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Comercio exterior en 2017: señales de alarma

PAULA ESPAÑOL Directora de Radar Consultora

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Comercio exterior en 2017: señales de alarma

La balanza comercial cierra el 2017 con un fuerte cambio de signo: pasó de un superávit de u$s 2100 millones en 2016 a un déficit que se acercará a los u$s 9000 millones un año más tarde. Esta evolución resulta preocupante en dos aspectos clave: la sustentabilidad del frente externo, en un contexto donde el déficit de cuenta corriente se ubica en torno al 5% del PBI, y el impacto negativo que genera sobre la producción y el empleo.

Las importaciones mostraron una fuerte suba durante el año (13,2% en cantidades hasta noviembre), impulsadas por bienes finales y bienes de capital. Por cada punto que subió el PBI, las importaciones crecieron 4,5, por encima de la media histórica (3 puntos).

El impacto de la apertura de los bienes finales se sintió con más fuerza en sectores generadores de mano de obra (calzado, confecciones, marroquinería, entre otros). La tormenta perfecta (consumo débil y crecimiento de las importaciones) se mantuvo en 2017 para estos rubros, lo que explica gran parte de la caída del empleo industrial: 65.000 puestos registrados en dos años

A estos sectores también se suma una fuerte presencia de productos importados en ramas como la metalmecánica y la automotriz. Así, la participación de las importaciones de bienes finales (incluyendo vehículos) sobre el total llegó a 22,5%, alcanzando el promedio de la convertibilidad. En 2003-2015, fue 17,5%.

Una parte importante del salto importador se debe al ingreso de bienes de capital, lo que podría a priori ser una señal de un futuro aumento de la productividad total de la economía. Pero la suba está explicada casi en su totalidad por algunos pocos productos que no necesariamente mejoran la competitividad de la economía. El aumento de las importaciones de computadoras, camiones, pick-ups, maquinaria vial y equipos de telecomunicaciones representan casi el 70% del aumento de las compras al exterior de bienes de capital.

Las exportaciones, por su parte, mostraron un pobre dinamismo durante 2017, y cierran prácticamente en los mismos niveles que 2016, medidas en cantidades. La elevada base de comparación del año pasado -como consecuencia de la liquidación de stocks de principios de 2016- hizo que la exportación del complejo sojero se contraiga 8,3% durante el año. En cambio, las exportaciones de trigo exhibieron una fuerte suba (30%), pero no lograron compensar la baja del complejo sojero.

Las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial fueron las más dinámicas: crecieron 10% en cantidades. Sin embargo, la suba estuvo muy concentrada. Cuatro productos (pick-ups, aluminio en bruto, tubos sin costura y oro en bruto) representaron el 85% del incremento de las mismas.

En síntesis, los números del comercio exterior de 2017 representan una importante señal de alarma tanto en términos macroeconómicos como productivos. De profundizarse la apertura comercial en 2018, el crecimiento económico seguirá siendo heterogéneo, con problemas en el mercado laboral y con una creciente fragilidad externa.

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