¿Black Mirror o Mad Max? Cómo será el futuro según este gurú techie

¿Black Mirror o Mad Max? Cómo será el futuro según este gurú techie

El periodista Ben Hammmersley  –que en 2004 inventó el concepto podcasting– hoy recorre el mundo como conferencista especializado en desarrollos tecnológicos.

No es fácil la tarea de predecir el futuro. Ni siquiera para el gurú Ben Hammersley, un británico de 42 años que pasó más de un tercio de su vida inmerso en textos de ciencia ficción y papers sobre desarrollos tecnológicos. Pero de eso vive, justamente. Y recorre gran parte del mundo como conferencista corporativo para compartir su punto de vista de hacia dónde está yendo la sociedad, qué tecnologías prevalecerán y cómo anticiparse a las tendencias de consumo digital.

Hammersley estuvo recientemente en Buenos Aires en el marco del encuentro Oracle The Meeting, en el que la compañía reúne a sus clientes y traza un panorama del mundo de los negocios y su articulación con la tecnología. Allí, el periodista –excolumnista de la sección Tecnología en The Guardian y exeditor para el Reino Unido de la revista Wired– sostuvo que la disciplina del futurismo nació a comienzos de la década del ‘60 donde, con datos más o menos científicos y un poco de optimismo literario, se imaginaba cómo sería el mundo en las siguientes décadas. Sin embargo, y muy a pesar de su trabajo, sostiene que hoy es casi imposible planear cómo será la vida en cinco años. Es más, según el experto, quien formule cualquier clase de vaticinio estará mintiendo.

De todas las teorías sobre innovación y tendencias de desarrollo tecnológico, ¿cuál fue la más acertada para predecir qué nos espera en los próximos años?
Sin lugar a dudas, la Ley de Moore es la que guió el futuro que vivimos hoy. Esa ley, formulada en 1965, sostiene que aproximadamente cada uno año o dos años se duplica el número de componentes en un microprocesador. Esto quiere decir, fundamentalmente, que los precios bajan al mismo tiempo que las prestaciones suben: la computadora que hoy vale u$s 3 mil costará la mitad al año siguiente y estará obsoleta en dos. Por ejemplo: en 26 años, el número de componentes en un chip se ha incrementado 3.200 veces. Eso ha permitido que ya no tengamos que imaginar el futuro sino que lo empecemos a vivir.

"En muchos casos conviven dos o más tiempos dentro de una misma organización. En 1978, los ingenieros de Kodak vivían en el siglo XXI pero el directorio aún estaba en el XX y no tuvo la flexibilidad ni apostó al ‘riesgo del futuro’ con la cámara digital".

Siguiendo los planteos futuristas, ¿estamos más cerca de lo que plantea la serie Black Mirror o la película Mad Max?
Claramente estamos más cerca de Black Mirror que del apocalipsis de Mad Max. Pero es muy interesante lo que sucede en este caso porque apenas unos años atrás esta serie era un pequeño programa de la tevé británica visto por unos pocos amantes de la tecnología y la ciencia ficción. Pero ahora en cada país que visito hay una comparación con lo que se plantea en algún capítulo de la serie. Esto también muestra porqué los escenarios descriptos en la ficción –como la dependencia de la tecnología, la mediatización de la sociedad, el poder de las redes sociales, la despolitización de la política, la capacidad de contener software dentro de nuestros cerebros, la posibilidad de alterar las percepciones, entre muchos otros casos– son realmente el lado malo de la tecnología. Lo bueno es que instaló un profundo debate.

Desde el punto de vista de las compañías, ¿cómo sugiere ‘apropiarse’ del futuro?
No hay que esperar que los cambios sucedan sino ser parte de ellos. Hace 3 ó 5 años se estimaba que los autos autónomos podrían estar en el mercado en dos décadas, pero hoy ya estamos en la fase final de prueba para contar con productos y servicios de vehículos sin conductor para la segunda mitad de 2018. Esto demuestra que quien especuló con esa tecnología perdió el tren. Un paper de la Universidad de Oxford proyecta que, en los próximos 15 años, el trabajo del 47 % de la población económicamente activa podría ser reemplazado por robots y/o inteligencia artificial. El tema está en carpeta: resta ver cómo nos acomodamos.

En tu presentación aludiste al caso Kodak y cómo, a pesar de contar con la patente original de la cámara digital desde 1978, la compañía no tuvo la capacidad de anticiparse a la transformación del negocio y quebró en 2012. ¿Cuál es la moraleja?
En muchos casos conviven dos o más tiempos dentro de una misma organización. En 1978, los ingenieros de Kodak vivían en el siglo XXI pero el directorio aún estaba en el XX y no tuvo la flexibilidad ni apostó al ‘riesgo del futuro’ con la cámara digital. Ellos dijeron: “Vendemos rollos para fotos y somos los líderes”. La innovación estaba en la compañía, pero el espacio para desarrollarla no, por eso archivaron el proyecto. 

Frente a tantos gurúes apocalípticos, ¿por qué sos optimista a ultranza?
Esencialmente porque a pesar de los escenarios problemáticos que observamos y el cambio de realidad que nos espera, hoy vivimos experiencias de las cuales antes ni siquiera conocíamos su existencia: desde la posibilidad de probar un café de una región alejadísima hasta alcanzar niveles de información nunca antes visto. Pero, fundamentalmente, porque podemos observar que los avances tecnológicos ya no están concentrados en las regiones clásicas. Por ejemplo: si se quiere conocer el mercado más avanzado en comunicaciones móviles, hay que estudiar lo que sucede en China y Corea; si se quieren conocer los mejores desarrollos en banca móvil, hay que dirigirse a Kenya; y si se quiere conocer el país más avanzado en términos de transformación digital, hay que estudiar el caso de Estonia. Antes era impensado que países no centrales pudieran ser líderes tecnológicos, pero eso ya sucede.  

Creaste el concepto de podcasting para hacer referencia al contenido on demand generado por los usuarios en formato de audio. ¿Qué futuro tienen los medios, la información y los periodistas en esta revolución digital?
No hay ninguna duda de que la buena información, de calidad y veraz, tiene presente y futuro. Pero los medios tienen que adaptarse. Creo que la radio tal como la conocimos en el siglo XX está muerta, es decir, las transmisiones lineales tienen los días contados, pero también creo que el audio tiene un gran futuro. De hecho, estamos viviendo una era dorada del audio: nunca antes tantas personas escucharon contenidos tan diversos, cuya calidad es notablemente mejor que hace 20 años. Además, nunca antes en la Historia se leyó tanto como en la actualidad y nunca antes se consumieron tantas películas y series.

"Un paper de la Universidad de Oxford proyecta que, en los próximos 15 años, el trabajo del 47 % de la población económicamente activa podría ser reemplazado por robots y/o inteligencia artificial. El tema está en carpeta: resta ver cómo nos acomodamos".

¿Estar en la época de la posverdad retrasa o potencia este diagnóstico?
Claramente lo potencia. Un periodista ubicado en el lugar justo con la pregunta adecuada siempre tendrá la oportunidad de contar una buena historia. Y en particular en esta época: los políticos mienten tan descaradamente que hay más chances de hacer buen periodismo en los medios.  

¿Cómo imaginás la industria tecnológica británica luego del Brexit?
Creo que el Brexit es el mayor desastre para Gran Bretaña de los últimos 100 años. Tengo una genuina preocupación porque habrá una profunda disminución de los logros tecnológicos en el corto plazo, lo cual nos sacará del lugar de liderazgo que hemos logrado en los últimos tiempos. La Historia ha demostrado que a los países que se cierran no les va bien, no sólo porque impiden el ingreso de talentos sino porque psicológicamente son menos complejos y eso empobrece a una cultura. 

Mr. Podcast
Ben Hammersley -periodista, escritor y locutor radicado en Londres- fue, hasta 2013, embajador del Primer Ministro del Reino Unido en East London Tech City, el distrito tecnológico de la capital británica. En 2014 fue el presentador de una exitosa serie de documentales sobre ciberdelitos para BBC World. Mundialmente conocido por ser el creador de la palabra podcast, con típico humor british suele contar que inventó el término “para rellenar un artículo que me quedaba demasiado corto”.