Jueves  20 de Septiembre de 2018

El presupuesto 2019: plan Perdurar y, tal vez, más Durán Barba que Dujovne

El presupuesto 2019: plan Perdurar y, tal vez, más Durán Barba que Dujovne

- ¿Crees que yo te mentiría, Amir agha?

De pronto decidí jugar un poco con él.

- No lo sé, ¿lo harías?

- Antes comería tierra – respondió con una mirada de indignación.

- ¿De verdad? ¿Lo harías?

Me miró perplejo.

- ¿Hacer qué?

- Comer tierra si te lo pidiese – dije.

Cometas en el cielo. Hosseine Khaled (2003)

Las proyecciones macroeconómicas que acompañan el Proyecto de Presupuesto 2019 suponen que el gobierno lograría instrumentar el anhelado plan PERDURAR: ancla cambiaria que permita disminuir la inflación, no tener necesidad de financiar el déficit de cuenta corriente con endeudamiento gracias a un incremento sustantivo en el total exportado y la IED (Inversión Extranjera Directa), sustancial caída en el nivel de dolarización (a contramano de lo observado durante los años electorales presidenciales con apreciación cambiaria como el 2011 y 2015 y lo ocurrido en el período 2017-2018), el fin de la corrida cambiaria y la estabilización de la economía en el corto plazo, una recesión del tipo v corta, etc.

¿El gobierno cree posible reeditar el plan PERDURAR? ¿Tan desconcertados están? ¿Es así? Tal vez, no. Tal vez, el gobierno no crea en las proyecciones macroeconómicas presentadas y en la estimación de un dólar a $ 40 para el año 2019 haya más de Durán Barba que de Dujovne. Paso a explicarme.

Las proyecciones macroeconómicas y el déficit cero

A continuación, invito al lector a analizar algunos de los datos presentados en la Ley de Presupuesto. Tras analizar los datos, tal vez, se justifique una relectura del optimismo oficial que entiendo más razonable: se proyecta un escenario optimista (donde la proyección sobre el valor del dólar es la más difícil de justificar) para presentar un ajuste que se lograría, en lo más sustantivo, gracias al incremento en la recaudación por las retenciones a las exportaciones y a la baja en los subsidios económicos.

Si se proyecta un escenario con un dólar más alto, valores de la soja similares a los actuales, mayor inflación y menor nivel de actividad, operaría el tope en las retenciones (de $3 y $4), la recaudación vinculada a las importaciones se vería afectada, la caída en la actividad tendría impacto en la recaudación y los subsidios económicos serían más difíciles de disminuir (el costo de la energía está dolarizado). Es decir, en un escenario menos optimista, las retenciones a las exportaciones y los subsidios económicos no alcanzarían para lograr el “déficit cero”.

El cierre del ejercicio 2018

Si bien los datos presentados para el cierre del ejercicio 2018 suponen cierto optimismo en el total de recursos tributarios y el total de gastos de capital (el optimismo se compensaría entre ambos conceptos), los datos presentados resultan plausibles en función de la evolución de la recaudación y los informes sobre ejecución presupuestaria que elabora la Oficina Nacional de Presupuesto. Es decir, los datos del cierre del 2018 son un punto de partida razonable para evaluar el objetivo de “déficit cero” para el 2019. En el cuadro 1, se presenta un comparativo entre el 2018 y el 2017.

Como puede observarse, la baja en el total del déficit se explica por un aumento del 0,4% del pbi en el total de ingresos corrientes (por rentas de la propiedad y el impacto de las tasas de interés pasivas que cobra el FGS) y una disminución del 0,4% del pbi en el total del gasto de capital.

El total de gastos corrientes mantiene un total equivalente al 22,4% del pbi que esconde un comportamiento disímil al interior de sus agregados principales. En efecto, mientras los intereses de deuda muestran un incremento interanual nominal del 66,5%, las remuneraciones crecen un 21,9%, las prestaciones de la seguridad social un 29,3% (el cambio de fórmula de fines del año pasado explica la variación por debajo de la inflación) y las transferencias corrientes un 23,2% (este concepto incluye desde las universidades a los subsidios a la energia y el transporte). Más allá de la estimación inflacionaria que se considere razonable, la caída en términos reales de estos componentes es innegable y muy significativa. El otro concepto que muestra una caída en términos reales muy significativa son las transferencias destinadas a provincias y municipios para financiar obra pública que a valores nominales disminuyen un 33,7% (transferencias de capital).

La comparación con el ejercicio 2015

En el cuadro 2, se resume la evolución de los principales agregados durante el período 2015-2018.

Si comparamos la situación fiscal de la APN a fines del 2015 con el año 2018 se observan las siguientes cuestiones:

  • El déficit financiero de 2018 es mayor al del 2015 en un 0,46% del pbi.
  • Los salarios del sector público y las transferencias corrientes disminuyen en un 1,43% del pbi. Las jubilaciones muestran un leve aumento del 0,5% del pbi. En conjunto estos tres items significan una caída del gasto corriente del 0,9% del pbi.
  • Los intereses de deuda pública muestran un incremento del 1,98% del pbi. El aumento de los intereses de deuda pública no sólo compensa la baja del resto de los componentes del gasto corriente sino que explica el aumento en el total de los gastos corrientes.
  • En el 2015, los intereses de la deuda pública significaban un total menor al total de los salarios del sector público o al total de los fondos destinados a obra pública (gastos de capital). En el 2018, los intereses superan a ambos conceptos.
  • El total de gastos de capital muestra una disminución equivalente al 1,27% del pbi.
  • El total de ingresos corrientes disminuye un 1,1% del pbi, en parte, por las modificaciones impositivas observadas durante el período y, en parte, por el acuerdo firmado con las provincias a partir del fallo de la Corte suprema respecto del 15% de los fondos coparticipables que se destinaban a la ANSES.

Es decir, si comparamos el 2018 con el 2015, el leve aumento del déficit fiscal lo explica la disminución en el total de ingresos y el aumento en el total destinado a intereses de deuda, ambos conceptos parcialmente compensados por la baja en el total destinado a salarios, transferencias corrientes y gastos de capital.

El “deficit cero”

En el proyecto de presupuesto 2019, el gobierno se propone lograr el “déficit cero del gasto primario”. Es decir, se espera que el resultado financiero sea similar al total de intereses de deuda. Para la APN, se proyecta un déficit financiero del 3,2% del pbi equivalente al total de intereses de deuda (en realidad, el total de intereses de deuda es algo superior lo cual significa que el objetivo es alcanzar un leve superávit primario de la APN).

En términos de los datos presentados en el cuadro 1 y 2, esto significaría que debería disminuir el gasto o aumentar los ingresos de la Administración Pública Nacional en un 1,7% de pbi. ¿Cómo se lograría esto? Las retenciones a las exportaciones aumentarían los ingresos en un 1,1% del pbi y los subsidios económicos disminuirían el gasto en un 0,7% (la mitad lo explicaría la transferencia de los subsidios a la CABA y a la Provincia de Buenos Aires). Estos son los dos aspectos centrales de la estrategia de “déficit cero” presentada (hay otros conceptos que muestran variaciones positivas y negativas pero que resultan menos sustantivos y varios se cancelan entre sí).

En el mensaje, se incluyen apartados con ejercicios que simulan el impacto en el gasto y los ingresos frente a desvíos en las estimaciones de inflación (aumenta ingresos tributarios en mayor medida que gastos que se ajustan por inflación), actividad (disminuye los ingresos tributarios) y tipo de cambio (aumentan ingresos por impuestos sobre las importaciones y en menor medida por las retenciones dado el límite que implican los topes nominales y aumentan los gastos al aumentar los subsidios económicos por los costos de la energía dolarizados).

En un escenario donde el dólar fuera mayor al proyectado, el nivel de actividad menor (con impacto en el total de importaciones) y los precios de la soja similares a los actuales, el impacto del tipo de cambio y la actividad sobre el total de ingresos y gastos proyectados sería negativo. En este escenario, se necesitaría otro tipo de ajuste para alcanzar el “déficit cero”. No alcanzaría con las retenciones y no sería posible disminuir los subsidios económicos. En lo personal, entiendo que un ajuste similar al del 2018 es el tipo de ajuste más probable en este escenario. Es decir, el ajuste se concentraría en conceptos tales como los salarios, el gastos de capital o las transferencias corrientes no asociadas a subsidios económicos (universidades por ejemplo). La magnitud va a depender de la evolución del dólar, el valor de la soja, el nivel de actividad y la inflación.

El presupuesto y las proyecciones macroeconómicas

Las proyecciones macroeconómicas no son neutras respecto del tipo de ajuste que haría falta para lograr el objetivo de “déficit cero”. Cada tipo de ajuste significa esfuerzos diferentes a actores y sectores económicos disímiles con implicancias sociales y sobre la dinámica macro distintos. En principio, el optimismo oficial en las proyecciones macroeconómicas (sobre todo en relación al valor del dólar) respondería, antes que a consideraciones macroeconómicas, a cuestiones comunicacionales. El lector juzgará que tipo de ajuste entiende es más probable se produzca y en función de ello el impacto más probable. Como siempre, bienvenidas las críticas.

PD: En esta columna, se presentan los datos de la Administración Pública Nacional.  El “déficit cero” es un objetivo del gobierno no sólo para la APN sino para todo el Sector Público Nacional (que incluye además de la APN a los Fondos Fiduciarios y las Empresas publicas). Algunos datos que presenta el Ministerio de Hacienda se refieren al Sector Público Nacional y esto explica algunas diferencias con los datos presentados en esta columna. Las diferencias son menores. Los primeros capítulos de la Ley de presupuesto se refieren a los gastos e ingresos de la APN (representan el 90% del total de gastos y recursos del SPN).

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