De Italia a Tailandia: así es el nuevo lujo en los hoteles más exóticos del mundo

De Italia a Tailandia: así es el nuevo lujo en los hoteles más exóticos del mundo

Esteban Mercer es uno de los cronistas de la realeza de España. Con su programa de televisión, recorre el mundo en busca de los cinco estrellas más exclusivos. 

Esteban Mercer sabe de lujo: en su faceta de cronista social -entre los varios medios para los que trabaja se cuenta la edición española de Vanity Fair- pudo seguir de cerca a la Casa Real de España y a otros royals europeos, además de estar en contacto permanente con la alta sociedad de su Mallorca natal. Sibarita y cosmopolita, es también una referencia a la hora de recorrer mundo: a través de su programa de televisión Mis hoteles favoritos (que ya va por la tercera temporada y en la Argentina es emitido por la señal de cable Más Chic), el público puede “espiar” cómo son por dentro los hoteles más extravagantes e insólitos de cada destino, siempre en clave luxury.

“Desde que empezamos a rodar el programa ya vamos por los 50, y algunos te pueden gustar más otros menos pero todos están a un nivel tan alto que cada uno tiene algo que lo hace único, especial, bien por la ubicación, o porque tienen un servicio increíble, porque la arquitectura o la historia no pueden ser más bonitas. Cada uno de los hoteles a los que hemos ido tienen algo que te enamora”, cuenta Mercer a Clase Ejecutiva.

Difícil no enamorarse: la bitácora de viaje empieza en Mónaco, sigue por el ‘triángulo de oro’ -ubicado entre Tailandia, Birmania y Laos-, sigue su recorrido por las ciudades italianas de Venecia y Portofino y termina, previo paso por Mallorca, en Malta, una isla cargada de historia donde conviven tradiciones de las culturas árabes, mediterráneas y británicas.

Hotel Belmond Cirpinani (Italia)

¿Qué es lo primero que te fijás cuando llegás a un hotel?
Yo creo que más que el hecho de que sea bonito, es el trato humano: que todo fluya y que la gente sea simpática, que te hagan vivir una experiencia única y que en ese lugar sientas que estás viviendo un regalo. La simpatía del personal, su calidad humana, desde el señor que te recibe en la puerta hasta la recepcionista y los camareros. En estos hoteles a los que vamos no hay ni que pedir las cosas porque se adelantan a tus deseos, es casi mágico. Es su trabajo adelantarse a los deseos del cliente, que su vida sea más fácil y es una cosa maravillosa cuando ves que lo hacen con profesionalismo.

 

¿Hubo una evolución en la industria de la hospitalidad en función de la atención al cliente?
Creo que sí. Soy de Mallorca, que es una isla turística, con lo cual lo llevo casi en la sangre, y sí me doy cuenta de que el servicio -dependiendo de la parte del mundo donde estés- es de una manera u otra. Pero estamos volviendo de alguna manera a la tradición: al camarero de guante blanco, que te trata de usted, que no se inmiscuye en la conversación, que te da un trato de celebridad muchas veces sin serlo. Porque hace unos años como que la educación se había perdido y había muchos camareros maleducados en hoteles muy prestigiosos, pero eso ya ha pasado a la historia. Estamos volviendo otra vez a que el cliente sea el protagonista, no el hotel ni el personal o el cocinero. Yo creo que los palacios del siglo XXI son los hoteles: hoy ya ni los reyes viven en palacios, porque necesitan una infraestructura enorme. En cambio, si uno se quiere imaginar cómo es un palacio real en vivo, se puede imaginar un hotel de gran lujo y verá cómo vivían los reyes en el siglo XIX. Y estamos volviendo un poco a eso: al refinamiento en la cocina, de los servicios de habitación, de las ofertas que cada vez son más sofisticadas... 

Hotel Dhara Dhevi Chiang Mai Resort (Tailandia)

¿Cuánto impacta la idiosincrasia local en las grandes cadenas internacionales?
Hemos viajado prácticamente por todo el mundo, y cada zona tiene algo muy especial. Lo que notamos es que en los hoteles de Asia el servicio es increíblemente perfecto, pero están en otro nivel: es un lujo exagerado, indefinible. Lo que ves ahí no lo ves en otra parte del mundo, cómo la gente es capaz de conseguir tanto y a la vez de disfrutarlo tan poco. En Europa estamos volviendo al refinamiento que habíamos perdido, pero que es el de toda la vida, una tradición de lujo de siglos y siglos: lo ves en Italia, Francia, Inglaterra, España. Y América es el exotismo, la calidez humana, la comida buenísima: Sudamérica es una explosión de colores, sabores, y eso lo vives en los hoteles. Un continente tan rico, en todos los sentidos, que eso te llega, da igual que estés en Iguazú o que estés en el Caribe.

 

¿Cuál es tu definición del lujo?
Es bienestar, es el momento en que todo fluye y tú estás bien, no sabes por qué razón, ni te importa. Eso es porque hay una máquina perfecta que hace que todo funcione. Si llegas a un hotel y las lámparas de la habitación no funcionan, si las sábanas no están bien planchadas, si abres el armario y notas que no está bien limpio, pues aunque sea un hotel de 5 estrellas ya pierde todo el encanto. En cambio, si tú llegas y parece que llegas a tu casa y todo fluye, pues eso es el lujo. Después está el gusto por los detalles: que las flores sean perfectas, que el camarero vaya perfectamente uniformado, que estén cuidados, que sean educados, eso es profesionalismo. Es un mundo irreal, porque el mundo es un lugar muy duro y competitivo donde la gente tiene muchos problemas. La gente cuando paga lujo es para olvidarse de los problemas y del mundo por unos días, y hacer que todo parezca color de rosa. Aunque lo parezca, soy muy poco frívolo: sé en qué mundo vivo, pero creo que el lujo está en la capacidad de hacerte soñar.

The Xara Palace (Malta)

¿Cómo se vive ese contraste entre el lujo puertas adentro del hotel y la realidad urbana?
Estuvimos en Cuzco, por poner un ejemplo, y los alrededores que ves desde la ciudad son muy pobres, y tú estás en un hotel maravilloso viviendo con un lujo extremo: el contraste es muy duro. Pero eso también hay que entender que es una cuestión cultural: en el medio de esos dos mundos hay toda una clase de trabajadores que son gente extremadamente profesional y que hacen que el hotel sea, precisamente, un palacio y te sientas un rey por unos días, que puedas disfrutar de la cultura de Cuzco, ir al Machu Pichu y disfrutar lo que ofrece Perú. Entonces, si te dejas contagiar por la cultura del lugar, lo disfrutas muchísimo más. Creo que el viajero tiene que dejarse conquistar por el lugar adonde va y conocer el país como es, con sus virtudes y sus defectos.

 

¿Y cómo vivís ese contraste entre un mundo de lujo y el mundo normal?
Ejercitando la inteligencia, es la única manera. Porque al lujo te acostumbras inmediatamente ¡no es nada difícil! Tengo la suerte de que me rodea gente muy sana, que me quiere y que no ha dejado que me vuelva tonto del todo (¡un poco sí, pero del todo no!). Me gusta mostrar el lujo como parte de la cultura del ser humano. El lujo por el lujo, por demostrar que uno es rico, eso no me interesa, pero como parte de la cultura del ser humano yo creo que es muy interesante. Es un ejercicio que uno lo vive y te muestra cómo de verdad somos. La raza humana, que es muy complicada, también ha sido capaz de hacer grandes cosas. Cada parte del mundo tiene una cosa que te sorprende, que te enamora, y poder mostrar eso es un gran privilegio.

 

Comentarios1

Capullo es aceptar que no hay de todo para todos que nunca lo hubo ni habr�, que eso es lo que somos y lo que queremos. Si las mujeres logran aceptarlo y terminan con eso de la igualdad de g�neros, seremos todos m�s felices. �rubenardosain.wordpress.com�