Jueves  12 de Diciembre de 2019

Moneda e inflación: haciendo todo mal, difícilmente salga algo bien

Moneda e inflación: haciendo todo mal, difícilmente salga algo bien

En las dos anteriores notas expusimos el probable plan económico de Alberto Fernández y explicamos que con la Teoría Monetaria Moderna aumentaba el riesgo de hiperinflación. En esta tercera nota, profundizaremos el análisis sobre el dinero, la demanda de dinero y el mercado monetario para poner en contexto el potencial plan económico y sus resultados.

Demanda de Dinero: la variable clave detrás de los aspectos monetarios

La demanda de dinero juega un rol fundamental en todo aspecto monetario. Su trascendencia se comprende cuando se entiende que es el público quien elige el dinero. En este marco, hay que comprender que todo intento por imponer “un” dinero no deseado (por el público) está condenado al fracaso y termina “mal”. La historia del dinero lo muestra con contundencia.   

El dinero es un invento privado. En libre mercado y sin Estado de por medio, el dinero surgió de la “Acción Humana” (ver Von Mises) y como resultado de un proceso selectivo. El ser humano descubrió que el oro y la plata eran las mercancías más eficientes para servir como moneda, porque ambos metales eran los dos bienes más comerciables de todos, es decir, eran los dos bienes que se podían vender más fácil y rápidamente; o sea, eran los dos bienes con mayor demanda.

En otras palabras, el dinero es dinero porque es el bien más demandado. Así, el oro y la plata se convirtieron en medio de intercambio de carácter general (medio general de intercambio). A su vez, dado que ambos metales eran los más comerciables, pasaron a ser atesorados para servir como medio general de intercambio para operaciones futuras (reserva de valor). Posteriormente, y sólo como consecuencia espontánea de ser medio general de intercambio, el oro y la plata pasaron a ser unidad de cómputo para los precios presentes y futuros (numerario).

La masividad de su demanda es la que le otorga a un determinado bien todos los atributos del dinero. O sea, es fundamental que el dinero sea masivamente demandado; caso contrario pierde sus atributos y deja de ser dinero. A su vez, hay que entender que el dinero es una mercancía. Ergo, como toda mercancía, hay una existencia de dinero (oferta monetaria) y está sujeta a la demanda de la gente, que desea comprarla y conservarla. La gente compra (vende) dinero cuando vende (compra) bienes y servicios.

¿Por qué la gente demanda dinero en efectivo? La gente demanda dinero en función de: i) expectativas c/r a su precio futuro y ii) la incertidumbre. Si la gente tiene expectativa de que el precio del dinero bajará en el futuro, el dinero se gastará “ahora”, cuando tiene más valor, procediéndose a “desatesorar” y a reducir su demanda de dinero. Con respecto a la incertidumbre, cuanto más (menos) incierto sea el futuro, más (menos) dinero en efectivo se demandará.

¿Qué pasa con estas variables y la demanda de dinero en Argentina? Utilizando tanto un modelo de expectativas adaptativas, como un modelo de expectativas racionales, la gente espera más inflación a futuro. Los “números” y la nula reputación del BCRA juegan en este último sentido. Por el lado de los números, el BCRA está cada vez más quebrado. Los pasivos monetarios relevantes (BM + Leliqs + Pases) multiplican por 4,43 a las reservas de libre disponibilidad en noviembre’19. Un BCRA quebrado es promesa certera de más devaluación e inflación para licuar los (muchos) pasivos en pesos y ponerlos en línea con los (pocos) activos en dólares.

Por el otro lado, el BCRA tiene nula reputación, ya que no sólo ha convalidado diez años de tendencia inflacionaria creciente, sino que ha dinamitado las tres alternativas de política económica (control del tipo de cambio; control de la tasa de interés y control de la cantidad de dinero) que se conocen para bajar la inflación. Sin reputación, el BCRA no tiene credibilidad, y en consecuencia la gente no cree que el BCRA vaya a bajar la inflación en el futuro inmediato.  Es más, teniendo en cuenta los fundamentos macro (intenciones de expandir el gasto y más déficit fiscal), la gente descuenta más política monetaria expansiva y más inflación en el mediano plazo. Si se espera más inflación, la demanda de dinero caerá más, y se terminará dando la profecía auto cumplida: más inflación.

Si se descuenta más inflación, también se espera más incertidumbre a futuro, con lo cual la demanda de dinero por motivo precaución se incrementará. Sin embargo, no aumentará la demanda pesos, sino que crecerá la demanda de dólares, que es el dinero en el cual el público argentino confía como reserva de valor. Está claro que un aumento de la demanda de dólares es más caída demanda de pesos.  

En pocas palabras, tanto las expectativas de inflación, como los grados de incertidumbre operan para que la demanda de dinero (inflación) siga cayendo (acelerándose) en Argentina. Es decir, todo indica que lo más probable es que siga sucediendo lo que sucede. La base monetaria cae de 8,7% (IVT’16) a 5,8% (IIIT’19) del PBI. En el mismo período, M2 cae de 15,4% a 10,2% del PBI. No hay argumento teórico para pensar que la caída de la demanda de dinero se detiene sí o sí en este “punto”, y hay lugar para emitir sin generar inflación.

Además, el CEPO no sólo no parará la dinámica bajista de la demanda de dinero, sino que la incentivará. El CEPO es poner un precio máximo al dólar (subvaluado) y un precio mínimo al peso (sobrevalorado). La gente correrá a sacarse los pesos de encima que están artificialmente sobrevalorados para intentar cambiarlos denodadamente por dólares oficiales baratos. Como hay escasez de dólares, el paralelo subirá más y aumentará su demanda. Este exceso de demanda de dólares se transformará en exceso de oferta en la economía real, o sea recesión, y todavía menos demanda de dinero por motivo transaccional y total.

En definitiva, dada una cantidad de dinero constante, habrá una mayor caída marginal de la demanda de dinero y más aceleración inflacionaria. O sea, la inflación puede acelerarse aún sin emitir un peso, sólo porque la demanda de dinero caerá más. A ciencia cierta, se puede saber que la demanda de dinero seguirá cayendo, pero nadie puede calcular hasta “donde”. Si el repudio por el peso llegara a ser masivo y la demanda de dinero se desplomara, el riesgo de hiperinflación emergería a flor de piel.

Oferta Monetaria: mejor que los Banco Centrales hagan lo menos posible

Cuando el oro y la plata desempeñan el rol de dinero, un aumento de la cantidad de ambos metales no tiene ningún beneficio monetario, pero sí implica un incremento del bienestar. ¿Por qué? Porque el oro y la plata no son sólo dinero, sino que también son bienes “útiles” que satisfacen necesidades del ser humano, tanto interviniendo como insumos en ciclos productivos, como satisfaciendo necesidades de consumo final.

Ahora bien, cuando el dinero es fiduciario, la situación es totalmente diferente. El dinero fiduciario (papel sin respaldo) es una mercancía que tiene una particularidad, y comprender esta diferencia es fundamental para poder entender todos los “asuntos” monetarios. Cuando la provisión de cualquier mercancía aumenta, dicho incremento implica un mayor beneficio social. Más bienes de consumo (capital) implican mayor nivel de vida presente (futuro). Por el contrario, un aumento del dinero fiduciario no implica mayor beneficio social. El dinero no se utiliza en “sí”, ya que no satisface ninguna necesidad. En este sentido, el dinero sólo se usa para que los bienes y servicios se desplacen desde una persona a otra. Por consiguiente, el dinero sólo brinda utilidad en función de su poder adquisitivo (cantidad de bienes y servicios que puede adquirir).

En este marco, se puede entender una verdad irrefutable: la cantidad de dinero no puede generar bienestar. Ante cada cantidad distinta de dinero, el mercado ajustará modificando el poder adquisitivo (nivel general) del dinero (precios). Justamente, el poder adquisitivo del dinero se determina en el mercado monetario, y surge de la interacción entre oferta y demanda de dinero.

Dada una demanda de dinero constante, si la oferta monetaria crece exógenamente, dicho desequilibrio se corregirá con caída del poder adquisitivo del dinero. Este aumento exógeno de la provisión de dinero diluye su eficacia sin beneficiar a la economía. Por el contrario, este incremento de la cantidad de dinero promueve la inflación, que no tiene (en el mejor de los casos) utilidad social alguna, sino que sólo beneficia a un sector de la sociedad a expensas de otro. En caso de que el dinero fiduciario sea emitido monopolísticamente por el Estado, son los políticos quienes se benefician a expensas de los privados, ya que los primeros (segundos) gastan el dinero recién emitido antes (después) que los precios suban.

Dado una oferta monetaria constante, una caída (suba) de la demanda de dinero provocará una reducción (incremento) del poder adquisitivo del dinero generando inflación (deflación). Estas variaciones del poder adquisitivo del dinero, que surgen por variaciones de la demanda y no por alteraciones de la cantidad de dinero, sí producen un beneficio social en términos inter temporales, pues provienen del deseo del púbico de tener menos (más) saldos reales monetarios. Es decir, si aumenta la inflación por caída de la demanda de dinero, es porque el público se está protegiendo y huyendo del dinero fiduciario falsificado (masivamente) por el Banco Central. De no hacerlo, el público estará peor en el futuro (intertemporal). Por el contrario, con demanda y oferta monetaria en permanente equilibrio, el poder adquisitivo del dinero permanece constante y en consecuencia, el nivel general de precios permanece inalterado.

En este marco, quedo claro que más dinero no es mayor prosperidad, ya que ningún aumento planificado (BCRA) de la cantidad de dinero proporcionará más capital, ampliará la frontera de posibilidades de producción, propulsará el crecimiento económico y mucho menos, el bienestar en el largo plazo. Además, al igual que lo acontecido con los fracasados experimentos socialistas y comunistas, que intentaron planificar la economía desde arriba hacia abajo, es imposible que los Bancos Centrales (verdaderos órganos de planificación central financiera) tengan la habilidad de aplicar la política monetaria más conveniente para cada momento del tiempo, porque: i) nunca pueden hacerse con toda la información necesaria para coordinar eficientemente sus mandatos de política monetaria, ii) la información es permanentemente dinámica y cambiante, lo cual implica que a) es imposible conocer acabadamente el modelo y sus parámetros; b) los modelos de predicción están condenados al error y fracaso; c) la política monetaria actúa con retardos desconocidos y d) el público forma expectativas desconocidas que llevan la política en cuestión hacia el fracaso.

En este marco, no hay nada más peligroso que caer en la fatal arrogancia de creerse tan sabio y poderoso de poder ajustar la cantidad de dinero en la magnitud más conveniente para cada momento del tiempo. Manejando la cantidad de dinero, los bancos centrales suelen agrandar el ciclo económico, bajando artificialmente la tasa de interés por debajo de su nivel de equilibrio, lo cual genera un rebote (boom) artificial inicial que inexorablemente termina en una recesión (o crisis) “peor” que el punto de inicio.  

La baja artificial de la tasa de interés hace crecer el consumo y la inversión, mientras disminuye el ahorro. El ahorro y la inversión se muevan en sentido opuesto; y este es el nudo del problema y el origen de la futura recesión (crisis). ¿Por qué? Porque el ahorro es lo que paga la inversión, por lo que no es consistente que la inversión suba y el ahorro baje. Esta baja artificial de la tasa hace que se consuma más y se ahorre menos en el presente; y también logra que se invierta más, propulsando un rebote (boom) del nivel de actividad.

La mayor inversión implica mayor producción futura para abastecer mayor consumo futuro. Pero el problema es que si se consume (ahorra) más (menos) en el presente, se consumirá menos en el futuro. Este desacople entre mayor inversión presente y menor consumo futuro termina generando un ajuste en el cual la tasa de interés subirá, el nivel de actividad caerá y el desempleo aumentará hasta niveles mayores a los “originales”. Esta recesión (crisis) posterior (Secondary Defaltion según Hayek) es endógena al rebote (boom) artificial inicial.

El Próximo plan económico y su impacto monetario: todo mal

A partir del marco teórico explicado en los dos puntos anteriores, se entiende que el experimento de política económica aplicada que arrojaría los peores resultados a futuro para la economía argentina, sería aquel programa que intentara (al mismo tiempo) imponer un dinero fiduciario no deseado (demandado) por los agentes, manejando arrogantemente la cantidad de dinero en forma expansiva con el objetivo de bajar la tasa de interés en forma artificial. En este sentido, sólo basta mencionar que con más desahorro público y menor ahorro privado, la tasa de interés de equilibrio tiene a subir. De hecho, en el presente la tasa de arbitraje (bien medida) ronda +350% anual. De acuerdo con la buena teoría, este tipo de programa heterodoxo sólo tendría la capacidad de generar (en el mejor de los casos) un rebote de corto plazo, que no sería sustentable en el mediano y largo plazo. Por el contrario, los resultados de mediano y largo plazo serían: menos demanda de dinero, más desequilibrio cambiario y monetario, más dólar, más tasa de interés, más convalidación monetaria, más inflación y peor economía real.

Un nuevo experimento heterodoxo viene en camino. En el plano fiscal, se anuncia que el ajuste se terminó y se viene un gradualismo híper recargado. En este sentido, se dejaron traslucir aumentos de gasto focalizados en los segmentos de mayor vulnerabilidad social, junto a una suba de impuestos al capital y al ahorro; un tiro en el pie para el crecimiento económico. Dado que el aumento del gasto es instantáneo pero la suba de la recaudación (siempre menor a la esperada) acontece con retardos, habrá un aumento del déficit fiscal que será pagado con emisión monetaria.

En otras palabras, se viene un escenario con dominancia fiscal y política monetaria expansiva durante los próximos meses. Paralelamente, el presidente y otros funcionarios económicos han repetido hasta el hartazgo que pondrían en práctica políticas de crédito subsidiado con tasas preferenciales. Es decir, se ha explicitado la voluntad de bajar la tasa de interés en forma artificial, lo cual implica que se aplicaría una política monetaria expansiva recargada, que terminará destruyendo la estructura inter temporal del capital y afectará negativamente el PBI potencial.

En este marco, lo más probable es que el Gobierno intente controlar la inflación con más CEPO y con el Acuerdo Económico y Social (AES). El CEPO apunta a administrar tanto las cantidades ofrecidas como demandadas de divisas, así como el tipo de cambio en un marco intelectual donde se cree que los precios de la economía están determinados por el dólar. El AES apunta a influir sobre la distribución del ingreso, lo cual implica controlar el precio de todos los bienes; el precio de todos los factores y la productividad de todos los factores. Así, se quiere des dolarizar la economía y bajar gradualmente la inflación operando sobre la distribución del ingreso. Hace más de 4000 años que los controles de precios y cantidades (CEPO), así como los acuerdos (AES) de precios terminan generando más inflación y peor bienestar en el mediano y largo plazo.

En resumen, en materia monetaria parecería que el nuevo gobierno procura hacer todo lo que está mal: i) imponer un dinero no deseado por el público; ii) hacer política monetaria expansiva para financiar gasto público creciente en un marco de caída de la demanda de dinero; iii) hacer política monetaria expansiva para bajar la tasa de interés en forma artificial y iv) aplicar controles y acuerdos de precios que se sabe que no sirven. ¿Cuál va ser el resultado? El peor, como hemos explicado en los puntos anteriores. Estamos a favor de (todas) las drogas libres, pero no hay que usarlas a la hora de hacer planes económicos y monetarios.

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