El Galpón del Anticuario se convierte en restaurante una vez por semana

El Galpón del Anticuario se convierte en restaurante una vez por semana

En la antigua fábrica de dulces Esnaola, en Villa del Parque, funciona un galpón de muebles antiguos donde, una noche por semana, funciona un restaurante a puertas cerradas

Una gran barra de 10 metros de largo que fue parte del bar de la tienda Harrod's en la calle Florida. Y unas banquetas altas estilo victoriano. Así es la bienvenida al Galpón del Anticuario, en Villa del Parque.

Enseguida, recorrer los ambientes se convierte en un viaje en el tiempo por las distintas épocas que conviven en el mismo espacio. Pero la invitación no es sólo a observar sino a disfrutar de una cena entre antigüedades y rarezas de los siglos XVIII al XX.

Los cocineros Ernesto Oldenburg y Carolina Rodríguez Mendoza trasladan, todos los jueves, su restaurante 12 servilletas, que funciona en Lobos, a este rincón oculto de la ciudad, para que los comensales vivan la experiencia única de una cena a puerta cerrada en un anticuario, con un menú que varía cada semana, siempre maridado con los vinos Saint Felicien, de Catena Zapata. 

Escondido en Villa del Parque, en lo que fue la antigua fábrica de dulces Esnaola, se encuentra este Galpón que, a lo largo de 45 años, se fue poblando de los muebles, las antigüedades y los objetos únicos que pacientemente rastreó por el mundo Guillermo Castro, segunda generación de anticuarios

Una réplica de una cómoda francesa diseñada por Jean Henri Riesener en 1775 para el dormitorio de Luis XVI en el Palacio de Versalles; bocetos originales, faroles y esculturas del gran herrero José Thenée, muebles diseñados por Jean Michel Frank y por el arquitecto paisajista Bustillo; grabados de Castagnino, esculturas de Picault, una colección de barcos antiguos fantásticos, cristalería de Baccarat... Dar cuenta detallada de los objetos y su valor parece tarea imposible. 

En el primer encuentro, los invitados fuimos recibidos con focaccia y paté de campo para degustar junto a una copa Saint Felicien Brut Nature sobre esa barra que alguna vez brilló en el Harrods.

Luego, a la hora de pasar a la mesa, la entrada consistió en pesca fresca y hojas orgánicas y aromáticas a la plancha, esta vez con un Saint Felicien Chardonnay. Al rato y para preparar el paladar para lo que vendría luego, una granita de melón, lima, menta y jengibre.

El segundo paso, consistió en un bife de chorizo a las brasas de leña, chimichurri de hierbas frescas, remolacha, hinojos y cogollos verdes asados con una copa de Saint Felicien Cabernet Merlot. 

A la hora de lo dulce, primero unos pickles de membrillo con ricotta de cabra. Luego, un delicioso crumble de ciruelas con crema montada y una copa de Saint Felicien Semillón Doux.

Sólo se accede con reserva previa al 1135929931. Toda la experiencia cuesta $2200. 

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