MIÉRCOLES 16/01/2019
Corea del Sur: 24 horas en la tierra de PSY, Samsung y el K-Pop

Corea del Sur: 24 horas en la tierra de PSY, Samsung y el K-Pop

En apenas medio siglo, la capital surcoreana pasó de un modo de vida estrictamente tradicional a convertirse en punta de lanza de la innovación global de la mano de la música, la tecnología y eln diseño. Las claves del korean cool style.

El imaginario oriental suele estar cubierto de postales japonesas. Cerezos en flor, sushi, templos y tecnología forman parte de ese álbum virtual que llevamos a cuestas a la hora de desembarcar en el Extremo Oriente. Pero cuando se trata de Corea del Sur -es decir, de nuestras antípodas más extremas-, no hay mucha certeza sobre lo que vamos a encontrar al aterrizar en el aeropuerto de Incheon, considerado el más moderno de Asia.

En Seúl nos recibe una tarde de primavera. La ciudad es enorme –viven aquí unos 10 millones de personas– pero hay orden por donde se mire y un tránsito tranquilo de autos (mayormente coreanos) último modelo circulando en torno a avenidas anchas y grandes edificios modernos que, de vez en cuando, abren espacio a jardines, templos y palacios en una suerte de ventana a la Corea más tradicional. Sólo al mirar desde la ventana de la habitación del hotel, cercana al distrito comercial de Dongdaenum, se ven todavía en la ciudad algunas áreas no renovadas, resabios de la vieja Seúl que fue quedando atrás con la intensa occidentalización de la sociedad que siguió a la Guerra de Corea, ese conflicto que técnicamente aún no terminó –apenas se firmó un armisticio– y que sigue enfrentando a Corea del Sur, la aliada de Occidente, con la imprevisible Corea del Norte. La visita a la zona desmilitarizada –la DMZ que, paradójicamente, es una de las más militarizadas del mundo– revela este aspecto que a la distancia no parece tan visible pero que, una vez aquí, se vuelve tangible. Desde la frontera entre ambos países, ultravigilada, donde se puede acceder a túneles excavados secretamente y a un punto panorámico hacia la misteriosa Corea del Norte, se comprende mejor lo que es vivir permanentemente en la mira. La excursión, rigurosamente organizada, se hace en el día desde Seúl y es la más popular entre los turistas extranjeros.

Revolución 360º

En el ya lejano 1988, los Juegos Olímpicos de Seúl fueron el primer evento internacional que proyectó al mundo la imagen de la nueva Corea del Sur. En 2002 fue el mundial de futbol Corea-Japón, que reunió a las dos naciones –país ocupado y ocupante durante las décadas previas a la Segunda Guerra Mundial– en una inédita comunión deportiva. Después vendría la música, con el planetario éxito de Psy y su Gangnam style, una de las estrellas globales más increíbles que haya dado YouTube hasta el momento. Y apenas la punta del iceberg de ese fenómeno musical que se llama k-pop, un hit en todo Oriente, a tal punto que a Psy y otros congéneres se los puede ver en shows con hologramas muy populares en toda Asia. También las telenovelas coreanas, de impecable producción, son una industria que se exporta a medio mundo y saltaron de los foros de Internet, subtituladas por comunidades amateur, a Netflix y hasta a la televisión abierta en horario central en la Argentina.

Cuesta entonces pensar que, hasta no hace tanto, en Corea del Sur estaban prohibidos el rock, las minifaldas, el pelo largo... El libro The birth of korean cool, de Euny Hong, explica algunas las razones de ese giro esencial en un país que mostró una voluntad de hierro por liderar el progreso. Probablemente la tecnológica Samsung –que nació como una compañía de import-export de pescado seco y frutas– es el mejor caso testigo de esta transformación radical.

Hangul y trabalenguas

Conviene viajar con una libreta y buena memoria: recordar el significado de las palabras en hangul (el alfabeto coreano) o los nombres no es tarea fácil. La céntrica plaza Gwanghwamun Square, con sus estatuas de la dinastía Joseon; el Gyeongbokgung Palace, uno de los cinco grandes palacios de la ciudad, famoso por la ceremonia del cambio de guardia; el arroyo Cheonggye Stream, donde se exhiben los faroles de papel que son auténticas obras de arte durante el festival por el nacimiento de Buda; el Gwangjang Market, con su variopinta variedad de increíbles productos, a veces indescifrables, y un piso entero de textiles de seda. Sin olvidar el kimchi, una especialidad gastronómica que mezcla repollo con ají molido, ajo y cebolla: una bomba aromática que lo invade todo y es el símbolo gastronómico nacional. Incluso en el aeropuerto se lo vende, envasado al vacío, para que lo lleven de regreso a sus países de adopción los cientos de miles de coreanos que viven dispersos por el mundo.

Todos estos son lugares imprescindibles de la visita a Seúl: en primavera y otoño especialmente, los jardines de los palacios y templos son una fiesta de colores donde la cultura tradicional gana espacio e invita a una auténtica experiencia oriental. Lo mismo ocurre en Insadong, en el barrio de Jongno-gu, una callecita tradicional rodeada de angostos pasajes donde se concentran tiendas de té y galerías de arte. Es el reino del suvenir, desde los monederos de seda a los abanicos y las tallas budistas de madera, pero tiene una historia triste detrás: esta zona hoy turística nació porque aquí las familias ricas debían vender sus bienes, bajo la ocupación japonesa, y así fueron surgiendo los primeros negocios de antigüedades.

Muy cerca se encuentra el templo budista de Jogyesa, el punto de partida de la procesión anual de farolitos en homenaje a Buda. El Lotus Lantern Festival, como se lo conoce internacionalmente, es una conmovedora parade luminosa en la que participa toda la ciudad, pero los extranjeros también pueden sumarse, confeccionar sus farolitos y desfilar por las principales avenidas de Seúl.

Por corta o larga que sea una visita a la capial surcoreana, no hay que dejar de conocer el Bukchon Hanok Village, un barrio tradicional rodeado por el palacio Gyeonbokgung, el palacio Changdeogung y el Jongmyo Shrine, un santuario real confucionista que data del siglo XVI, incluyendo pasarelas donde no se puede pisar porque son para el tránsito exclusivo de los espíritus. Aquí se encuentra la mayor concentración de hanoks, las casas tradicionales coreanas, hoy transformadas en salones de té y hospedajes para turistas, además de talleres de artesanías donde se puede aprender la tradicional pintura de la flor de loto. Desde la colina elevada donde se encuentra el distrito se divisan con claridad las partes modernas y antiguas de Seúl, los contrastes entre las casas de oriental techo curvo y los rascacielos que llegaron para quedarse en el siglo XXI.

Algo más lejos queda el ya famoso barrio de Gangnam, el de la canción de Psy, cuyo nombre simplemente significa ‘al sur del río’ Han, que atraviesa la ciudad. Gangnam no sólo es el distrito yuppie de Seúl: también se lo conoce como la “capital nacional de la educación” en un país donde el ingreso a la universidad y la educación superior son el primer altar de progreso social. Con inhumanos niveles de exigencia académica, Gangnam se enorgullece de tener el mayor índice de ingreso a la prestigiosa Universidad Nacional de Seúl. Para el visitante, hay dos atractivos más vistosos: el Museo del Kimchi y el parque temático de Pucca, el popular personaje que dio la vuelta al mundo en dibujos animados y se convirtió en otro de los íconos del soft power coreano en Occidente.

Noches que son días

Cuando se pone el sol, en la capital surcoreana se encienden las luces: las fachadas de los rascacielos, las gigantescas pantallas de led de los centros comerciales, los omnipresentes celulares. Un mejor plan es ver el atardecer desde la N’Tower y descubrir en una de las ventanas la impresionante distancia que la separa de Buenos Aires: 19.426 kilómetros. A sus pies, la ciudad es una alfombra mágica estrellada, un gigantesco tapiz bordado de luciérnagas techie, mientras afuera las parejas se sacan un sinfín de selfies antes de ir de shopping al cercano Dongdaenum –abierto toda la noche– o de paseo por las calles peatonales de Myeong-dong, bordeadas de restaurantes, tiendas design y locales de videojuegos. Es el reino de la cultura juvenil en un país que consagró a las nuevas generaciones como la gran apuesta de su futuro… Y ya ganó.