El Cronista Comercial

CEO de Bioceres: "El modelo actual del agro se terminó por un tema de rentabilidad"

Al frente de la empresa de biotecnología desde 2011, el ejecutivo con empuje emprendedor, Federico Trucco, habla sobre la salida de la firma a la bolsa, el avance hacia el trigo transgénico y su visión general del negocio.

CEO de Bioceres:

Hablar con Federico Trucco es hablar con una persona que maneja una visión distinta del mundo. Para él, tratar de hacer cosas que otros ya hicieron no es una opción atractiva. En su cabeza, el verdadero desafío y la verdadera oportunidad pasa por proponer soluciones que todavía no están hechas. Este bioquímico graduado de la Universidad del Estado de Luisiana está, desde 2011, al frente de Bioceres, la compañía de soluciones biotecnológicas para el agro que hizo ruido en el mercado con propuestas como el primer trigo transgénico del mundo. Es que podría decirse que la provocación, para Trucco, no es solo un slogan, sino una estrategia de negocios.

Bioceres nació en plena crisis de 2001, con el aporte de 23 socios privados. Uno de ellos, el padre de Trucco. El ahora CEO entró en la empresa en 2005, para trabajar en Indear, una de las unidades de negocio dedicada a I+D nacida como un joint venture con un laboratorio que fue adquirida en su totalidad por Bioceres en 2009.

Completó su formación con un master en Malezas y Fitopatologías de la Universidad del Estado de Colorado, un certificado en Administración de Empresas de la Universidad de Illinois e hizo su doctorado en Ciencias de Cultivos en la misma casa de estudios. Su desafío más reciente: salir a cotizar a la bolsa de Nueva York, hecho que tenían programado para 2018, pero se retrasó a causa del contexto macroeconómico que vivía el país y recién pudo concretarse en marzo de este año. Con el diario del lunes, Trucco asegura que retrasar la salida fue la mejor decisión, pero que en ese momento lo vivió como “un fracaso personal”. Las vicisitudes del momento llevaron a la empresa a recalcular su estrategia y llevaron adelante la acción a través de un reverse merger, y hoy cotizan con el ticket BIOX.

Sin embargo, como buen emprendedor, el CEO capitaliza cada experiencia. “Las crisis son momentos de aprendizaje”, asegura, una frase que también hila con los orígenes de la empresa, ideada para crear valor desde la Argentina en un momento de máxima inestabilidad. “Cuando el año pasado pasó lo que pasó, tuvimos que recalcular y terminamos haciendo la conexión de listado reverso que no estaba ni dentro de nuestros conocimientos. Todo eso lleva a un aprendizaje que al final de día te fortalece como organización y fortalece a la gente”, analiza.

El ejecutivo habla días después de haber sido distinguido como “Emprendedor del año” por Ernst & Young, premio que entrega la consultora a nivel mundial desde 1986 y que desde 2011 tiene su participación local, que ya galardonó a nombres como Hernán Kazah y Nicolás Szekasy, Marcelo Mindlin, Martín Migoya o Marcos Galperín, entre otros. Este mes aterrizó en Mónaco, donde los ganadores de más de 60 países compitieron por el título de Entrepreneur of the Year. “Sabemos que mejorar lo que otros ya hacen es una propuesta difícil. Ganarle a una compañía estadounidense tratando de hacer mejor lo que ellos ya globalizaron es quizá un desafío para algunos. Ahora, cuando uno se propone hacer cosas que otros aún no han hecho, eso tiene una propuesta de valor más atractiva”, aseguró en su discurso con el premio en sus manos.

Y, si de innovar se trata, la empresa está en pleno debate por su nuevo desarrollo, un trigo transgénico resistente a la sequía y al herbicida Prominens. El avance, ya aprobado por Senasa y Conabia (la comisión de biotecnología agropecuaria), no estuvo desligado de la polémica. Con foco en la exportación, todavía falta el visto bueno de la Secretaría de Agroindustria, pero muchos privados y el propio secretario, Luis Miguel Etchevehere, se oponen por temor a la reacción que puede generar en otros mercados, en especial, Brasil.

La empresa, que hoy tiene 150 accionistas, reportó en su balance de los últimos nueve meses ventas por US$ 110,7 millones, 9 por ciento por encima del mismo período de 2018. Por otra parte, el Ebitda ajustado para el mismo período resultó en US$ 32,6 millones, un incremento de 94 por ciento respecto de 2018, producto de un mayor margen bruto y menores gastos operativos.     

Bioceres se completa con las firmas Inmet –de soluciones de ingeniería metabólica–, Verdeca –un joint venture con Arcadia Biosciences para desarrollar tecnologías en soja–, Trigall Genetics –en asociación con Florimond Desprez y encargada del desarrollo del trigo transgénico–, Héritas –medicina de precisión–, Bioceres Semillas –su canal de comercialización de semillas–, AGBM –produce y comercializa quimosina–, Rizobacter –especialista en protección de cultivos–, Synertech – fertilizantes micro-granulados– y Chemotecnica –protección de cultivos.

Con la Argentina como principal mercado (el 75 por ciento de sus ventas son locales), exporta a países de la región –Brasil en primer lugar, pero también Paraguay, Bolivia, Uruguay y Colombia – y a otros productores de soja como los Estados Unidos, Sudáfrica, India, algunos mercados de Asia y el este europeo.

Federico Trucco, al frente de Bioceres desde 2011.

Del fracaso a la campana

Empezaron el año con la cabeza en Wall Street. ¿Qué expectativas tienen para 2019 y cómo va a repercutir la salida a la bolsa en la empresa?

Lo vemos como un año de transición entre la empresa privada que quería salir a la bolsa y la que termina listándose, en donde, por cómo se dio la transacción, hay una parte listada y otra que tiene inversiones en estadios más tempranos que quedó en el ámbito privado. Entonces, lo primero es organizar esos dos mundos que tienen lógicas distintas para que puedan seguir construyendo valor. Del lado del negocio que listamos estamos muy contentos. Poder tener una empresa listada nos da mucha más flexibilidad en las opciones para originar capital y eso es importante para mantener nuestro plan de crecimiento. Vamos a cerrar este año fiscal con un crecimiento muy significativo respecto del año anterior (casi US$ 150 millones de ventas), con un Ebitda en el orden del 25 por ciento por encima de esas ventas, y queremos triplicar eso en un período de tres a cinco años en forma orgánica. Eso requiere un acceso a capital de trabajo para mantener nuestras inversiones en curso; gran parte de nuestro crecimiento futuro depende de traer estas variedades de semillas con tolerancia a sequía que están siendo aprobadas y ahora tenemos que calar inventarios para poder tener volúmenes disponibles para los productores. De alguna manera, no estar atado a la volatilidad argentina que sigue existiendo y que nos va a afectar, un poco menos, le permite a la compañía poder mantener sus planes y sus proyecciones.

¿Ese fue el principal objetivo de salir a la bolsa? ¿Tratar de esquivar la volatilidad local?

Yo creo que sí, primero, por la constitución accionaria de la propia Bioceres donde tenés muy atomizada la propiedad. Siempre el mercado público fue algo importante, por el hecho de que nos permite resolver temas de participación accionaria de forma mucho más eficiente que en el ámbito privado. Y después, como una forma de desacoplarnos, en parte, de un mercado de capitales local que cada vez tiene más dificultades en financiar proyectos. Eso se hizo cada vez más notorio y en parte era un objetivo, más allá de la visibilidad internacional, de poder constituir una plataforma para la consolidación de otras empresas. Eso, si pensamos en crecimiento inorgánico, también puede ser interesante.

El premio es al "emprendedor del año". ¿Qué características ve en los emprendedores argentinos?

Un emprendedor es un optimista crónico, que cuando mira un escenario lo que ve no es lo que puede salir mal sino lo que puede salir bien. Está más motorizado por la ambición del crear que por el miedo a fracasar. Eso te lleva a tener que tener una actitud de sobrellevar estos fracasos que van a ir ocurriendo. El aprendizaje se genera a partir del fracaso. Yo, que vengo del lado de la ciencia, tiendo a pensar de esa manera. No celebro cada vez que me va mal, pero trato de buscar el lado positivo, ver qué lecciones me deja y cómo las capitalizo. Eso es importante porque te termina de crear valor en un escenario adverso. Y en la Argentina tenés un montón de factores que están constantemente disparándote sobre la línea de flotación, por lo cual el nivel de estímulo para desarrollar este tipo de anticuerpos es más alto que el de un emprendedor de Europa o del Norte.

¿Recuerda algún fracaso que lo haya llevado a un aprendizaje?

En el ámbito profesional, un montón. El hecho de haber tenido a 50 accionistas y miembros del equipo de Bioceres en Nueva York la primera semana de febrero del año pasado para una ceremonia de apertura de la bolsa que no terminó ocurriendo no lo puedo ver como algo que no fue un fracaso. En ese momento tenía la ilusión de concretar un sueño que no era el punto final de un camino, sino el comienzo de otra nueva etapa. Eso no ocurrió y en ese momento hice todo lo que no tenía que hacer: me enojé, traté de hacerlo de todas maneras y, al final del día, agradezco que no lo hicimos por lo que terminó siendo la capitalización de mercado de las empresas que salieron en ese momento. Por otro lado, logramos preservar el valor de nuestra acción. Eso nos llevó a ganar reputación con nuestros propios accionistas, que nos agradecieron por no haber malvendido la empresa o haber hecho la transacción por un tema más reputacional. Pero en ese momento fue un fracaso rotundo y fenomenal.

La salida de Bioceres a la Bolsa de Nueva York.

Patear el tablero

En su discurso de aceptación del premio habló de ser “provocativos”. Su propuesta de un trigo transgénico, ¿es ser provocativo?

Totalmente. Muchas veces, cuando traemos este tema al debate, lo primero que escuchamos es: “¿Cómo se les ocurre meterse con el trigo?”. Es un cultivo que se usa para la harina, con la harina se hace el pan, hay 200 millones de hectáreas a nivel mundial, no existe trigo transgénico en ningún otro lugar del mundo… y justamente por todas esas razones es que se nos ocurrió meternos. Porque si hiciésemos una soja transgénica, ya hay otros que lo lograron y tendríamos que entrar en un mercado que tiene dueños. Ahora, para mí, provocar eso en un mercado que no tiene dueños, donde venís con un elemento tecnológico disruptivo, es donde está la gran oportunidad. Termina teniendo una recompensa mucho más atractiva que los cultivos menos controversiales.

¿En qué etapa está hoy el proyecto?

A nivel local está en un momento de impasse, donde se cumplieron los 60 días que nos había propuesto el Presidente (N.d.R.: Mauricio Macri convocó a una reunión entre la empresa, Agroindustria y privados para llegar a un acuerdo por la aprobación del desarrollo) para que tratemos de lograr un entendimiento entre privados. Avanzamos en algunos puntos, en otros tenemos visiones distintas. No estamos encontrando una ventana óptima para volver con los resultados de este proceso al Presidente porque entendemos que tiene otras urgencias de coyuntura. Ha sido un proceso positivo. Mientras tanto, terminamos de presentar la solicitud de aprobación en Brasil a principios de abril. Estamos trabajando en hacer otras presentaciones en América latina y en otros de producción a nivel internacional como los Estados Unidos, Sudáfrica o Australia.

¿Piensan crecer con nuevas compras?

En algún momento es una posibilidad. Eso tiene una cuota de oportunismo, que surja una posibilidad que nos parezca que crea valor, pero no te miento si te digo que parte de la idea de listar la compañía es para que pueda actuar como plataforma de consolidación. Que otras empresas dentro del espacio puedan consolidarse.

"Vamos a cerrar el año con una facturación de casi US$ 150 millones, y queremos triplicar eso en tres a cinco años", dice Trucco, CEO de Bioceres.

Repensar el futuro

Después del trigo transgénico, ¿qué innovaciones vienen?

La misma tecnología del trigo la tenemos en soja, son dos productos que pueden explicar una parte importante de nuestro crecimiento futuro. Entre un tercio a casi el 50 por ciento de nuestro crecimiento estará vinculado en los próximos tres a cinco años a estos dos productos. En cultivos forrajeros, trabajamos en la desregulación de las primeras alfalfas transgénicas. A nivel tecnológico estamos viendo cómo este mundo de la biotecnología empieza a combinarse con el de la tecnología de la información. Hay un mundo que se llama agtech, más vinculado a apps y soluciones de inteligencia en la toma de decisiones, de seguimiento de producto, que queremos volcar a nuestros insumos. Y después empezar a transaccionar en forma digital. En el mundo de la digitalización del agro hay una lista de cosas que deberían estar pasando y que pasaron en otras industrias, que para nosotros puede generar un cambio fenomenal. Como compañía queremos estar atentos e ir incorporando estas soluciones a través de alianzas.

¿El sector en la Argentina está preparado para estas innovaciones?

El productor agropecuario argentino es uno de los más innovadores. Si percibe que hay un beneficio real, tiene un apetito casi incontenible por las nuevas tecnologías. Lo que sí, es un animal exigente que primero tiene una desconfianza natural. Pero al momento en que eso es constatado y empieza a darse el boca a boca, en la Argentina se dieron situaciones explosivas de importación de tecnología que no ocurrieron en el resto del mundo.

¿Por dónde viene el futuro del agro?

En esto no soy absolutamente objetivo, pero creo que el modelo actual ha llegado a un fin por un tema de rentabilidad. Es poco atractivo producir soja en la Argentina hoy. No es un negocio que tenga una capacidad de generación de excedentes como hace 10 años. Para nosotros, la transición en la agricultura de escala no tiene que ver con producir más toneladas por hectárea, sino con cómo podemos empezar a aprovechar la parte de la planta que hoy no aprovechamos. Eso es lo que nos puede dar un salto de productividad mucho más dramático que el aumento marginal de los rendimientos todos los años. Y para eso necesitamos un nuevo modelo industrial. Así imagino el agro del futuro: un agro que aprovecha lo que hoy se volatiliza y que lo industrializa en origen para producir mucho más, fundamentalmente con una participación en el mundo de los biomateriales. Después está la agricultura de nicho que descommoditiza las materias primas para la funcionalización de los alimentos. Estamos cada vez más preocupados por entender cómo eso que comemos afecta nuestra salud y bienestar. Si puedo, en vez de producir un trigo convencional, producir uno con bajo gluten, alta fibra, va a haber una demanda cada vez más significativa para este tipo de productos. El mundo de la alimentación se conecta con la salud y va a tender a descommoditizar algunas materias primas porque las vamos a funcionalizar.

(Publicada en la edición número 306 de la revista Apertura; junio de 2019)

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