Bolsonaro vs. Haddad, rumbo al ballottage: una campaña a medida de Lula

Bolsonaro vs. Haddad, rumbo al ballottage: una campaña a medida de Lula

Ya sea en contra o a favor, ambos candidatos decidieron construir sus campañas sobre la figura del expresidente de Brasil, en el contexto de una elección marcada por el fantasma de la corrupción y la desconfianza en las instituciones. 

De un lado, Jair Bolsonaro, del otro Fernando Haddad, y en el medio: Lula da Silva. A contramano de las premisas básicas que exige una campaña electoral, los candidatos eligieron ceder su protagonismo personal ante la figura del expresidente  que es esgrimido –en el marco de la inestabilidad política en la que se sumió Brasil luego del impeachment de Dilma Rousseff y la asunción del actual presidente Michel Temer, sumada a un proceso judicial que ha destapado uno de los mayores casos de corrupción en la Historia del país– tanto por sus correligionarios como por sus opositores, como una estrategia política.   

Es una campaña absolutamente emocional, sin un mínimo atisbo de apelación a algún razonamiento a la hora del voto por parte de la gente. Por fuera de sus partidos ninguno de los dos tiene mucho para mostrar: no son líderes carismáticos, son dos candidatos con muy poca sustancia. Bolsonaro basa su campaña en que no es corrupto y Haddad hace una apelación a que él es Lula, y no es inteligente tratar de mimetizarlos porque si ‘Haddad es Lula’, en algún punto están diciendo que Haddad no existe”, analiza José María Rodríguez Saráchaga, especialista en comunicación no verbal  al frente de Oratoria Consulting.

 

Famoso por su retórica pro dictadura y su incorrección política, Bolsonaro (candidato por el Partido Social Liberal) se ha ganado el repudio de varios sectores de la sociedad brasileña, en especial el de las mujeres,  protagonistas de un flamante movimiento, ‘Mulheres contra Bolsonaro’, que ya suma alrededor de 2 millones de miembros sólo en Facebook. Sin embargo, Bolsonaro  es uno de los candidatos más populares en las redes sociales en gran parte gracias a la participación activa de sus militantes, los ‘bolsominions’.  Más allá de su discurso de derecha, el actual diputado del Partido Social Liberal es la figura con mayor intención de votos, tendencia que escaló especialmente luego del atentado que sufrió el pasado 6 de septiembre, cuando fue apuñalado. “Siempre que un candidato sea víctima de algo lo levanta ante la gente, es una respuesta emocional. No sé si lo está explotando todo lo bien que podría, pero lo está explotando”, comenta Rodríguez Saráchaga. “Es claramente un referente de la antipolítica: lo único que tiene es una coyuntura a favor, tiene a todo Brasil metido en un proceso de Lava Jato y él es el único que no cobró coimas”, resume.

En este sentido, Luciana Rosa, periodista  brasileña que vive en la Argentina hace 7 años,  explica: “Bolsonaro es un fenómeno que surge –y que crece– por el descreimiento de los electores brasileños en la política, en las instituciones. La promesa de Bolsonaro es ser el salvador de una elite que ahora se siente robada por la corrupción y el Partido de los Trabajadores (P.T.). 'Hacer Brasil great again' de alguna manera. Son discursos que no están basados en propuestas: en cualquier debate, cuando se le preguntaba a Bolsonaro sobre sus propuestas para la economía de Brasil, él no sabía cómo contestar esa pregunta. Como diputado tenía muy pocas propuestas y casi ninguna fue aprobada, tenía un porcentaje de productividad que es una vergüenza”, afirma.  

Del otro lado, excepto por su pertenencia al mismo partido y la adhesión a ciertos principios básicos del P.T.,  Haddad –ungido como candidato oficial a menos de un mes de las elecciones, y sólo después de agotar todas las instancias para resolver una potencial candidatura de Lula da Silva–  tiene pocos puntos en común con el del líder de su partido, por más de que esa sea la estrategia que haya elegido seguir. Mientras lucha contra un amplio margen de desconocimiento, y con poco tiempo para revertirlo, el exalcade de San Pablo apuesta a que su imagen –alejada de los hechos de corrupción que mancharon al P.T. y a sus principales líderes–, pueda mimetizarse con la del expresidente  (el spot de campaña ‘Haddad es Lula’, es el ejemplo más elocuente) y le permita seducir a un electorado que, por su perfil académico, más cercano a las elites brasileñas que a las clases populares, todavía le resulta esquivo.  “Lo que Haddad está haciendo ahora en la campaña es muy parecido a lo que dicen acá que ocurrió con Juan Domingo Perón y Héctor Cámpora. Haddad fue  ministro de Educación de Lula. Si bien era un perfil que tenías algunas políticas bastante populares, no era 'del pueblo', es alguien más instruido. La élite de San Pablo lo eligió como alcalde. Es tan de la élite que es muy poco conocido en Brasil en general. Es parte de lo que podría ser una renovación del P.T., una nueva cara, porque ellos también necesitaban a alguien que no hubiera estado rozado por ningún caso de corrupción, que es exactamente el problema que tiene el P.T. ahora: combatir esa imagen de un partido corrupto. Pero  están viendo, más ahora, que tienenque 'lulalizar' a Haddad lo más que pueda en estos días que le quedan para hacerlo”

El tiempo es, de hecho, uno de los principales obstáculos en la carrera de Haddad rumbo al 7 de octubre. “No se puede inventar un candidato de la nada”, admite Rodríguez Saráchaga y reflexiona: “Los votos no se pasan. Ese tipo de estrategia generalmente es un juego de suma 0 porque ni siquiera a todos los que apoyan a Lula  los puede convencer de que él es Lula. Y Lula tiene una imagen complicada porque hay mucha gente que lo ve como un corrupto, entonces esa postura no te garantiza a los propios y te hace perder definitivamente a los ajenos”.

 

Aunque un eventual ballotage entre ambos aparece como el escenario más probable, por ahora la única certeza que existe  es el papel definitorio que ha jugado la corrupción en esta campaña presidencial. “Uno de los fantasmas de estas elecciones es la lucha en contra de la corrupción. Se ve una desconfianza en las instituciones democráticas. Tanto que antes en Brasil siempre en las elecciones generalmente había una segunda vuelta entre el P.T. y el P.S.D.B. (Partido da Social Democracia Brasileira, creado  por el expresidente Fernando Henrique Cardoso), hoy en día el candidato del P.S.D.B. no está a la cabeza de los sondeos”, recuerda Rosa. En la misma línea, Rodríguez Saráchaga concluye: “El Lava Jato explica a los dos candidatos, no estaríamos hablando de ellos sino hubiera ocurrido. Sino estaríamos hablando de otra realidad, otros candidatos, otro país”.

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Abas Tanus Mafud
Abas Tanus Mafud 23/10/2018 09:01:48

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