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SÁBADO 23/03/2019

El plan Picapiedras y el dólar

El plan Picapiedras y el dólar

“La mujer se desesperó. -Y mientras tanto qué comemos-, preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. Lo sacudió con energía. -Dime qué comemos.- El coronel necesitó setenta y cinco años, los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto, para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder: - Mierda.”

Gabriel García Marquez. El coronel no tiene quien le escriba. (1961)

Los pronósticos 2019

El 4 de Diciembre de 2018, el BCRA publicó su “Relevamiento de Expectativas de Mercado” (REM) basado en las proyecciones de 32 consultoras, 14 entidades financieras y 7 analistas extranjeros realizadas entre el 27 y 28 de noviembre de 2018. Por ese entonces, la mediana de los pronósticos proyectaba para el 2019: una inflación del 28,6%, una variación del PBI del -1,2% (suponiendo un segundo semestre donde se crecía con fuerza), una tasa de Leliq descendente hasta alcanzar un valor de 35% a fin de año y un dólar a $ 48,5 en diciembre de 2019.

En lo sustancial, los pronósticos de la mediana del REM compartían la misma mirada que los del oficialismo (aunque menos optimistas):

i) la inversión y las exportaciones impulsarían el crecimiento durante el segundo semestre (gracias al nuevo valor del tipo de cambio real) y

ii) la disminución del déficit primario y el crecimiento acotado de la base monetaria disminuirían la inflación (entendiendo que la inflación es un fenómeno de “exceso de demanda”). La baja de la inflación, tendría un impacto positivo adicional sobre la demanda agregada (con impacto en el consumo privado) y permitiría disminuir la tasa de interés.

En esa misma fecha, en El Cronista, se publicó la nota: “Pronóstico 2019: Recesión y alta incertidumbre”, en la que se criticaba el optimismo oficial y se alertaba sobre la continuidad de la dinámica caracterizada por los fenómenos “Dolarización-devaluación-recesión-inflación”.

En esa nota, se alertaba sobre las pocas posibilidades de que la economía vuelva a crecer (se proyectaba una caída en los principales componentes de la demanda agregada) y se logre disminuir la inflación (entendiendo que el problema inflacionario no es por “exceso de demanda”). En síntesis, se proyectaba una inflación similar a la del año pasado (superior al 40%) y la continuidad de la recesión

Sobre el valor del dólar, en particular, en noviembre de 2018, se afirmaba: “Semanas atrás, Sandleris logró que 'la codicia le gane al pánico'. La suba en las tasas de interés calmó el mercado de cambios. Era una de las dos posibilidades tras la firma del último acuerdo con el FMI. Más allá de la calma actual 'no estacionaria', los fenómenos de 'dolarización-devaluación' volverán a gravitar. La incognita es cuándo y cuánto se va a mover el dólar. Si la nueva corrida empieza en enero no es lo mismo que si arranca en junio...”, “... En el fondo, hablamos de escenarios con diferentes saltos necesarios en el valor del dólar para licuar los agregados en pesos ante un evento de dolarización y salida de capitales. El gobierno está atado de manos (acordó con el FMI limitarse con el dolar futuro, la intervención via bancos oficiales, las licitaciones en los límites de las bandas, etc.). Como el gobierno tiene menos herramientas de intervención, cuando vuelva la corrida, el ajuste en el valor del dólar va a ser más veloz al observado este año y posiblemente la licuación sea mediante un salto discreto...

En relación al dólar, la diferencia, entre los pronósticos de la mediana del REM (y el oficialismo) y el presentado en “Pronóstico 2019: Recesión y alta incertidumbre” radicaba en el enfoque sobre la magnitud de la dolarización de portafolio este año y la capacidad de la tasa de interés para influir en el fenómeno.

Desde la perspectiva de este columnista, si bien la tasa de interés puede demorar la dolarización de portafolio, no la puede evitar y la dolarización este año será similar a la del año 2011 o 2017 (superior a los u$s 20.000 millones). Es decir, la demanda de dólares excederá a la oferta y esto tendrá impacto sobre el valor del dólar (los dólares del FMI alcanzan para financiar el programa financiero y un total de u$s 10.000 millones que podría financiar dolarización/déficit cuenta corriente vía ventas del Tesoro). 

Estamos en marzo. El año recién empieza. Los datos más recientes del MULC (enero), evolución depósitos en pesos del sector privado, etc. no indican una tendencia concluyente aún.

En los próximos meses, volveremos sobre estos pronósticos.

El “Plan Picapiedras” y el dólar

La mejor definición sobre la política ecónomica en curso pertenece al economista Carlos Melconian: “Plan Picapiedras”.

El objetivo del “Plan Picapiedras” es simple: llegar a las elecciones con el dólar bajo control (y que sirva de ancla inflacionaria).

El gobierno tiene dos instrumentos:

i) el ajuste fiscal y la política de ingresos que profundiza la recesión y disminuye la necesidad de dólares (mejorando el resultado de cuenta corriente)

ii) la tasa de interés y el control de los agregados monetarios que intentan frenar la dolarización de portafolio e impactan en el nivel de actividad, en ambos casos, disminuyendo la demanda de dólares.

La eficacia de estos instrumentos depende de la efectividad de la tasa de interés para disminuir la dolarización de portafolio. 

¿Qué pasa si el gobierno se equivoca, es decir, si la dolarización es alta? El dólar se va a mover con rapidez hasta como mínimo licuar el crecimiento de los agregados monetarios vinculados a las tasas de Leliq (los plazos fijos en pesos del sector privado). Si se intentara subir la tasa para evitar el salto (vía mayor absorción con Leliqs), se podría diferir el salto a costa de un ajuste posterior mayor (en opinión de este columnista). 

El “Plan Picapiedras” y la realidad

A esta altura, probablemente el lector se pregunte, ¿El único objetivo del gobierno es usar el dólar como ancla inflacionaria basandose en supuestos de difícil realización? ¿Y el nivel de actividad, el empleo, la sostenibilidad macro, el programa financiero cuando se acaben los dólares del FMI, la pobreza, la inflación, el impacto de las tasas de interés en pymes y familias, la crisis industrial, etc? (en algun sentido, si releemos la cita de la novela de García Marquez en el inicio de esta columna, las preguntas del lector se parecen a las de la mujer del Coronel)

Abusando de la metáfora de Melconian, si le hiciéramos estas preguntas a los responsables del “Plan Picapiedras” posiblemente nos responderían: “¡Yabadabadú!” (en algún sentido, una respuesta similar a la del Coronel en la cita, aunque menos digna y literaria)

Como siempre, bienvenidas las críticas.

Comentarios1
Victor Kon
Victor Kon 17/03/2019 10:55:21

Excelente nota.

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