Lunes  25 de Febrero de 2019

Macri y la economía rota: ¿castigo, optimismo o inservible utopía?

Macri y la economía rota: ¿castigo, optimismo o inservible utopía?

El dilema de los argentos. En economía, Cambiemos es pésimo, el peronismo es pésimo y el resto de las ofertas son ignoradas por la mayoría, entonces: ¿a quién votás? Escucho a mucho compatriota decir que esta vez si gana el peronismo, ningún K formará parte del gobierno. ¿Se puede ser así de ingenuo? ¿Somos tan ovejas los argentinos? Percibo incluso a mucho economista balbuceando medidas mágicas e inmediatas como si la restricción de una sociedad compuesta por casi 43 millones de almas socialistas no existiese.

Tenemos el país que podemos, no el que queremos, por la terquedad e ignorancia de una mayoría populista que nos obliga a vivir en una nación inviable. Pero esta es la realidad, nos guste o no, por lo tanto, el primer paso para cambiarla, es reconocerla. Ignorar nuestra coyuntura mental consiste en una actitud de inservible utopía y castigar al Presidente de turno pensando que el que viene será mejor, constituye una monumental ingenuidad. Por el contrario, aceptar esta realidad con un optimismo definido “a lo Peronia” es probablemente, la opción más razonable. Sin embargo y a pesar de la obviedad, mucho argentino adolescente de pañal húmedo no lo entiende.

Hay millones de tontos enojados que por "castigar a MM con el librito de la ortodoxia noruega" le vienen haciendo el juego a un peronismo que siempre fue la misma cosa. La ingenuidad de este país por momentos es infinita y la subestimación a lo que podría venir nos convierte en una nación adolescente y sumamente tonta. Quizá éste sea un tiempo político único que requiere de una postura multidimensional, quizá sea la primera vez en que los argentinos entiendan que se nos hace indispensable priorizar nuestro orden institucional por sobre el bolsillo, un bolsillo que ha sido diezmado por la pésima gestión económica a cargo del Presidente Macri.

¿Va a pasar algo bueno en los próximos años? Si tenemos algo de suerte, de la mano del FMI iremos estabilizándonos hacia un entorno chato pero no caótico. Desde mayo y gracias al campo, único sector verdaderamente productivo en esta tierra, la economía irá pegando lentamente la vuelta. Y quizá también, a un lustro vista, comencemos a transitar un sendero de desinflacion que nos lleve para el 2024 hacia un dígito. ¿Hay algo más para esperar en todo este tiempo? Al menos que descubramos un yacimiento de bitcoins en la Patagonia, no hay nada más bueno a augurar para un país cuya sociedad sigue sin comprender lo sacrificado y sumamente dificultoso que será recomponer a este diezmada nación.

El argentino sigue exigiendo y esperando a la vez, que el próximo Presidente se convierta en el salvador y resuelva por arte de magia lo que llevó 74 años destruir. Pues bien, ese “Súper Presidente” no existió nunca y tampoco existirá a futuro, todo político que sugiera soluciones fáciles y rápidas se convierte en un fabuloso mentiroso, aspecto bastante conocido entre nosotros. Es posible que al menos, en los próximos años y si tenemos mucha suerte, comencemos a alejarnos del caos como escenario base y a acercarnos a un estado estacionario de un país que sigue sin resolver nada relevante pero que al menos intenta estabilizarse en alguna de sus variables claves.

En mi humilde opinión, deberíamos intentar dar solidez a un orden institucional y a partir de él tomarnos 30 largos años para reconstruir una nación que alguna vez fue próspera. Mi preocupación principal radica en la existencia de una sociedad que ni siquiera se toma el tiempo de comprender cómo estamos y todo lo que sería necesario para abandonar la espantosa mediocridad en la que vivimos. Se acercan tiempos claves en la dinámica futura de este país, un error en esta etapa nos puede condenar a un abismo institucional en donde solo nos espera la falta de libertad y la pobreza. A pesar del dolor, a pesar del drama económico, la Argentina de hoy nos exige el voto más adulto y responsable de todos. Y recuerden, hoy estamos mal pero si vuelve la era K, retorna el default, retorna el cierre de la economía, retorna el avasallamiento institucional y en ese  entorno, la coyuntura macroeconómica no hará otra cosa que extinguirnos definitivamente.

La Argentina ausente. 74 años de populismo nos dejaron así. Solo nos salvaría un sacrificio"a lo Japón de postguerra" y muy pocos en este bendito país están dispuestos a semejante esfuerzo. Estamos muy pero muy rotos, por lo que para mejorar habría que hacer una costosísima cirugía general y para la misma falta nada más y nada menos que el consentimiento y convicción de 43 millones de almas ausentes y sumamente ansiosas que solo reclaman resultados inmediatos sin comprender que nos llevó siete largas décadas autodestruirnos así de mucho. Dada esta restricción mental, la opción para los próximos 30 años en el mejor de los casos será la mediocridad o Ezeiza. Sin embargo y a pesar de todo, muchos compatriotas no entienden todavía que existe una abismal diferencia entre estar mal y estar caótico. Mi definición de optimismo en la Argentina de hoy entonces, se limita exclusivamente a celebrar que nos alejemos del caos y nos preparamos en el mejor de los casos a transitar un oscuro túnel en donde todo está mal y en donde la mediocridad generalizada será el mayor desafío alcanzable. Casi 43 millones de almas no están para otra cosa que la chatura como mejor escenario posible. Entonces, relativo al Armagedón que sufrimos en 2018, hoy parecería vislumbrarse una economía toda destruida que de la mano del FMI intenta alcanzar algo que se parezca a un equilibrio en base a la estabilización en tres frentes: fiscal, monetario y externo.

Salir del caos y entrar en una larga secuencia de mediocridad. Una cosa era el caos del 2018 y otra muy distinta y bastante menos mala, es la altísima complicación del 2019. Y nunca se olviden de un aspecto crucial, en Peronia siempre se puede estar peor, si retorna el clan K, la Argentina de hoy parecerá Disneylandia. Por lo tanto, no se trata del país que me gustaría que fuese, sino del que mis compatriotas socialistas me permiten mayoritariamente. Existe entonces, una enorme diferencia entre “la utopía del querer ser”y “la de una realidad infinitamente chata” abalada por una sociedad que a pesar de las evidentes penurias que sufre por financiar a un Estado gigante, sigue defendiendo al asistencialismo público. El argentino mayoritariamente es zurdo y por lo tanto, del socialismo no se puede esperar nada mejor que la mediocridad y la pobreza. La Argentina de hoy está tan devastada a nivel social, cultural, ético y económico, que la “chiquitez estable” se convierte en un logro digno de celebración. Ésta resulta entonces mi muy autóctona, resignada y sumamente limitada definición de optimismo que sólo se reduce a festejar el no caos relativo al 2018 y la permanencia de un orden institucional más o menos aceptable.

Prometer es mentir. En este contexto en donde ninguna noticia grandilocuente nos espera a futuro, los argentinos no son conscientes de lo destruida que está nuestra economía. Aquí nadie nos contó que por 74 años nos vienen saqueando peor que en una guerra, esa es la parte de la historia que la mayoría de los argentinos no quiere escuchar o prefiere desconocer, al argentino muchas veces le gusta silbar bajito y desentenderse. Tampoco están al tanto de lo inviable que resulta nuestro sistema productivo: generar valor en este país es prácticamente imposible frente a un fisco que esquilma con impuestos a cualquier intento de generar riqueza.

Sin embargo, es de esperar que ningún político le cuente a los argentinos lo mal que estamos por una sencilla razón: no importa a qué bando pertenezcan, el trabajo del político es mentir siempre y generar en la sociedad la tramposa noción de que todo no está tan mal como parece. Lo cierto es que todo político que sugiera que Argentina tiene a su disposición soluciones mágicas y sencillas miente descaradamente. Nuestro país ha sido saqueado en toda dimensión posible durante la era K y en estos casi 4 años amarillos, el gobierno ha corregido unos pocos desajustes y exacerbado muchos otros.

La cruel realidad es que la gestiones económicas del kirchnerismo y de Cambiemos han sido pésimas pero con una notable diferencia: al menos, el kirchnerismo tuvo a su favor el mejor ciclo de commodities de los últimos 50 años, bonanza que desperdició por completo, mientras que el Presidente Macri viene navegando un entorno internacional no trágico, pero sumamente más complejo. Son tiempos de elegir la menor de las pérdidas y no esperen nada más que eso.

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