Lunes  03 de Junio de 2019

Generar confianza, desafío de la Argentina bipolar

Generar confianza, desafío de la Argentina bipolar

El riesgo pais se acerca vertiginosamente a los 1000 puntos, lo que implica que no hay acceso a financiamiento y que el mercado considera que existe un importante riesgo de que haya una reestructuración de la deuda pública en los próximos cinco años. La pregunta es si esta realidad refleja preocupaciones respecto a la capacidad o la voluntad de pago de Argentina.

Un análisis frío de los números no indica que el país va hacia una reestructuración. La deuda con el sector privado y los organismos multilaterales (incluyendo el FMI) se mantiene por debajo del 50% del PBI, lo que indica que el país no tiene un problema de solvencia. Son números parecidos o incluso más pequeños que los que tienen Brasil, Uruguay o Colombia, países que consiguen financiamiento a tasas razonables y en los que nadie habla de una posible reestructuración.

Tampoco existe un problema de un exceso de deuda de corto plazo, especialmente luego de que este año se va a reducir significativamente el stock de las Letes en dólares con fondos que provee el Fondo Monetario Internacional. En los próximos años vencen en promedio unos 5000 millones de bonos por año, un monto que en el pasado se pudo refinanciar sin problemas en el mercado.

Las necesidades financieras del Estado son más grandes, porque además de los vencimientos hay que pagar los intereses que representan unos u$s 13.000 millones por año, pero de cualquier manera son montos que no deberían desvelar a los tenedores de bonos en circunstancias normales.

El gran problema es que Argentina no parece estar en circunstancias normales, y que los inversores nos miden con una vara mucho más exigente que en el pasado y que la que usan para medir a la mayor parte de los países.

Nuestra debilidad es que tenemos un pasado que nos condena, con legisladores que vivieron el default de 2001 como un orgullo y no como una vergüenza nacional. Además, existe la amenaza de que vuelva un gobierno que no tuvo reparos en dibujar números de inflación para estafar a quienes habían entrado de buena fe al canje de deuda en 2005, y que mantuvo una actitud hostil con una gran parte de los bonistas que no aceptaron el canje y que implicó que el país siguiera en default hasta 2016.

Si bien las necesidades financieras de la Argentina para los próximos años son manejables, se requiere acceso a los mercados. Todos los países pagan su deuda emitiendo nueva deuda, y esto es cierto para Estados Unidos, Brasil, Uruguay o el país que se les ocurra. Sin acceso a nuevo financiamiento las deudas son impagables.

Es aquí donde está el nudo georgiano para los próximos años, en el que hay básicamente dos escenarios bipolares, dependiendo de si se recupera o no la confianza.

Sin confianza no habrá financiamiento y aparecen muchos nubarrones. Cada vez que venza un bono la gente recibirá dólares que seguramente invertirá en el exterior, difícilmente haya vocación para reinvertirlos en la Argentina y de prestárselos al Gobierno. Esta situación generaría un círculo vicioso, en el que el riesgo país se mantendría alto, no habría acceso a los mercados y eventualmente no habría más fondos para poder honrar la deuda.

Pero con confianza el escenario sería muy diferente, y los temores se disiparían rápidamente. Con credibilidad el riesgo país bajará rápidamente, se reabrirán los mercados de crédito y se generaría un círculo virtuoso en el que los inversores detectarían que invertir en bonos argentinos representa una gran oportunidad, el riesgo país bajaría y eventualmente volvería a niveles cercanos a los que había en octubre de 2017, o sea un poco más altos que los de Brasil y lejos de los niveles actuales.

¿De qué depende la confianza? ¿Cómo se muestra voluntad de pago? No hay recetas mágicas, pero los países que han superado los difíciles trances como los que atraviesa la Argentina hoy lo hicieron mostrando una firme voluntad de equilibrar las cuentas fiscales y de mantener las reglas de juego con las que juegan casi todos los países.

¿Qué papel juega el FMI en esta trama? Por ahora viene poniendo dólares, y para fin de este año ya habrá desembolsado unos u$s 50.000 millones, lo que representará 25% de la deuda neta, con lo que el Fondo se convierte en un importante jugador en las negociaciones de la deuda. Tanto en 2022 como en 2023 hay vencimientos con el FMI de u$s 20.000 millones, un monto que difícilmente se pueda conseguir en el mercado de deuda.

La alternativa para pagarle al Fondo es que se haga un nuevo programa que remplace al Stand-by actual por otro de Facilidades Extendidas, que sería a más largo plazo y permitiría refinanciar esos abultados vencimientos a cambio de reformas estructurales.

Si bien esta posibilidad descomprimiría la situación financiera, hay una pregunta preocupante que ronda en el ambiente: ¿pedirá el Fondo que los bonistas lo acompañen en la extensión de plazos, o sea que haya un nuevo canje de deuda? La razón por lo que se ha hecho en otros casos es que el Fondo no quiere hacer un bail-out o rescate al sector privado, o sea que sus fondos se usen para darle una salida fácil a los tenedores de bonos.

Sin embargo, esto no sería necesario si Argentina logra volver a tener acceso a los mercados de deuda, ya que en ese caso le pagaría al FMI con fondos que consiga en el mercado de capitales. La clave, una vez más, está en recuperar la confianza.

En conclusión, a pesar de que el riesgo país está en niveles estratosféricos, la Argentina hoy no tiene un problema de solvencia. Los temores respecto de una posible reestructuración de la deuda reflejan principalmente preocupaciones con la voluntad de pago del gobierno. El desafío será generar confianza para recuperar el crédito necesario para financiar el crecimiento de largo plazo.

La confianza no se va a recuperar con palabras o promesas, va a requerir hechos y que se sigan haciendo los esfuerzos necesarios para que los inversores vuelvan a creer.

Nuestra debilidad es que tenemos un pasado que nos condena, con legisladores que vivieron el default como un orgullo y no como una vergüenza

Sin confianza no habrá financiamiento y aparecen muchos nubarrones hacia el futuro. Con ella, en cambio, los temores se disiparían rápidamente.