), característica de la Rusia de Vladimir Putin, seduce a los admiradores y alienta a los imitadores. La estrecha victoria de Tayyip Recep Erdogan en el referéndum sobre el poder presidencial impulsó a Turquía aún más hacia esta dirección.

Sin embargo, el referéndum del Brexit de 2016 en el Reino Unido no ha atraído, hasta ahora, a los imitadores dentro de la Unión Europea (UE). En Francia, Emmanuel Macron detuvo la marea populista y xenófoba. Pero las elecciones alemanas han debilitado la capacidad del país para coordinar acciones con Macron, mientras las próximas elecciones italianas podrían resultar perjudiciales no sólo para Italia, sino para toda la eurozona.

Podría decirse que el más importante de todos los acontecimientos políticos de 2017 sucedió en China. Allí, Xi Jinping aparentemente estableció la supremacía sobre el Partido Comunista, y reforzó la supremacía del partido sobre el Estado y la del Estado sobre el pueblo chino. De los hombres fuertes del mundo, él emergió como el más fuerte de todos; el líder de una creciente superpotencia. En 2017, entonces, la autocracia estaba en aumento. La "recesión democrática" continúa.

¿Qué, mientras tanto, le ha pasado a la cooperación global? Aquí también vimos significativos desarrollos. Unos fueron la decisión de Trump de retirarse del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), en el cual los aliados estadounidenses, particularmente Japón, habían invertido tanto, y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan). Otro fue la decisión de la administración de retirarse del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

En la dirección opuesta se encontraba el retórico intento de Xi de retomar el manto de la globalización. En conjunto, las fuerzas en contra de la cooperación progresaron el año pasado, al igual que aquellas que estaban en contra de la democracia. Eso no es sorprendente cuando el país líder del mundo tiene un presidente que considera el conflicto como la norma.

Estos desarrollos tienen que contraponerse a tendencias a más largo plazo. Y, lo que es aún más importante, la posición de los actuales países de altos ingresos, aunque todavía enormemente poderosos, se encuentra en un relativo declive. El gasto militar de China está aumentando marcadamente, en relación con el de Estados Unidos, a pesar de que se mantiene en sólo el 2% del Producto Interior Bruto (PBI).

La participación de los países de altos ingresos en la producción mundial disminuyó en cerca de 20 puntos porcentuales desde el comienzo del siglo, a precios de mercado, y su participación en el comercio mundial de mercancías disminuyó en 17 puntos porcentuales.

A continuación expongo algunas de las implicaciones.

La primera es que estos desarrollos políticos han fracturado a Occidente como entidad ideológicamente coherente. La estrecha cooperación entre los países de altos ingresos era, en gran medida, una creación de la voluntad y del poder estadounidenses. El centro de ese poder actualmente repudia los valores y la percepción de los intereses que sustentaron esta idea. Eso cambia casi todo.

La segunda implicación es que los modernos ideales occidentales de democracia y de mercados globales liberales han perdido prestigio y atractivo, no solamente en los países emergentes y en los en desarrollo, sino también en las naciones de altos ingresos. Si bien ningún sistema económico alternativo ha surgido triunfante, el atractivo de los populistas xenófobos y de los gobernantes autoritarios (a menudo equivalentes) aumentó.

La tercera implicación es que gestionar la economía mundial, los bienes comunes globales (especialmente el clima) y las cuestiones de seguridad, exige la cooperación entre los países de ingresos altos y los emergentes, sobre todo China. Los viejos tiempos de una dominación por parte de los principales países de altos ingresos han llegado a su fin. Asegurar una cooperación entre países tan diversos es extremadamente difícil.

En último lugar se encuentra el hecho de que existe un riesgo real de conflicto entre Estados Unidos y China, tal y como lo ha argumentado Graham Allison de la Universidad de Harvard en su libro "Destined for War" (Destinado a la guerra). Los optimistas argumentarán (con razón) que la interdependencia económica y las armas nucleares hacen que la guerra sea una locura. Los pesimistas responderán que la humanidad tiene una enorme capacidad para encontrarse en medio del desastre. Tal vez los generales que rodean a Trump fracasarán en mantenerlo bajo control. Tal vez ellos incluso promoverán una ruinosa guerra en contra de Corea del Norte.

Si 2017 experimentó un énfasis en las tensiones geopolíticas, también fue testigo de un saludable crecimiento económico global. ¿Cómo se relacionan estos hechos? Ése será mi tema la próxima semana.