Viernes  07 de Junio de 2019

EE.UU. - China: un conflicto sin motivos de peso que puede afectar a todos

Se trata del acontecimiento geopolítico más importante de nuestra era. La innecesaria lucha de Donald Trump por la dominación se está enmarcando cada vez más como un juego de suma cero

EE.UU. - China: un conflicto sin motivos de peso que puede afectar a todos

La desaparición de la Unión Soviética dejó un gran vacío. La 'guerra contra el terrorismo' fue un sustituto poco adecuado. Y ahora China cumple con todos los "requisitos". Para EE.UU., puede ser el enemigo ideológico, militar y económico que muchos necesitan. Por fin encontró oponente que vale la pena. Ésa fue la principal conclusión que saqué de los encuentros de este año del Club Bilderberg, la conferencia anual de líderes políticos, industriales y académicos diseñada "para fomentar el diálogo entre Europa y Norteamérica".

La rivalidad con China se está convirtiendo en un principio organizador de las políticas económica, exterior y de seguridad estadounidenses.

Si se trata del principio organizador de Donald Trump es menos importante. El presidente estadounidense tiene instintos nacionalistas y proteccionistas. El objetivo es que el dominio lo tenga Estados Unidos. El medio para lograrlo es controlar a China, o separarse de China. Se equivoca el que piense que conseguirá mantenerse en pie el actual orden multilateral, nuestra economía globalizada o incluso las relaciones internacionales armoniosas.

La sorprendente documentación del conflicto comercial, que China hizo pública la semana pasada, es una prueba. El hecho es que en muchos aspectos China tiene razón. La importancia que EE.UU. le otorga a los desequilibrios bilaterales muestra una completa ignorancia en materia económica.

La visión de que el robo de propiedad intelectual ha causado graves daños a EE.UU. es cuestionable. La idea de que China ha infringido sus compromisos según su acuerdo de adhesión a la Organización Mundial de Comercio (OMC) de 2001 es muy exagerada.

Acusar a China de fraude es de un cinismo absoluto, ya que casi todas las acciones de política comercial tomadas por la Administración Trump incumplen la normativa de la OMC, un hecho que reconoce implícitamente dado su empeño en acabar con el sistema de resolución de disputas. La posición negociadora de EE.UU. con China defiende que impere la ley del más fuerte. De hecho, Washington insiste en que los chinos acepten el papel de Norteamérica como juez, jurado y ejecutor del acuerdo.

Últimamente se están planteando las relaciones con China como un conflicto de suma cero. Los últimos comentarios de Kiron Skinner, directora de Asuntos de Planificación de Políticas del Departamento de Estado de EE.UU., así lo indican. La rivalidad con Beijing, dijo Skinner hace poco, 'es un enfrentamiento con una civilización completamente distinta; Norteamérica no ha estado nunca en una situación parecida '.

Skinner recordó que esta sería la primera vez que nuestro gran competidor no es caucásico. La guerra con Japón se ha olvidado. Acá lo verdaderamente importante es que la batalla con China se considera un asunto racial y de civilización y, por lo tanto, un conflicto sin solución. Esto no puede ser casual. Y Skinner todavía mantiene su empleo.

Otros presentan el conflicto como un asunto más relacionado con la ideología y el poder. En el primer caso, apuntan a la retórica marxista del presidente Xi Jinping y al papel reforzado del Partido Comunista. En el segundo, recelan del auge económico de China. Ambas perspectivas sugieren un conflicto permanente. Estamos ante el acontecimiento geopolítico más importante de nuestra era. Entre otros motivos, porque tarde o temprano obligará a los demás países a posicionarse o a luchar por la neutralidad.

Pero no sólo es importante, también es peligroso porque se corre el riesgo de convertir una relación viable, aunque incómoda, en un conflicto que afecte a todos los niveles y que se ha desencadenado sin ningún motivo de peso. La ideología de China no supone una amenaza a la democracia liberal como en su día lo fue la Unión Soviética. Los demagogos de la derecha son mucho más peligrosos.

No hay duda que cualquier intento de frenar el auge económico y tecnológico de China fracasará. Y. lo que es peor, fomentará una gran hostilidad en el pueblo chino. A largo plazo, la exigencia de una sociedad cada vez más próspera y mejor educada de conseguir un mayor control de sus vidas terminará triunfando. Esa posibilidad se reduciría si el auge natural de China se ve amenazado. Además, el dominio de China no es el origen de los males que padece Occidente.

Eso refleja, en mucha mayor medida, la indiferencia y la incompetencia de las élites domésticas. Lo que se considera como un robo de la propiedad intelectual revela, en gran parte, el intento inevitable de la economía de dominar las últimas tecnologías. Ante todo, un esfuerzo de preservar el dominio del 4% de la humanidad por encima del resto es ilegítimo. Eso no siginifica aceptar todo lo que China diga o haga. Al contrario, la mejor forma para Occidente de relacionarse con China es insistir en los valores de la libertad, la democracia, el multilateralismo basado en reglas y la coperación global.

Estas ideas llevaron a muchos países del mundo a convertirse en aliados de EE.UU. en el pasado. Y todavía hoy cautivan a muchos ciudadanos chinos. Es bastante factible poder defender estos conceptos con contundencia mientras se coopera con China en todo lo que resulte esencial, como la preservación del ecosistema, el comercio y la paz. Una combinación de competencia y cooperación es la solución para mantener una relación bilateral fluida. Esa estrategia para gestionar el auge de China debe incluir una estrecha cooperación con aliados que compartan los mismos valores y una actitud de respeto hacia China.

Lo triste de la actual situación es que la administración ha iniciado en forma simultánea un conflicto entre las dos potencias, atacando a sus aliados y acabando con las instituciones que se crearon tras la Segunda Guerra Mundial con EE.UU. como principal potencia. El ataque a China es una guerra equivocada peleada de manera equivocada y en el terreno equivocado. Lamentablemente, esta es la situación en la que nos encontramos en este momento.

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