El Cronista Comercial

Cómo financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Conseguir fondos es clave para mitigar el cambio climático y cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Hay algunas iniciativas, pero los inversores miran con prudencia el mercado local. El principal obstáculo, la macro.

Objetivos de Desarrollo Sostenible: oportunidades y dificultades de inversión

En 2008, preocupados por el riesgo que el cambio climático implicaba a sus carteras, los fondos de pensiones suecos tomaron la iniciativa y acudieron al Banco Mundial para diseñar un nuevo producto: debía ser de alta calidad, apoyar proyectos respetuosos con el clima, aportar liquidez y no tener mayores riesgos. También había que asegurar el impacto concreto del proyecto a financiar y la transparencia en todo el proceso, lo que se logró a través de verificadores independientes. Así surgió el primer bono verde, un modelo que a partir de entonces se ha replicado con éxito en diversos mercados y se ha extendido hacia objetivos no solo ambientales sino también sociales. El nuevo modelo colaboró en la toma de conciencia del valor social que podían acarrear las inversiones de renta fija y de la necesidad de mayor transparencia en el desarrollo de los proyectos.

"El desbloqueo de formas innovadoras de financiamiento y la reorientación de los flujos financieros existentes hacia el desarrollo sostenible serán esenciales para alcanzar los ODS y el Acuerdo de París en un mundo que está llegando a sus límites planetarios ambientales. El dinero público no será suficiente; hay que movilizar el financiamiento e inversión privados como complemento al aporte del sector público", dice Alejandra Cámara, directora de Genesis y asesora en Financiamiento Sostenible en la Bolsa de Comercio. "El desafío es involucrar a los subsectores financieros y de inversión críticos, incluidos los fondos públicos de pensiones, los fondos de pensiones corporativos, administradores de activos institucionales, bancos, empresas y aseguradoras. El gran instrumento financiero son los bonos verdes, que pueden darle al mercado la liquidez necesaria", dice Cámara.

Cámara rescata el origen de estos instrumentos y el valor que tienen para los inversores. "Surgieron por una necesidad de fondos de pensión colocados a largo plazo, en su mayoría con activos de la industria del petróleo y gas y expuestos a stranded assets, es decir activos que en el presente tienen un valor pero que lo perderán en el futuro -ya que se estimaba el facing off de combustibles fósiles para una fecha entre 2050 y 2065-. Estos fondos comenzaron a demandar este tipo de activo en pos de "enverdecer" sus porfolios", cuenta. La demanda de estos activos es muy fuerte en países desarrollados; luego, salen a buscar oportunidades en mercados emergentes, como India, China, México, Brasil. "Hay avidez de estas inversiones, por eso se pueden conseguir tres cosas: plazos más largos de emisión, mejora en la tasa y diversificación de inversores, que no son solo tradicionales", explica. 

Pero si el objetivo es movilizar capital e inversión de manera que apoye los ODS y el desarrollo sostenible, "el mejor incentivo para el inversor es bajar el riesgo; en segundo lugar, hay que romper la tiranía del cortoplacismo que afecta tanto la toma de decisiones empresariales y de inversión, e innovar: unir a los inversores públicos y privados en torno a nuevas soluciones e instrumentos de inversión que aborden cuestiones como la salud, la alimentación, el agua, el saneamiento, la educación y, por supuesto, la infraestructura", dice la especialista.

Más negocio menos reputación

No sólo el sector privado necesita reconvertir sus negocios para hacerlos sostenibles sino también los gobiernos deben asegurarse de cumplir los compromisos asumidos con el Acuerdo de París y reducir sus emisiones. Hay muchos inversores interesados en que se les ofrezcan opciones para poner su dinero en alternativas sustentables, siempre y cuando sea negocio. Pero ¿cómo lograr movilizar la financiación e inversión privadas en pos de los Objetivos de Desarrollo, que se han propuesto "no dejar a nadie atrás"? Desde instrumentos financieros innovadores con potencial para dirigir las finanzas privadas hacia soluciones de sustentabilidad críticas, como los bonos verdes, hasta índices que orientan a los inversores acerca de qué empresas son más sustentables, el mercado financiero local trata de ponerse en órbita respecto de una tendencia que crece especialmente en los países desarrollados, las finanzas sustentables. 

Con expectativas de crecimiento en alza, los green bonds son la herramienta que encontró el mercado para mitigar o detener el cambio climático. Según la organización Climate Bonds Initiative (CBI), en lo que va del año, las emisiones de bonos verdes ya suman u$s 45.000 millones y se estima alcance los u$s 250.000 millones, un crecimiento de casi 50% respecto de las emisiones de 2018, de u$s 167,3 mil millones. En los EE.UU, las inversiones sostenibles y de impacto continúan creciendo y los inversores cada vez más consideran los factores ambientales, sociales y de gobierno (ESG) en los u$s 12 billones de assets under management, según US SIF (Forum for Sustainable and Responsible Investment).

A nivel local, La Rioja tomó la iniciativa y emitió  el primer bono verde en el 2017, por u$s 200 millones a 8 años a una tasa de 9,75% en dólares, destinado a generar energía eólica, y Jujuy, hizo lo propio con un título por u$s 210 millones a una tasa de 8,62% para invertir en energía fotovoltaica y generar 300MV en la Puna jujeña. "Que los municipios o las provincias muestren interés en este tipo de financiamiento y busquen financiar energía renovable, agricultura sustentable u otras actividades es auspicioso", dice Pablo Cortínez, Focal Point de Finanzas de Fundación Vida Silvestre. Con el objetivo de que los bancos perciban como un verdadero negocio a las finanzas sustentables y que incorporen criterios ambientales, sociales y de gobernanza a su negocio, Vida Silvestre, a través de convenios con las entidades, realiza capacitaciones en gestión de riesgos ambientales y sociales, intercambia experiencias con bancos de otros países y analiza las tendencias internacionales.

"Todavía hay poca familiaridad con estos temas, pero mucho interés", dice Cortínez, quien evangeliza también respecto de herramientas que pueden utilizar los bancos para sopesar riesgos. "Les mostramos la utilidad de la tecnología; por ejemplo, imágenes satelitales para detectar deforestación, herramienta que ya utilizan en Paraguay", dice y pone foco en los números: "hablamos de oportunidades de negocio, no de RSE; esto no va a cambiar si hablamos de filantropía".

Toma de conciencia

Si el criterio para la toma de decisiones financieras es evitar riesgos y buscar oportunidades, el mercado de las finanzas sustentables alteró desde hace un tiempo la ecuación para la toma de decisiones de la inversión financiera tradicional. Por ejemplo, mirar el largo plazo y entender los negocios desde la perspectiva "verde" es mandatorio. Debido a que el aporte de los gobiernos es insuficiente para cumplir con los compromisos ambientales y para lograr las metas de desarrollo sostenible, los organismos multilaterales de crédito como el BID, Banco Mundial, el FMI, los regionales como la CAF, cumplen un rol fundamental. Especialmente en países como la Argentina que no es elegible todavía por inversores. "La situación macro hace que otro tipo de inversores encuentren variables tan indefinidas que incrementan la tasa de descuento a aplicar al flujo de fondos que invertirían en el país, con lo cual el mercado se hace mucho menos atractivo", explica Cortínez.

Una de las entidades que lidera la tendencia hacia la sustentabilidad en el sector es el Banco Galicia. Durante 2018, lanzó un Bono Verde para financiar proyectos que mitigan el cambio climático. La línea suscripta por la Corporación Financiera Internacional (IFC) es de u$s 100 millones y le permite a la entidad ampliar los préstamos disponibles para eficiencia medioambiental. "Con un plazo de siete años, este bono brindará una fuente de financiación de mediano a largo plazo para proyectos de energía renovable, construcciones sostenibles y eficiencia energética y uso de agua", explican. 

La entidad, que busca adaptar su negocio a criterios de sostenibilidad, adhirió a los Principios de Banca Responsable de la Iniciativa Financiera de la ONU, creados para alinear al sector financiero con los ODS y el Acuerdo Climático de París. "Es un marco que nos permitirá llegar con la sostenibilidad a todas las áreas de negocios, desde lo estratégico hasta el nivel de transacción y la cartera", explica Constanza Gorleri, gerente de Sustentabilidad. 

El banco no solo financia proyectos verdes sino que también se involucró en financiamiento social: en 2018 lanzaron el primer Bono de Impacto Social (BIS) junto con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y un grupo de inversores sociales.

Prestar verdes

Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y diversificar su matriz energética es el objetivo por cumplir en el país. El gobierno se comprometió a reducir las emisiones en un 15 % para 2030 y exige que el 20 % de la matriz debe ser de energías renovables para 2025. Esto representa una oportunidad para el mercado de préstamos verdes. "El retraso significativo que existe en Argentina en inversiones de infraestructura y el objetivo de incrementar la participación de fuentes de energía renovables en la matriz energética nacional hace que el mercado local tenga un potencial de crecimiento importante para préstamos verdes", dice Santiago Perrone, gerente de Cash, Trade & Correspondent Banking de Banco Itaú. "Sin embargo, es importante tener en cuenta que las variables macroeconómicas deben mantenerse estables para lograr las inversiones deseadas. Si bien las entidades financieras están valorando cada vez más la posibilidad de alocar dinero en préstamos verdes, para que este interés se capitalice es fundamental que exista una mayor estabilidad a nivel macroeconómico. La volatilidad del contexto actual representa un riesgo para los nuevos proyectos y su capacidad de conseguir financiamiento", reconoce el ejecutivo cuyo banco lanzó el año pasado el primer préstamo verde en el mercado local.

La línea dispone de u$s 35 millones para financiamiento de proyectos verdes que cumplan con los Green Loan Principles (GLP) que promueven la transparencia, integridad y credibilidad del producto de crédito verde. El monto máximo por proyecto es de u$s 10 millones, a un plazo de 3 a 7 años, con amortización semestral y período de gracia de hasta 2 años. "El proyecto se evalúa según los criterios socioambientales de Itaú, principios de Ecuador y los GLP; si son aprobados, se realiza un seguimiento durante la vida del préstamo para validar el uso de los fondos exclusivamente para el proyecto, el cumplimiento del destino del préstamo y sus resultados y el control ambiental con relación a la emisión de gases, consumo de energía, entre otras cuestiones", dice.

La información se mantendrá documentada y actualizada hasta que la totalidad del préstamo haya sido utilizada y las cantidades asignadas con los impactos esperados. "El objetivo es comunicar los beneficios ambientales que supone la financiación de los proyectos verdes seleccionados", explica el ejecutivo. La línea está dirigida a proyectos SEF (Sustainable Energy Finance) para segmento Pyme o Empresas. "Hay demanda porque las acciones que se toman para cuidar el medio ambiente son un activo para las empresas, mientras que la obtención de préstamos a largo plazo en dólares es un bien escaso en el contexto actual", reconoce Perrone.

La banca pública no quiere quedar afuera de la tendencia y encontró un socio en el BID. Así, junto a BID Invest, el BICE lanzó un bono por u$s 30 millones a 5 años, el primero calificado como sostenible en el país. La idea es que contribuya a siete ODS -eliminación de la pobreza, equidad de género, trabajo decente y crecimiento económico, generación de energías limpias y accesibles, reducción de desigualdad y acción por el clima-, y se destinará especialmente a incrementar la cartera de préstamos que apunten a reforzar la inclusión financiera y el desarrollo productivo. Financiarán proyectos que impacten en el desarrollo del Norte del país, de eficiencia energética y energías renovables, empresas lideradas por mujeres, emisión de obligaciones negociables de pyme y aquellos que aporten generación de empleo medible.

Banco Nación es otra de entidades públicas que lanzará un bono este año, asociado al BID. Ya firmó un convenio de colaboración técnica con Climate Bonds Initiative para preparar la emisión de un "Bono Verde/Social Sostenible", en línea con los principios del Pacto Global y la agenda del Desarrollo. Más allá de esta iniciativa, busca alinear su negocio a criterios sustentables -en 2017 elaboraron el primer reporte de Sustentabilidad según estándares GRI y principios del Pacto Global- y a los de la banca ética.

"Se establecieron pilares estratégicos trazables a toda la organización que guíen el accionar del banco: integridad, inclusión financiera, emprendedurismo, finanzas sustentables, gestión ambiental y cadena de valor", explica Christian Deus, a cargo de Responsabilidad Social. También incorporaron criterios verdes en el portfolio de créditos de la entidad como, por ejemplo, financiamiento de unidades de transporte público que realicen menores emisiones o construcciones o reformas asociadas a eficiencia energética en proyectos turísticos y diseñan productos financieros para acompañar el progreso de familias, apoyar el desarrollo de las micro, pequeñas y medianas empresas, permitiendo el desarrollo local, la creación de empleo, la formalización de actividades y la inclusión financiera.

Brújula para inversores

Generar conciencia y sensibilizar al mercado de capitales respecto de los beneficios que implica reportar sustentabilidad como ser atraer capital, mejorar reputación y posicionamiento de la marca y fidelizar al capital humano son algunos de los objetivos de BYMA, la entidad que representa al mercado bursátil local a la hora de elaborar el Indice de Sustentabilidad de las emisoras de acciones listadas. También concientizar a emisores e inversores de que las empresas sustentables buscan su permanencia en el largo plazo.

"El índice es una de las herramientas para fomentar la transparencia y la sustentabilidad", dice Julieta Artal, responsable de Gobierno Corporativo. "Además identifica y destaca a las empresas líderes en la materia y evalúa su desempeño en cuatro pilares ESG-D -Ambiental, Social, Gobierno Corporativo y Desarrollo Sustentable-, en función de la información reportada y disponible al público en general", dice. El año pasado las 15 emisoras de mejor performance fueron: Aluar Aluminio, Banco Macro, Banco Francés, Cablevisión, Cresud, Distribuidora y Comercializadora del Norte, Grupo Galicia, Grupo Supervielle, Loma Negra, Pampa Energía, San Miguel, Telecom, Transportadora de Gas del Sur e YPF, además de BYMA.

"Queremos posicionar a la Argentina como un país con un mercado comprometido con la sustentabilidad, incentivando en las emisoras la adopción de políticas y sistemas de medición en materia de Responsabilidad Social, Ambiental y de Gobierno Corporativo. Y apuntamos a fomentar la entrega continua de información en materia de sustentabilidad demandada por inversionistas para la toma de decisiones, como también posicionar a BYMA dentro de las tendencias en sustentabilidad. 

Con la metodología de ÍndexAmericas, índice desarrollado por el BID y el BID Invest, BYMA, desarrolla indicadores para analizar cómo las compañías contribuyen a determinadas metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El peso ponderado para cada pilar es: Ambiental, Social y Gobierno Corporativo: 80%; Desarrollo: 20%. "Aunque la cotización de las firmas no es impactada directamente por el Índice, éste contribuye a visibilizar a empresas que buscan el compromiso con la comunidad, el medio ambiente y la transparencia, destacándose y potenciando su atractivo ante todo tipo de inversores", explica Artal. 

La bolsa local, que es miembro de Sustainable Stock Exchange Initiative (SSE), también lanzó un panel de Gobierno Corporativo -donde cotizan empresas que cumplen con prácticas de buen gobierno y transparencia adicionales a las requeridas por la regulación- y trabajan en el desarrollo de un Panel de Bonos Verdes, Sociales y Sustentables.
El papel de los reguladores en cuanto a definir pautas para el desarrollo del mercado de capitales sustentable es clave. Por eso, siguiendo los casos de China, India y Brasil que cuentan con Green Bond Guidelines, la CNV, órgano de control del mercado de capitales, publicó los lineamientos para la emisión de valores negociables sociales, verdes y sustentables (SVS). Así, intenta promover instrumentos financieros que generen impacto social y ambiental y/o de gobernanza positivos y atraer a los inversores y a la vez facilitar el financiamiento de empresas y proyectos sostenibles.

Según la CNV, quienes inviertan en estos instrumentos contarán con beneficios como obtener retornos financieros además de beneficios ambientales y sociales. Los emisores, por su parte, acceden a financiamiento, diversifican sus inversores, aprovechan oportunidades de negocio, atraen capital de largo plazo y mejoran su reputación.

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