Quién es Lucía Chain, la diseñadora centennial que crea ropa ecológica

Quién es Lucía Chain, la diseñadora centennial que crea ropa ecológica

Es una de las más vanguardistas de su generación. Usa tintes extraídos de plantas y textiles orgánicos. Cuestiona el sistema de la moda por no ser eco friendly, pero vende sus diseños en un shop online de fast fashion global.

Lucía Chain se presentó en sociedad en 2014, con un desfile como ganadora de Semillero UBA, la plataforma que la Universidad de Buenos Aires realiza en BAFWeek. A partir de ese momento capitalizó los concursos como una posibilidad de darle visibilidad a su proyecto sustentable. Viajó a las semanas fashion de Milán, Holanda, Finlandia, Chile, Costa Rica, Berlín, Miami y Ámsterdam. Este año, llevó su colección Invierno 2020 a Moscú.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Siendo argentina, sé que no tenemos mucho a nuestro alcance. Entonces, es un desafío que sea bueno lo que hacemos. E inclusivo también”, cuenta la diseñadora que cuestiona el sistema de la moda y busca nuevas formas para comunicar de manera amable cómo es posible modificar hábitos indumentarios. Chain se comercializa en Yoox, el shop online que pertenece al lujoso Net-a-Porter; en tiendas de Japón, a través de HP France; y en la sede porteña de Panorama, la tienda multimarca de lujo nativa de San Ignacio, en Punta del Este.

También es posible encontrar sus diseños en exposiciones de vanguardia, como la realizada en el Museo Ferragamo, en Florencia, Italia, donde fue seleccionada para ser parte de Sustainable Thinking, una celebración de la sostenibilidad del cruce entre arte y moda.

¿La moda está preparada para ser sostenible?

Los nuevos diseñadores ya nacen con proyectos sustentables, o al menos lo intentan. Hay pocas marcas y creativos que tratan de ir por otro lado porque esta visión ya es algo natural. Pero todavía falta un montón. A la moda le falta comunicar lo que está bien y lo que está mal, para que el público se pueda replantear cómo consumir.

¿En la Argentina existe un consumidor consciente de moda?

Acá me pasa que tengo muchos más seguidores por la filosofía de la marca que clientes. Todavía falta que las personas entiendan que se pueden vestir con nuestras prendas, que no es una opción extremadamente cara y que vale muchísimo más la pena que comprarte ropa en un local masivo.

¿Está bien comunicada la sustentabilidad en la industria textil?

Hay varias ramas de comunicación que son discutibles. Por un lado, está la genuina, la positiva, que te explica los procesos, qué hay detrás de la producción, cómo son los tiempos, de dónde vienen los materiales. Por otro lado está la comunicación que para mí es negativa y se da masivamente. En los últimos tiempos siento eso con el Fashion Revolution (NdR: Movimiento global que busca reformar el sistema de la moda). Está buenísimo porque impulsó a muchos productores a reflexionar sobre sus acciones, pero al mismo tiempo se lo plantea de una manera que deja al consumidor afuera. Algunos, muy radicales, quieren dar de baja directamente la lógica de la moda. De alguna manera plantean que la moda tendría que terminar, porque es nociva. Y eso no va a suceder porque es la industria más importante de muchos países. Hay que generar un impacto positivo para que el cambio pueda suceder, comunicando lo negativo pero difundiendo lo positivo que se hace.

¿Es posible confeccionar indumentaria con materia prima sustentable en el país?

Es una investigación que no termina nunca. Trato de priorizar a la industria nacional. Por eso, un gran porcentaje de mi colección es de algodón producido en Chaco. También incorporo
dos textiles importados porque acá no se producen. Los compro por la buena calidad y
porque le dan cierta sofisticación a las prendas. Son los dos textiles que hoy en día están considerados como los más sustentables: uno está hecho a partir de pulpa de eucalipto y el otro es cupro, generado con descartes, que es muy finito y parecido a la seda.

Tu marca es internacional. ¿Ese alcance te obligó a ajustar algo en la propuesta?

Con cada colección siento que voy madurando como persona y diseñadora. Hablo con muchas personas de distintas partes del mundo y recibo devoluciones de mi trabajo que trato de aplicar. Mi cabeza está dándose vuelta constantemente. Voy teniendo cada vez más clientes en el mercado internacional, que es mi fuerte. Una de las sugerencias más repetidas fue que ampliara la paleta de color. Yo también me estaba cansando que fuera tan repetitiva, pero tenía que ver con los recursos disponibles. Incorporar tintas biodegradables
me dio la posibilidad de usar colores más fuertes, no tanto pastel
. Pero mantuve el
rosa porque me encanta.

¿Cómo organizás tus colecciones?

Mis colecciones son atemporales. Propongo una colección gigante que va creciendo en el tiempo porque no dejo de producir lo anterior. Entonces, voy sumando ítems que se tienen que ir complementando con los previos, siempre pensando en siluetas más posibles. Porque todas las prendas se tienen que poder usar. Si hay diseños que no se venden, eso también es desperdicio. Encontraste en los concursos una oportunidad para estructurar tu marca como un negocio con proyección global.

¿Fue deliberado o una solución que apareció?

Sí, desde la primera colección participé en concursos. Gané Semillero UBA, al que me presentó la cátedra. Eso fue un antes y después, porque me dio confianza en mi trabajo y, también, un capital económico para arrancar mi proyecto. Sin eso, no hubiera sido posible lanzarme. Los concursos son herramientas que dan visibilidad. Pero implica un trabajo en paralelo, porque tenés que investigar todo el tiempo. Ganar un concurso te abre puertas, porque te invitan a otros sin tener que postularte. En el mundo, los grandes diseñadores pasaron por los principales concursos. Lo importante es tener en claro qué es lo que querés hacer y para qué. Después el producto se va formando solo. No es tener un producto y darle un discurso, sino a la inversa.

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