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MIÉRCOLES 16/01/2019
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El mundo pide más diplomacia y menos tensión

por  ROBERTO GARCÍA MORITÁN

Ex vicecanciller de Argentina

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El mundo pide más diplomacia y menos tensión

La Cumbre del G20 en Buenos Aires ha sido una muestra de malabarismo diplomático. La gestión argentina en la negociación como en el desarrollo y la organización del evento merecen particular ponderación. El Presidente de la Nación, el Canciller, el Sherpa argentino del G20 como toda la estructura diplomática del Palacio San Martín hizo gala de un profesionalismo destacable y a la altura de las circunstancias. Refleja también que todas las áreas de gobierno trabajaron coordinadamente detrás de un objetivo. Deja en evidencia, asimismo, el mérito de una política exterior abierta al mundo al haber puesto a Buenos Aires en el centro de las discusiones de poder mundial.

Las oportunas palabras de apertura del presidente Mauricio Macri con una clara invocación a la diplomacia de la concordia, la calma y el consenso dieron resultado en un clima de tensión global. El papel conciliador del Presidente y la insistencia al dialogo fueron elementos que generaron un ánimo de consensos mínimos. La excelente labor de la diplomacia argentina fue clave en la búsqueda de un lenguaje capaz de salir del atolladero. Los eufemismos acomodaron las diferencias. La gramática fue la fórmula balsámica de convivencia para construir una hoja de ruta para salvar a la Organización Mundial de Comercio (OMC), diseñar una arquitectura de gobernanza económica mundial para responder a largo plazo a prácticas distorsivas y medidas unilaterales inadecuadas que obstaculizan el comercio y promover una globalización más regulada e inclusiva. El documento final de la Cumbre declara también la irreversibilidad del acuerdo de París sobre cambio climático, con la única disidencia de Estados Unidos.

El G20 concluyó satisfactoriamente con una reunión del G2 para intentar encarar la encrucijada entre proteccionismo y libre mercado. Estados Unidos y China acordaron una tregua por un plazo de 90 días que es de esperar sirva para la continuación de negociaciones que permita reducir el duelo de algunas de las diferencias comerciales que afectan el crecimiento de la economía global. También para frenar el riesgo de una segunda guerra fría y el reto que plantea el creciente descalabro de órganos centrales del multilateralismo con incidencia en el comercio o en temas ambientales como en lo que hace a la agenda 2030 de Naciones Unidas.

El engranaje de pujas evidenciado en Buenos Aires ha dejado de relieve una cartografía de rivalidad mundial comparable a los momentos más álgidos del siglo XX. La escalada de tensión geopolítica entre las principales potencias es quizás una de las mayores comprobaciones de la Cumbre del G20. Trasluce una variedad de escenarios políticos a futuro mucho más inestable que los de la última década. La cancelación de la reunión bilateral entre los Presidentes de EE.UU. y Rusia fue una manifestación tras los riesgos de enfrentamiento militar con Ucrania en el mar de Azov. También la existencia de diferencias en la alianza atlántica donde Washington y la Unión Europea no logran encaminar la disparidad de percepciones que enfrentan.

Sin embargo, la Cumbre de Buenos Aires es motivo de esperanza. Permite pensar que el mundo mayoritariamente pide más diplomacia y menos tensión. También la necesidad de poner en marcha un sistema multilateral genuino y efectivo para construir un futuro mejor. Argentina ha sido un eslabón positivo en ese camino.

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