Lunes  25 de Mayo de 2020

Los políticos de mala fe en la ciudad de los contagios

Los políticos de mala fe en la ciudad de los contagios

Los números no dan tregua, la curva del Covid-19 va para arriba y objetivamente éste es el peor momento para flexibilizar la cuarentena, pero es verdad que tampoco los gobernantes le encuentran la vuelta al mix para que la economía no se siga deteriorando. “Va a tener que durar lo que tenga que durar” dijo el sábado bastante enojado Alberto Fernández, quien encabezó la conferencia de prensa tripartita junto a Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta. El énfasis (o quizás la bronca) lo expuso el Presidente porque desde hace dos semanas se comenzó a manifestar desde el costado económico una reacción muy clara hacia las medidas tomadas por el poder político. Las angustias del bolsillo que se registran a todo nivel (grandes empresas, pymes, asalariados o changarines), comenzaron a superar al temor a la enfermedad. 

Los adoradores de la apertura hablan de “marcha atrás” como si fuese algo sorpresivo, pero hay que darle la derecha a la coherencia de la tríada porque en tiempos de mayor romance había sostenido de modo unánime hace apenas quince días que “si tenemos que volver para atrás, vamos a volver para atrás” con la cuarentena. Los números indican a nivel nacional que la duplicación de casos verificados de coronavirus se manifestó durante los últimos catorce días, ya que el número total de enfermos contabilizados pasó de 6034 el 10 de mayo a 12076 ayer mismo, salto que siguió reduciendo el ritmo promedio de duplicaciones que venía siendo de 17 días en el país. Esto implica que, necesariamente, en las zonas más densas la velocidad de los contagios ha sido mayor y que por lo tanto resulta seguro también que, dentro del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), los números absolutos registran en algunos lugares bien identificados (los barrios carenciados) una mayor aceleración. 

Esta realidad de récords diarios de casos que surge de las estadísticas parece incontrastable y dominó la primera parte de la exposición conjunta del sábado, aún con las graves fallas y confusiones que se registraron en la presentación de los datos. En el segundo tramo del mensaje presidencial, aparecieron los tics que suelen acosar a los políticos en casi todos lados cuando por idolatrar al poder que presumen eterno a la hora de gobernar muestran algunas características que se dan en bonanza o en tiempos de oscuridad:

  • En nombre de la imagen, buscan caer siempre bien parados ante la opinión pública;
  • Lo hacen generalmente desde el costado económico con la plata que tributa buena parte de la sociedad;
  • No dudan en transferirle su responsabilidad a los demás y si es a la oposición, mejor;
  • Aprovechan el caudal de río revuelto para sacar ventajas personales, sobre todo cuando la sociedad está distraída;
  • Casi todos ellos son paranoicos por naturaleza;
  • Muchos mienten seguido o al menos no dicen toda la verdad y
  • Acomodan la realidad a su propia conveniencia o al pensamiento que los arropa.

Está claro que cuando hay mala fe todas estas características negativas se potencian.

Todos y cada uno de estos rasgos tan brumosos son siempre patrimonio esencial de los oficialismos. En el turno anterior se conjugaron en la tríada Macri-Peña-Durán Barba y ahora, quizás porque existe en la Argentina 2020 casi una única corriente de pensamiento activa, la mayor parte de esas manifestaciones se observan en la coalición gobernante, sobre todo entre quienes habitan el palo kirchnerista.

En medio de la peor crisis que se recuerde, el resultado de tamaño cóctel que hoy afecta a la sociedad toda se proyecta en lo sanitario y en lo económico y en ambos casos afecta malamente el costado sicológico de las personas (angustia, temor). Además, todos esos tics se nutren del autoritarismo que tanto le gusta a quienes suelen alabar las obligatoriedades. Así, al empadronamiento forzoso, los permisos de circulación, los precios máximos o el dólar cautivo, por nombrar algunas de esas taras, se le suman graves aspectos institucionales como los Decretos de Necesidad y Urgencia a discreción, la parálisis legislativa y sobre todo la judicial, mecanismo que permite la manipulación de causas que al poder le interesa. También están los avances de prueba y error sobre la propiedad privada y, todo ello, en nombre de la cuarentena.  

“Mientras gestionamos, hacemos política”, suele decir con mucho orgullo Máximo Kirchner. Hijo de dos ex presidentes, el mandamiento familiar que le viene al diputado ya desde su niñez en Santa Cruz es por estas horas su bajada de línea más frecuente. Ya su padre había explicado que para hacer política “se necesita plata” y su madre justificado que “para ser buena política no me tengo que disfrazar de pobre”. Con ese bagaje a cuestas y fiel a la consigna K, el gobernador Kicillof fue protagonista el sábado de 20 minutos a toda política en la conferencia de prensa que convocó el Presidente. Mandadero útil o intolerante por naturaleza fueron las opciones que eligieron sus críticos para definir el show que brindó el bonaerense para gambetear sus responsabilidades, mientras Horacio Rodríguez Larreta lo observaba mudo de toda mudez y Fernández se sacudía en su silla.

La intervención de Kicillof fue una suerte de frutilla del postre de una acción política orquestada para pasarle la mancha venenosa al otro. Por aquello de no quedarse nunca en posición offside, durante los días previos la idea de los bonaerenses fue instalar que la epidemia es esencialmente porteña y que desde allí se irradia hacia el Conurbano. Primero, criticaron fuerte algunos intendentes alineados con el Instituto Patria (hasta uno de ellos pidió cerrar los puentes, como si los hospitales porteños les fueran ajenos a la gente de los partidos limítrofes) y luego el mismísimo ministro de Salud, Daniel Gollán, mostró un ominoso mapa con un círculo rojo sobre la Capital Federal. Parece que hasta Kicillof lo chicaneó a Rodríguez Larreta en un encuentro previo en Olivos (“tuve que dar un rodeo para no pasar por la ciudad de los contagios”) y que a la hora de la conferencia de prensa no valieron para nada las recomendaciones de cautela que debería haberle hecho el Presidente. A la luz de los resultados y visto desde afuera, lo que resultó más que evidente es que la provincia de Buenos Aires ganó políticamente la pulseada.

Un alto funcionario del GCBA justificaba ayer mismo el proceder de su jefe esa noche en Olivos: “no era el momento ni el lugar y menos frente a Alberto. Con un desubicado era suficiente. Mirá si Horacio les tiraba con la famosa lista de Cafiero, Duhalde, Ruckauf, Solá y Scioli que estuvieron en la provincia 24 años seguidos. Se pudría todo”, graficó. Más allá de cierto comprensible pudor, llamó la atención que el Jefe de Gobierno no reaccionara políticamente, aunque sea de modo elíptico, sobre todo porque la ex gobernadora María Eugenia Vidal hoy trabaja con él en la Ciudad y Kicillof la aludió directamente. “Sabemos que el kirchnerismo siempre te provoca y te mide, pero no era ése el mejor momento para reaccionar. Hay cosas más graves en juego”, volvieron a insistir desde Parque Patricios.

En la sede del gobierno porteño lo relativizan, pero los más duros de Cambiemos están que arden contra HRL a quien califican de “peronista encubierto, cooptado por Alberto” o, al menos, de “tibio”. Finalmente, el interlocutor accedió a dar una explicación política sobre la interna, aunque dijo que lo hacía de modo “personal” y señaló que “justo quiénes fueron siempre débiles o tuvieron actitudes vergonzantes cuando éramos gobierno en la Nación, ahora critican la situación. Lo que nadie puede decir puertas adentro es que estamos haciendo las cosas mal”, planteó.

Para graficar la paranoia de los políticos hay que volver a exponer como nueva grieta la polémica que estalló en los medios y en las redes sociales: salud o economía. Por hacer del manejo de la crisis algo tan sesgado al restringido a su manual sanitario, al Gobierno le han salido al cruce vastos sectores de la opinión pública, algunos de modo bastante solapado y otros más abiertamente, con un argumento irrebatible: la cuarentena empobrece a todo el mundo. Estas críticas también se basan en estadísticas, las de una economía que no para de destruirse desde lo macro, pero también desde lo micro y sobre todo apuntan a  que nadie en el Gobierno sabe cómo contrarrestar de modo efectivo ni tampoco dice cómo imagina que se podría torcer la historia más adelante.

¿Qué dice ese juicio crítico? Que hoy solamente existe un plan más o menos orgánico para la deuda (no caer en default), mientras se asegura que no hay ninguno para encaminar la situación económica, ni propio ni el de un Comité de Expertos que asesore al Presidente para terminar de cruzar el río y para reiniciar luego la caminata hacia un rumbo cierto. Y ahí aparece el caso de diván ya que, para no rebatir estos argumentos, lo que dicen el Gobierno es que las críticas surgen de una conjunción de poderosos empresarios y de medios y periodistas que, como pierden plata, no dejan de presionar a toda hora y a cómo dé lugar. El costado más grave del proceso es que, como siempre sucede, la persecuta limita más aún la posibilidad de efectuar razonamientos para buscar soluciones, ya que se pierde demasiado tiempo en mirar detrás de los cortinados. Esa parálisis, que tiene además mucho de comodidad, hace que el gobernante se encierre más y que siga navegando en círculos para que no parezca que se le ha torcido el brazo.  

Por último, está el asunto del reparto de poder en la coalición gobernante, una manada que hoy no tiene un jefe sino dos. Dicen en el albertismo que no ha llegado todavía el tiempo de resolver el liderazgo, mientras los observadores esperan, casi de brazos cruzados, un encontronazo que quizás nunca se dará. Se han repartido los tantos y ambas partes atienden a juegos bastante diferentes, sobre todo porque uno de ellos, el Presidente, se ha tenido que hacer cargo de la colosal y dolorosa crisis que ha provocado la situación sanitaria y su correlato económico. Con la mochila más descargada de responsabilidades, Cristina Fernández se ocupa de allanar su situación judicial y la de su familia, mientras La Cámpora cuida las cajas y amplía su cobertura territorial vía el PAMI o la ANSeS y el Instituto Patria elucubra leyes o testea posibilidades que terminarán jugándole en contra a las inversiones que va a necesitar la economía que fatalmente sobrevendrá. Estupendo escenario para cerrarse y para volver a vivir con lo nuestro.

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