Esquel en vacaciones de invierno: no todo es esquí en la Patagonia

Esquel en vacaciones de invierno: no todo es esquí en la Patagonia

La Comarca de los Alerces es uno de los destinos más tranquilos de la Patagonia. Es ideal para quienes eligen el sur argentino sin ser fans del esquí.

La calle 25 de Mayo es la puerta de entrada al centro de la ciudad de Esquel, que a pesar de ser la zona comercial más activa, sigue siendo un barrio residencial con alma de pueblo. Esta calle, junto con la Rivadavia, la 9 de Julio y la San Martín, concentran todos los comercios de la zona, chocolaterías, casas de té, restaurantes y locales de souvenirs.

Allí, al mediodía y cuando cae la noche, los turistas disfrutan de los omeletes de La Tour D'argent, los sándwiches de La Luna y la cocina naturista de Mirasoles, tres de los reductos gastronómicos clásicos de la ciudad. Además, la comida es un complemento necesario para disfrutar de la amplia variedad de actividades que ofrece la Comarca de los Alerces, que también incluye a Trevelin, el pintoresco pueblo galés, y el Parque Nacional Los Alerces, entre otros sitios paradisíacos en el oasis de la Patagonia

Como la mayor parte de los destinos turísticos, Esquel también cuenta con una serie de puntos imperdibles para conocerlo a fondo. La Trochita, oficialmente Viejo Expreso Patagónico, aún hoy funciona sobre vías de apenas 75 centímetros de ancho y ofrece un placentero recorrido turístico de 29 kilómetros hasta la Estación Nahuel Pan.

Asimismo, a media hora de Esquel, el pueblo de Trevelin (pueblo del molino en idioma galés) ofrece atracciones como el museo local, la Tumba del Malacara (un caballo heroico) y casas de té donde comprar la famosa torta galesa.

Para los aficionados a los deportes de nieve, La Hoya es uno de los centros de esquí con mejor calidad de nieve del país y sus características de diseño y seguridad son ideales para toda la familia. Una de las mejores formas de apreciar la naturaleza circundante es acercarse hasta la Laguna Zeta, ubicada detrás de una forestación de pinos a sólo cinco kilómetros de la ciudad. Es una excursión corta que puede realizarse en auto, caminando, en bicicleta o a caballo desde la Avenida Fontana, en el centro de Esquel.

Otro de los puntos más espectaculares es el Alerzal Milenario y sus ejemplares de más de 3000 años de edad. Para llegar a ellos, se embarca en el Puerto Limonao, en el lago Futaluafquen, que es atravesado para luego remontar el río Arrayanes. Allí se recorre a pie un sendero a orillas del río Menéndez hasta arribar a Puerto Chucao, de donde parte otra embarcación hasta el destino final. 

Una de las excursiones más interesantes es el trekking entre el Arroyo Colehual y el lago Verde, un espejo de agua de colores inverosímiles, en el Parque Nacional los Alerces. Si se busca aún más aventura, en la misma zona del parque se puede hacer flotación entre los lagos Rivadavia y Verde, bajando por el río Rivadavia, una experiencia única. 

Entre el sinfín de ofertas recreativas de Esquel, el canopy se destaca por su adrenalina y también por el extraordinario punto de vista que ofrece del bosque andino patagónico. El Centro de Montaña Pueblo Alto, ubicado a unos 35 kilómetros de Esquel y a apenas cinco del Parque Nacional Los Alerces, ofrece este servicio para toda la familia, con una estructura inigualable tanto en la Argentina como en Chile.

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Un refugio en las alturas

Entre todos los paseos y excursiones que se pueden realizar en el Parque Nacional Los Alerces, hay una que convoca especialmente a todas las parejas amantes de la naturaleza y la aventura.

El cerro Cocinero está ubicado en el Cordón de Situación, al sur de Villa Futalaufquen, y mide 2340 metros de altura. Alcanzar su cumbre no es sencillo, es necesario el equipo, la experiencia y estar dispuesto a transpirar durante unas tres o cuatro horas de subida entre bosques de lengas, cipreses y maitenes. Antes de emprender el viaje hay que avisar en el Centro de Informes del parque, donde además se reserva el alojamiento, porque el refugio no se comparte con otros grupos, es privado e íntimo, perfecto para ocasiones especiales. Aniversarios, cumpleaños y lunas de miel son sólo algunas de las excusas para pasar una noche de aventura y soledad en el Cocinero. 

Parque Los Alerces

La travesía empieza recorriendo 8 kilómetros desde Esquel en dirección sur hasta llegar al cruce sobre el arroyo Rañito; allí comienza la senda que en todo el trayecto está muy bien señalizada. Primero va bordeando el arroyo, luego se distancia de él por un tiempo considerable hasta que finalmente lo cruza una hora antes de llegar al refugio. A partir de allí, la subida se hace más pronunciada, pero al llegar a destino todo el esfuerzo queda atrás y aparece el paraíso. Como en un cuento, una casita de madera se levanta junto a un arroyo igualmente pequeño, la escenografía es un gran anfiteatro, coronado por la cumbre del cerro, sus nieves y el cielo diáfano de las alturas.

Una salamandra, una mesa, dos bancos y dos colchones son todo lo que se necesita para vivir en el Cocinero. Si bien las noches suelen ser sumamente ventosas, cuando el cielo está despejado es imperdible sentarse en el banco que está junto al refugio para mirar las incontables estrellas que maravillan a sus espectadores.

Cuando empieza el nuevo día, los montañistas expertos ascienden a la cumbre del cerro para acceder al glaciar del Cocinero. El resto de los turistas prefieren caminar hasta alguno de los filos para apreciar las vistas del río Desaguadero, el lago Futalaufquen, el cerro La Torta y la laguna Terraplén. Luego de un desayuno contundente, es tiempo de emprender la retirada y volver a la ciudad, a reencontrarse con el resto de los turistas y sonreír al recordar esas horas de soledad en medio de la inmensidad.

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